sábado, 19 de junio de 2010

Caída libre - Capitulo X - Una lágrima en tu mejilla

Ella tenía una visión diferente a la mía. Yo quería algo estable, ella algo pasajero. Yo quería un 'sí acepto', ella un 'te veo luego'.

Regresé a casa luego de aquella tarde. Me fui caminando, ella subió al autobus. Rompí mi promesa de no fumar, así como ella rompió mi corazón. Lo prendí, lo fumé. Llené mis pulmones con todo el humo posible, y lo bote despacio. En el humo veía su rostro, podría fumar hasta no poder respirar. Sólo para ver su rostro. Pasaron 27 minutos y mi madre llamó a mi celular. No le contesté. Iba a decir que tenía ascesoria y no podía contestar. No estaba seguro de lo que había pasado.
Comencé a recordar cuando había sido la última vez que había llorado, fue cuando le compuse una canción a mi papá. La comencé a tararear y mis lágrimas comenzaron a salir, a brotar como un flor en primavera, comencé a llorar como un bebé. No tenía papel higiénico para limpiarme las lágrimas, nunca me gustó limpiarme las lágrimas.
Comencé a filosofar entre humo y lágrimas, llegué a la conclusión de que Aristóteles se había equivado. Aristóteles decía que el llorar te purificaba, te limpiaba. Y no es era así conmigo.
Me liberaba de alguna pena, pero el dolor aún quedaba. No estaba limpio del dolor, estaba embarrado de tristeza y pena. Así que si llorar no me va a quitar el dolor, para que iba a seguir llorando. Aún tenía gotas en la cara.

Sentado en aquella banca, con los ojos hinchados, los cachetes mojados, con las manos en la cabeza. La llovizna comenzó a caer. Mojaba el piso, pero no tanto como mis lagrimas. Seguía embuelto en el diván de la soledad, sin poder conversar con nadie. Sólo pasaban personas de un lado a otro, pero ninguna se acercó a preguntarme qué me pasaba. Saqué otro cigarro, y lo prendí.
No sabía en que pensar, era muy doloroso. Alguien se sentó a mi costado, no le di importancia. De pronto una voz suave me dijo: NO LLORES.
Al escuchar esas dulces palabras, voltié la mirada. Era Cielo, estaba con los ojos rojos y con papel higiénico en la manos y siguio: DEJA DE LLORAR QUE ME ESTAS CONTAGIANDO.
Yo la miré y la abracé rápidamente. Necesitaba a alguien que me escuchara, que mme dé su hombro para apoyarme, necesitaba a una amiga. Ella recibió mi abrazo.
Comencé a contarle lo que había pasado con Daniella, ella me escuchó.
Al terminar la historia ella me miró y me contó parte de su vida.
'Tu me has contado algo que ha sido difícil vivir para tí, ahora me toca a mí', dijo Cielo con esa tierna mirada que me hacía verla y no cansarme.
Me contó de que ella estaba enamorada de un chico desde hace 2 años, Andrés. Estaban juntos. Duraron un año hasta que unas amigas de Cielo, le contaron que lo había visto con una chica. Ella no lo creyó, sus amigas insistieron y ella le preguntó a Andrés. El bastardo se lo confesó con arrogancia y crueldad.
Mientras Cielo me contaba eso, sus ojos se llenaban de lágrimas, su voz se quebraba. La tomé de la mano para mostrarle mi apoyo.
También me contó que dejaron de hablarse y que exactamente hace un año Andrés le confensó su infidelidad. La abracé otra vez, y me di cuenta que una amistad nacía.
Nos levantamos y caminábamos la acompañé hasta su casa y regresé a la mía.