¿Daniella era mi enamorada? ¿Quería algo con ella? ¿Ella quería algo conmigo? ¿Por qué no podía darme una respuesta? ¿Estaba seguro que quería una relación? ¿Daniella era la indicada? ¿Me querrá como yo la quiero?
Esas preguntas rebotaban durante mucho dias en mi cabeza. No estaba seguro de lo que éramos. Luego de todo lo que habíamos pasado, ¿qué significaba?
Dos días después fui a la academia, me levanté tarde, me bañé tarde, tomé desayuno tarde, salí de mi casa tarde y llegué a la academia... tarde. Entré a la sala donde están los tardones y vi a Cielo. Me acerqué y le dije: -Oye- ella me escuchó y me respondió con un 'hola'.
- ¿Me puedo sentar a tu costado?- le pregunté, ya que había un sitio vacio al lado de ella. Ella dijo que ya.
-¿Por qué llegaste tarde?- le pregunté, como para iniciar una conversacion ya que teníamos cerca a una hora, hasta que toque el timbre y poder pasar.
- Me quedé dormida- respondió con un acento de cansancio - ¿y tu?
- También- le respondí.
De pronto, nadie decía nada, no se me ocurría que decir, que preguntar. Pasaron 3 minutos en silencio y dijo.
- Te vi bien con una chica el sábado, ¿es tu novia?- me preguntó con cierta curiosidad.
- La verdad es que ni yo lo sé- respondí levantando los hombros, ella me miró y dijo.
- ¿Qué? No te entiendo- me miró con rareza, como si algo no estuviera bien.
- No sé que somos.
- ¿No le has preguntado?- mirándome con una cara de... que tonto.
- No, la verdad, es que no sé como preguntárselo.
Derrepente, sonó el timbre. Era momento de irse. Cielo me preguntó si en el reces.o podíamos seguir conversando. Le dije que ya, que estaba bien.
Comencé mi clase de álgebra. Pasaron 2 horas y sonó el timbre del receso. Salí y fui al baño. Saliendo del baño me encontré con Cielo, tenía un paquetito de galleta sabor a naranja. Me invitó uno y nos sentamos a conversar en las escaleras.
Le conté todo lo que había pasado con Daniella. Y recordé sobre el sueño que había tenido, dónde Daniella nombraba a un chico, pero no sabía su nombre.
Cielo me aconsejó hablar con ella, aclarar las cosas. Y eso hice.
Pasó el resto del día y sonó el timbre de la hora de salida. Caminé hasta el paradero, confiado, seguro de lo que le iba a decir a Daniella. Pasaron 10 minutos, y aún no llegaba.
De pronto, la vi caminar, aún con ese ritmo cuando la vi por primera vez.
- Hola- me saludo con un beso en el cachete. Comenzamos a hablar y contarnos algunas cosas del día, cómo nos había ido y cosas así. Hasta que sentí que era tiempo de hablar del tema.
- Daniella, ¿qué somos?- le pregunté mirandola fijamente.
- Seres humanos- respondió con una sonrisa.
- No me refiero a eso, sino que somos, tu y yo. ¿Qué relación sentimental tenemos?- expresé.
Ella me miro y luego de unos 6 segundos, habló.
- ¿Qué somos? ¿Tenemos que ser algo?-
- No sé, por eso te pregunto...
- ¿Eres feliz? dime, ¿eres feliz?- me preguntaba levantando la voz.
- Si , soy feliz- le respondí algo alterado por el momento.
- Entonces, ¿cuál es el problema?- preguntó.
- El problema es que salimos a caminar, besos en la calle, besos en los ascensores. No entiendo, los amigos no hacen eso. Quiero que me digas, si somos amigos o somos más que eso.
- ¿Quieres que tenga un cartel diciendo: 'Propiedad de Thomas'? Pues si es así, estás equivocado. No soy propiedad de nadie y no dependo de nadie- dijo.
Mis manos comenzaron a sudar y mi corazón a palpitar más. Estaba alterado.
- Daniella, sólo quiero saber que somos.
- Thomas, somos dos personas que la pasan bien juntos.
- ¿Qué pretendes conmigo? ¿A donde quieres llegar con esto?- pregunté con un nudo en la garganta, pero no por la triste ni penumbra. Mi corazón seguía latiendo, y cada vez más rápido.
- No pretendo nada, Thomas. Sólo quiero pasarla genial, estar feliz.
Comprendí de qué se trataba esta historia.
domingo, 30 de mayo de 2010
martes, 18 de mayo de 2010
Caída libre - Capitulo VIII - ¿Qué me ha hecho?
Era una tarde gris. Hechado en mi cama, recordando esos momentos con Daniella. Pensaba en ella, pensaba en aquel beso que hizo estremecerme, que me hizo levitar, llegar a las nubes. No sabía porqué no había estado en el paradero como siempre. Quizá no fue a estudiar o quizá ya estaba aburrida de mí.
Escuchaba canciones de una estación de radio donde sólo ponían temas románticos, baladas.
Cogí mi guitarra y comencé a tocar algunos acordes, comenzó a sonar una melodía bonita. Seguí con la melodía y me paré a coger mi cuaderno de canciones. Lo abrí y comencé a tocar canciones que ya había escrito, y las empecé a tocar y cantar. Seguí así hasta que ya no tenía más canciones para cantar. Volví a tocar aquella melodía bonita y cogí mi bolígrafo. Comencé a escribir unas palabra relacionadas con los sucesos del día de hoy.
'Yo te encontré sin buscarte, yo me ilusioné sin estar en el paraiso. Yo pensándote hasta cuando duermo, tu durmiendo y pensando en mí...'
De pronto, mi teléfono celular comenzó a sonar. Era un mensaje, no sabía de quien era. Decía:
'Hola, estaba llendo al paradero para ver si estabas, pero te vi con una chica, así que no me acerqué. Ojalá te encuentre mañana, un beso. Daniella.'
Rápidamente, como un chico ilusionado, corrí y cogí el celular de mi hermano y le respondí. Le pregunté si quería salir conmigo. Ella respondió con un: PERO ESPERO QUE NO VAYA TU AMIGUITA. Me dio mucha risa leer ese mensaje, estaba celosa.
Llegó el sábado, eran las 5 de la tarde. Habíamos quedado en vernos a las 6 en el parque Kennedy, en Miraflores. Era mi segunda cita con Daniella, tenía que ser especial. Separé mi ropa, tenía que verme bien. Cogí un jean azul oscuro, zapatillas blancas con negras, un polo celeste, mi saco negro y una pashmina morada. Me bañé y partí hacía Miraflores. Quedamos que el que llegaba tarde invitaba algo a la otra persona. Y como yo no tenía mucho dinero, salí temprano de mi casa. Llegué al parque Kennedy a las 5:55 de la tarde. Caminé hasta un puesto de una señora que vendía cigarrillos y compré un caramelo de menta (prometí ya no fumar). Eran las 6 y Daniella no llegaba, pasaron 7 minutos y aparecio. Caminaba con un compás impresionante, tenía un ritmo en particular. Caminó hacia mí y me dió un beso en el cachete. Me preguntó como estaba, que había hecho en el día. Nos sentamos en una banca del gran parque y comenzamos a conversar. Me contó sobre sus temores, sus amistades. Y nombró a una persona, que yo también conocía. Los temas de conversación sobraban. Le comenté que tenía frio y que quería un café, me preguntó si quería uno. Yo moví la cabeza de arriba hacia abajo como aceptando la invitación. Caminanos hasta un lugar donde vendían cafeés, entramos y sacó de su bolsillo un billete y me dijo:
- Toma.
Yo la miré.
- ¿Perdón?- dije como si algo pasara.
- Coge el dinero y cómprate tu café- dijo.
- Tú me vas a invitar, tú vas hacer la colita, tú lo vas a compras, tú lo vas a recoger y me lo entragas, si?- dije.
- Está bien, está bien.
Esperé 10 minutos y Daniella me trajo el café. Lo recibí, se lo agradecí y caminamos hacia la salida, pero cogí un sorvete para que ella también pudiese tomar un poco.
Seguíamos caminando y me pregunto.
- ¿Has ido al Coney?- preguntó.
- Claro que sí- le respondí.
- ¿Has jugado el 'juego del monito'?
Nunca había jugado eso, así que le dije que no. Me miro con una cara muy extraña. 'Ven vamos a jugar'- me dijo. Yo acepte y caminamos hasta el Coney, una sala de videojuegos.
Vimos los juegos, y encontramos al del 'mono'. Era una máquina de 2 metros, con una cara de GORILA, no monito.
- Daniella, ¿cómo es el juego?- pregunté, un poco preocupado.
- Tienes que poner tus manos en las manijas y soportar la electricidad- dijo sin ninguna preocupación.
- ¿Electricidad?- pregunté, un poco más, asustado- por seacaso sufro de problemas cardiacos, así que si muero, pesará en tu conciencia.
- Thomas, no hables asi. No pasará nada, creo- respondió la bella chica que una sonrisa en el rostro.
Caminamos hacia la caja registradora para comprar las fichas. Compramos 4, 2 para el juego 'del monito' y, las otras dos; para el hockey de mesa. Fuimos al juego 'del monito' y me dijo que ponga las manos. Yo las puse y ella puso las suyas encima mío. Comenzó el juego y las vibraciones también, sentía que mis manos se adorecían, pero podía soportarlo. Aumentaba la velocidad y comencé a sentir un dolor minúsculo en el pecho, pero no le di importancia. No podía sacar las mano, no podía dejar que vea que me rendía, las vibraciones comenzaron a adormecer mis manos y el corazón commenzó a latir más fuerte (el problema conmigo es que, mi corazón es muy grande para mi pecho). Unos segundo después, acabó el juego. Sus manos y las mías estaban un poco adormecidas. Las tomé y nos miramos, de pronto salieron los tickets para poder tener algún premio. Pero no alcanzaba.
- ¿Lista para perder?- le pregunté acercándome a la mesa de hockey y con una sonrisa pícara y retadora.
- No, tú vas a perder- dijo Daniella, con mucho seguridad.
Metí las fichas y salió el puck, el disco. Y comenzamos a jugar, le gané 4 a 3.
Cuando acabó el juego, dijo: LA REVANCHA. La miré y le respondí: CON GUSTO TE GANARÉ OTRA VEZ.
Compramos 2 fichas más pero jugamos en la mesa más grande. Comenzamos a jugar. Iba ganando 2 a 0. Decidí dejar que me gane. Me ganó 3 a 2 se veía un poco molesta, por dejarme ganar. Nos apoyamos en la mesa de hockey y al frente de nosotros, estaba un juego de Rambo(muy romántico). 'Vamos a caminar' -dijo Daniella- acá hace calor.
Salimos del lugar y afuera de la sala, hacía frio. Caminamos hacia el centro del parque Kennedy, y había una banda tocando y había gente bailando. Subimos a una banca para poder ver a la banda y a las personas bailar. Daniella me contó que ella quería aprender a bailar salsa pero nunca le enseñaron. De pronto, le cogí la mano, y la jalé.
- La salsa consta de 3 tiempos, uno, dos, tres, uno, dos, tres, uno, dos, tres- le dije moviendo mis pies, estaba enseñándole a bailar.
Comenzamos a bailar, parecía robot. Se veía linda. Después de cerca 10 minutos, paramos. Aún nuestras manos seguían juntas, cruzó sus manos (con las mías) sobre su cintura. Estabamos abrazados. Seguíamos conversando, pero más despacio y susurrando. De pronto, un joven de seguridad se acercó a nosotros y nos pidió que bajaramos de la banca. Le hicimos caso, y seguimos caminando. Pasamos por una librería y entramos, había un lobby para niños, entramos y nos sentamos y cogimos un libro y comenzamos a leerlo y conversar. Mi celular sonó, era mi hermano, preguntándome a que hora llegaría a casa, le dije que en una hora. Colgué y sonó el teléfono de Daniella, aún con el sonido de Bob Esponja, cuando la vi por primera vez. Era su mamá preguntándole a que hora llegaría. Daniella le respondió que en una hora también.
Caminamos hasta llegar al paradero, el autobus llegó y subimos los dos. Comenzamos a conversar en el buss, pasaron 30 minutos y Daniella dijo que bajaba en el siguiente paradero. Me ofrecí a acompañarla, ella aceptó. Bajamos y le pregunté por donde era, ella dijo que dos cuadras a la derecha. Caminamos y contabamos anécdotas de pelear acerca de los pasajes del autobus. Caminamos las 2 cuadras, y llegamos. Era un edificio nuevo. Entramos al edificio y estabaos en el lobby, al frente del ascensor. Daniella apretó el botón y el ascensor bajó. Le pregunté en que piso vivía, ella dijo qe ocho. Entonces, me acerqué y quería besarla, y lo hice, pero en el cachete. La miré y le dije: ABRAZO, y sonrió y nos abrazamos. 'Cuidate mucho'- dijo entrando al ascensor. La puerta del ascensor seguía abierta. Nos miramos y seguíamos mirándonos, se dio cuenta que no había apretado el botón para que suba el ascensor, y lo hizo. Hubo un sonido y la puerta del ascensor comenzó a cerrarse, y ya no la pude ver. Se cerro completamente, y apreté el botón del piso donde me encontraba, se volvió a abrir la puerta del ascensor, entre cogí el cuello (de bajo de las orejas) de Daniella con mis manos y bajé la cabeza un poco y nos besamos, yo la besé. El ascensor comenzó a subir y recordé porqué no me gustaban los ascensores, pero no tendría miedo, estaba con Daniella. Llegamos al piso número 8 y sonó un timbre indicando que ya llegamos, estuvimos frente a frente, nariz con nariz. Para romper el hielo, le dije que su nariz estaba fría. Me dijo 'Chau, Thomas'. Baje por las escaleras, no puedo estar en ascensores, mi corazón sufre. Salí del edificio. Y caminé hacia mi casa, fueron las 7 cuadras más felices.
Llegué a mi casa, entré a mi cuarto y terminé de componer la canción de hace unos días.
Escuchaba canciones de una estación de radio donde sólo ponían temas románticos, baladas.
Cogí mi guitarra y comencé a tocar algunos acordes, comenzó a sonar una melodía bonita. Seguí con la melodía y me paré a coger mi cuaderno de canciones. Lo abrí y comencé a tocar canciones que ya había escrito, y las empecé a tocar y cantar. Seguí así hasta que ya no tenía más canciones para cantar. Volví a tocar aquella melodía bonita y cogí mi bolígrafo. Comencé a escribir unas palabra relacionadas con los sucesos del día de hoy.
'Yo te encontré sin buscarte, yo me ilusioné sin estar en el paraiso. Yo pensándote hasta cuando duermo, tu durmiendo y pensando en mí...'
De pronto, mi teléfono celular comenzó a sonar. Era un mensaje, no sabía de quien era. Decía:
'Hola, estaba llendo al paradero para ver si estabas, pero te vi con una chica, así que no me acerqué. Ojalá te encuentre mañana, un beso. Daniella.'
Rápidamente, como un chico ilusionado, corrí y cogí el celular de mi hermano y le respondí. Le pregunté si quería salir conmigo. Ella respondió con un: PERO ESPERO QUE NO VAYA TU AMIGUITA. Me dio mucha risa leer ese mensaje, estaba celosa.
Llegó el sábado, eran las 5 de la tarde. Habíamos quedado en vernos a las 6 en el parque Kennedy, en Miraflores. Era mi segunda cita con Daniella, tenía que ser especial. Separé mi ropa, tenía que verme bien. Cogí un jean azul oscuro, zapatillas blancas con negras, un polo celeste, mi saco negro y una pashmina morada. Me bañé y partí hacía Miraflores. Quedamos que el que llegaba tarde invitaba algo a la otra persona. Y como yo no tenía mucho dinero, salí temprano de mi casa. Llegué al parque Kennedy a las 5:55 de la tarde. Caminé hasta un puesto de una señora que vendía cigarrillos y compré un caramelo de menta (prometí ya no fumar). Eran las 6 y Daniella no llegaba, pasaron 7 minutos y aparecio. Caminaba con un compás impresionante, tenía un ritmo en particular. Caminó hacia mí y me dió un beso en el cachete. Me preguntó como estaba, que había hecho en el día. Nos sentamos en una banca del gran parque y comenzamos a conversar. Me contó sobre sus temores, sus amistades. Y nombró a una persona, que yo también conocía. Los temas de conversación sobraban. Le comenté que tenía frio y que quería un café, me preguntó si quería uno. Yo moví la cabeza de arriba hacia abajo como aceptando la invitación. Caminanos hasta un lugar donde vendían cafeés, entramos y sacó de su bolsillo un billete y me dijo:
- Toma.
Yo la miré.
- ¿Perdón?- dije como si algo pasara.
- Coge el dinero y cómprate tu café- dijo.
- Tú me vas a invitar, tú vas hacer la colita, tú lo vas a compras, tú lo vas a recoger y me lo entragas, si?- dije.
- Está bien, está bien.
Esperé 10 minutos y Daniella me trajo el café. Lo recibí, se lo agradecí y caminamos hacia la salida, pero cogí un sorvete para que ella también pudiese tomar un poco.
Seguíamos caminando y me pregunto.
- ¿Has ido al Coney?- preguntó.
- Claro que sí- le respondí.
- ¿Has jugado el 'juego del monito'?
Nunca había jugado eso, así que le dije que no. Me miro con una cara muy extraña. 'Ven vamos a jugar'- me dijo. Yo acepte y caminamos hasta el Coney, una sala de videojuegos.
Vimos los juegos, y encontramos al del 'mono'. Era una máquina de 2 metros, con una cara de GORILA, no monito.
- Daniella, ¿cómo es el juego?- pregunté, un poco preocupado.
- Tienes que poner tus manos en las manijas y soportar la electricidad- dijo sin ninguna preocupación.
- ¿Electricidad?- pregunté, un poco más, asustado- por seacaso sufro de problemas cardiacos, así que si muero, pesará en tu conciencia.
- Thomas, no hables asi. No pasará nada, creo- respondió la bella chica que una sonrisa en el rostro.
Caminamos hacia la caja registradora para comprar las fichas. Compramos 4, 2 para el juego 'del monito' y, las otras dos; para el hockey de mesa. Fuimos al juego 'del monito' y me dijo que ponga las manos. Yo las puse y ella puso las suyas encima mío. Comenzó el juego y las vibraciones también, sentía que mis manos se adorecían, pero podía soportarlo. Aumentaba la velocidad y comencé a sentir un dolor minúsculo en el pecho, pero no le di importancia. No podía sacar las mano, no podía dejar que vea que me rendía, las vibraciones comenzaron a adormecer mis manos y el corazón commenzó a latir más fuerte (el problema conmigo es que, mi corazón es muy grande para mi pecho). Unos segundo después, acabó el juego. Sus manos y las mías estaban un poco adormecidas. Las tomé y nos miramos, de pronto salieron los tickets para poder tener algún premio. Pero no alcanzaba.
- ¿Lista para perder?- le pregunté acercándome a la mesa de hockey y con una sonrisa pícara y retadora.
- No, tú vas a perder- dijo Daniella, con mucho seguridad.
Metí las fichas y salió el puck, el disco. Y comenzamos a jugar, le gané 4 a 3.
Cuando acabó el juego, dijo: LA REVANCHA. La miré y le respondí: CON GUSTO TE GANARÉ OTRA VEZ.
Compramos 2 fichas más pero jugamos en la mesa más grande. Comenzamos a jugar. Iba ganando 2 a 0. Decidí dejar que me gane. Me ganó 3 a 2 se veía un poco molesta, por dejarme ganar. Nos apoyamos en la mesa de hockey y al frente de nosotros, estaba un juego de Rambo(muy romántico). 'Vamos a caminar' -dijo Daniella- acá hace calor.
Salimos del lugar y afuera de la sala, hacía frio. Caminamos hacia el centro del parque Kennedy, y había una banda tocando y había gente bailando. Subimos a una banca para poder ver a la banda y a las personas bailar. Daniella me contó que ella quería aprender a bailar salsa pero nunca le enseñaron. De pronto, le cogí la mano, y la jalé.
- La salsa consta de 3 tiempos, uno, dos, tres, uno, dos, tres, uno, dos, tres- le dije moviendo mis pies, estaba enseñándole a bailar.
Comenzamos a bailar, parecía robot. Se veía linda. Después de cerca 10 minutos, paramos. Aún nuestras manos seguían juntas, cruzó sus manos (con las mías) sobre su cintura. Estabamos abrazados. Seguíamos conversando, pero más despacio y susurrando. De pronto, un joven de seguridad se acercó a nosotros y nos pidió que bajaramos de la banca. Le hicimos caso, y seguimos caminando. Pasamos por una librería y entramos, había un lobby para niños, entramos y nos sentamos y cogimos un libro y comenzamos a leerlo y conversar. Mi celular sonó, era mi hermano, preguntándome a que hora llegaría a casa, le dije que en una hora. Colgué y sonó el teléfono de Daniella, aún con el sonido de Bob Esponja, cuando la vi por primera vez. Era su mamá preguntándole a que hora llegaría. Daniella le respondió que en una hora también.
Caminamos hasta llegar al paradero, el autobus llegó y subimos los dos. Comenzamos a conversar en el buss, pasaron 30 minutos y Daniella dijo que bajaba en el siguiente paradero. Me ofrecí a acompañarla, ella aceptó. Bajamos y le pregunté por donde era, ella dijo que dos cuadras a la derecha. Caminamos y contabamos anécdotas de pelear acerca de los pasajes del autobus. Caminamos las 2 cuadras, y llegamos. Era un edificio nuevo. Entramos al edificio y estabaos en el lobby, al frente del ascensor. Daniella apretó el botón y el ascensor bajó. Le pregunté en que piso vivía, ella dijo qe ocho. Entonces, me acerqué y quería besarla, y lo hice, pero en el cachete. La miré y le dije: ABRAZO, y sonrió y nos abrazamos. 'Cuidate mucho'- dijo entrando al ascensor. La puerta del ascensor seguía abierta. Nos miramos y seguíamos mirándonos, se dio cuenta que no había apretado el botón para que suba el ascensor, y lo hizo. Hubo un sonido y la puerta del ascensor comenzó a cerrarse, y ya no la pude ver. Se cerro completamente, y apreté el botón del piso donde me encontraba, se volvió a abrir la puerta del ascensor, entre cogí el cuello (de bajo de las orejas) de Daniella con mis manos y bajé la cabeza un poco y nos besamos, yo la besé. El ascensor comenzó a subir y recordé porqué no me gustaban los ascensores, pero no tendría miedo, estaba con Daniella. Llegamos al piso número 8 y sonó un timbre indicando que ya llegamos, estuvimos frente a frente, nariz con nariz. Para romper el hielo, le dije que su nariz estaba fría. Me dijo 'Chau, Thomas'. Baje por las escaleras, no puedo estar en ascensores, mi corazón sufre. Salí del edificio. Y caminé hacia mi casa, fueron las 7 cuadras más felices.
Llegué a mi casa, entré a mi cuarto y terminé de componer la canción de hace unos días.
martes, 11 de mayo de 2010
Caída libre - Capitulo VII - Porque cantando se alegra Cielito, lindo los corazones.
Me levanté tarde, aún pensativo con aquel sueño. Entré al baño a darme una ducha, a relajarme unos minutos con el agua caliente callendo a mi espalda. Me puse mi ropa apuradamente, zapatillas blancas, jean azul oscuro, una camiza de cuadros con un polo blanco adentro. Cogí mis cosas y salí a la carrera. Tomé un taxi y fui a la academia. Llegué y el coordinador estaba en la puerta y me dijo que ya era tarde, le rogué para que me dejace entrar, pero el siguió firme con su decisión. Entré a la habitación dónde esperan los que llegaron tarde hasta que termine la primera hora de clase, para poder pasar. Estaba fastidiado, era mi 3ra tardanza en un mes. Me senté y saqué mi guía de letras y comencé a leer, a estudiar. Tenía que aprovechar la hora.
Leía entretenidamente un texto sobre, cómo los pinguinos machos soportan las gélidas temperaturas empollando a sus huevos, y de pronto, una chica entró a aquella habitación, húmeda y silenciosa. Se sentó a dos sillas a la derecha de donde yo estaba, se notaba que también estaba fastidiada.
Ella también sacó su libro y comenzó a leer. Por lo que pude notar, se llamaba Andrea Rodríguez. Era una chica de piel blanca, ojos de color marrón claro, cabello castaño hasta los hombros, delgada, con un lunar cerca a su nariz (le queda hermozísimo). Como para hacerme notar le pregunté qué hora tenía, pero me miró, luego cambió su mirada a su brazo y dijo: '¿Acaso tengo reloj?' y siguió viendo su libro. Yo me quedé estático, estaba completamente seguro que me hice notar. No le di importancia y seguí leyendo. El coordinador entró y dijo que ya podíamos ir a nuestros salones. Las 6 personas que estábamos ahí, hicimos caso a lo que dijo y nos fuimos rápidamente. Pasaron las 8 horas de estudio y sonó el timbre de salida, bajé las escaleras y vi aquella chica que me mandó a rodar, sólo por preguntarle qué hora tenía. Seguí caminando y aquella chica comenzó a decir.
- Amigo, joven- sabía que se dirigía a mí, pero no hacía caso (me choteó bien feo, ¿qué hago?).
Seguí caminando dando caso omizo a la chica. Sentí que corrió, y me tocó el hombro y voltié.
- Hola- le dije volviendo a caminar.
- Espera, por favor- dijo. Al escuchar el 'por favor', paré y volví a voltear.
- ¿Qué sucede?- le pregunté como si nada hubiese pasado.
- Quería disculparme por la manera de cómo te traté hoy dia en la mañana- dijo con una voz dulce y arrepentida.
- Ahmm, no- le dije serio y con una pisca de amargura.
- ¿Qué?- sobresaltó un poco, algo confundida- bueno, ya me disculpé, si quieres ser un inmaduro... eso depende de ti.
De pronto, aquella chica se dio media vuelta y comenzó a caminar. Estando a 3 metros de la puerta de la academia, grité:
- ¡Qué resentida eres!
Ella voltió y grito:
- ¡Todavía qué me disculpo y te botas!
Me acerqué a ella y dije:
- Hay que hablar un poco bajo porque toda la gente nos está viendo. Y no me boto, era broma- dije susurrando.
- Hay que chistoso- dijo susurrando y con mucho sarcasmo.
- Thomas- dije extendiendo mi brazo y mi mano abierta, como para darle la mano.
- Cielo- respondió cogiendo mi mano y balanceándose de arriba a abajo.
Derrepente, como un rayo, se me vino a la mente Daniella. Le dije a Cielo (por cierto, qué bello nombre) que tenía que irme. Ella entendió y dijo que también tenía que irse. Entonces, aceleré el paso hasta llegar al paradero.
Luego de 3 minutos, llegué. No había nadie. Espere y esperé y Daniella, no aparecía. Entonces decidí irme. De pronto, alguien me tocó el hombro. Podía ser Daniella, al fín la vería después de 3 días, voltié rápidamente con una sonrisa inmenza, pero no era Daniella, era Cielo.
- Tu no eres Daniella- dije sacando la sonrisa de mi cara.
- No, soy Cielo, ya te lo había dicho, ¿verdad?- dijo.
- Si si, estaba esperando a un amiga- le dije aún algo desilusionado.
- Yo tomó el autobus aquí.
- Yo también, pero creo que esperaré a Daniella.
Parado ahí, en ese lugar, sonó mi celular, era mi madre. Contesté y me dijo que llegará a casa temprano porque quería que la ayudara en algo. Entonces, decidí subir al autobus y ya no esperar a Daniella. Llegó el gran bus y subí con Cielo. Ella se sentó en la parte de adelante y yo en la parte de atrás. Pasaron unos 10 minutos, y faltaban dos paraderos para llegar al mío. De pronto ví que bajó Cielo. Suponía que vivía a un paradero antes que yo. Bajé del autobus y me dirigí a mi hogar con una dulce tristeza. Conocí a una chica bellízima pero no ví a la que robo mi corazón.
Leía entretenidamente un texto sobre, cómo los pinguinos machos soportan las gélidas temperaturas empollando a sus huevos, y de pronto, una chica entró a aquella habitación, húmeda y silenciosa. Se sentó a dos sillas a la derecha de donde yo estaba, se notaba que también estaba fastidiada.
Ella también sacó su libro y comenzó a leer. Por lo que pude notar, se llamaba Andrea Rodríguez. Era una chica de piel blanca, ojos de color marrón claro, cabello castaño hasta los hombros, delgada, con un lunar cerca a su nariz (le queda hermozísimo). Como para hacerme notar le pregunté qué hora tenía, pero me miró, luego cambió su mirada a su brazo y dijo: '¿Acaso tengo reloj?' y siguió viendo su libro. Yo me quedé estático, estaba completamente seguro que me hice notar. No le di importancia y seguí leyendo. El coordinador entró y dijo que ya podíamos ir a nuestros salones. Las 6 personas que estábamos ahí, hicimos caso a lo que dijo y nos fuimos rápidamente. Pasaron las 8 horas de estudio y sonó el timbre de salida, bajé las escaleras y vi aquella chica que me mandó a rodar, sólo por preguntarle qué hora tenía. Seguí caminando y aquella chica comenzó a decir.
- Amigo, joven- sabía que se dirigía a mí, pero no hacía caso (me choteó bien feo, ¿qué hago?).
Seguí caminando dando caso omizo a la chica. Sentí que corrió, y me tocó el hombro y voltié.
- Hola- le dije volviendo a caminar.
- Espera, por favor- dijo. Al escuchar el 'por favor', paré y volví a voltear.
- ¿Qué sucede?- le pregunté como si nada hubiese pasado.
- Quería disculparme por la manera de cómo te traté hoy dia en la mañana- dijo con una voz dulce y arrepentida.
- Ahmm, no- le dije serio y con una pisca de amargura.
- ¿Qué?- sobresaltó un poco, algo confundida- bueno, ya me disculpé, si quieres ser un inmaduro... eso depende de ti.
De pronto, aquella chica se dio media vuelta y comenzó a caminar. Estando a 3 metros de la puerta de la academia, grité:
- ¡Qué resentida eres!
Ella voltió y grito:
- ¡Todavía qué me disculpo y te botas!
Me acerqué a ella y dije:
- Hay que hablar un poco bajo porque toda la gente nos está viendo. Y no me boto, era broma- dije susurrando.
- Hay que chistoso- dijo susurrando y con mucho sarcasmo.
- Thomas- dije extendiendo mi brazo y mi mano abierta, como para darle la mano.
- Cielo- respondió cogiendo mi mano y balanceándose de arriba a abajo.
Derrepente, como un rayo, se me vino a la mente Daniella. Le dije a Cielo (por cierto, qué bello nombre) que tenía que irme. Ella entendió y dijo que también tenía que irse. Entonces, aceleré el paso hasta llegar al paradero.
Luego de 3 minutos, llegué. No había nadie. Espere y esperé y Daniella, no aparecía. Entonces decidí irme. De pronto, alguien me tocó el hombro. Podía ser Daniella, al fín la vería después de 3 días, voltié rápidamente con una sonrisa inmenza, pero no era Daniella, era Cielo.
- Tu no eres Daniella- dije sacando la sonrisa de mi cara.
- No, soy Cielo, ya te lo había dicho, ¿verdad?- dijo.
- Si si, estaba esperando a un amiga- le dije aún algo desilusionado.
- Yo tomó el autobus aquí.
- Yo también, pero creo que esperaré a Daniella.
Parado ahí, en ese lugar, sonó mi celular, era mi madre. Contesté y me dijo que llegará a casa temprano porque quería que la ayudara en algo. Entonces, decidí subir al autobus y ya no esperar a Daniella. Llegó el gran bus y subí con Cielo. Ella se sentó en la parte de adelante y yo en la parte de atrás. Pasaron unos 10 minutos, y faltaban dos paraderos para llegar al mío. De pronto ví que bajó Cielo. Suponía que vivía a un paradero antes que yo. Bajé del autobus y me dirigí a mi hogar con una dulce tristeza. Conocí a una chica bellízima pero no ví a la que robo mi corazón.
viernes, 7 de mayo de 2010
Caída libre - Capitulo VI - A gritos de esperanza
[1]
Estaba en el aula de mi academia. Con todos mis compañeros, era la hora de recreo. Estaba pintando la pizarra con tizas, ponía mim nombre. Derrepente se me dió por cantar mientras pintaba en la pizarra. 'Discúlpame, quiero saber tu nombre. Es tu decisión si no quieres decirme, pero cuando te vi, pense que senti un deja vu de una historia de amor sin fin'. Derrepente, escuché una voz como la de un ángel que me pedía: 'canta otra canción, por favor'. Voltié para ver de quién se trataba, era Daniella. La miré y sólo canté. 'Y así es mi amor, transparente y sincero, y suave como el otoño Y así es mi amor, serás la reyna en la sima y la dulsura en mi vida'. Hubiero 2 segundos de silencio. Ella dijo: 'Canta otra'. Me acerqué a ella... 'A pesar que la luna no brille, mañana dará igual sólo verte reir es lo qe me hace feliz...'
Daniella me abrazó con fuerza. Yo no sabía qe decir, seguía cantando. 'Y es verdad, que una mirada distinta o algún gesto más frío se clava en mi pecho, dibaga del desconcierto, pero amor, ahí está la magia'. Daniella se aferraba con más fuerza.
- Daniella, ¿está todo bi..?
- Sigue cantando, por favor- me cortó, su voz se sentía sin fuerzas.
- Pero, Daniella...
- Por favor...- ésta vez lo dijo llorando.
Yo no sabía que hacer, no entendía qué pasaba, por qué estaba actuando de esa manera.
'Ahora que te veo niña, ya te echo de menos. No imagino mis heridas si algún día te vas lejos.'
Parecía que su rostro estaba pegado a mi pecho, sentía como las lágrimas mojaban mi polo. Entre susurros repetía un nombre, pero no llegaba a entenderlo. A...es, an...es, a...d...s. No lograba entender. Me acosté en mi hombro y podía ver su rostro. Estaba asustada, con miedo, aferrada a mí como un imán. Me asusté.
- Daniella, Daniella- repetía su nombre constantemente, pero ella no quería escuchar.
Llegué a mi casa con una gran sonrisa en el rostro, con un brillo en los ojos y con una felicidad interna, que también se reflejaba por afuera. Eran las primeras horas del siguiente día al de la fiesta, la luna se posaba en la ventana de mi cuarto. Me saqué la camisa azul, el jean, las zapatillas y las medias. Me acosté en mi cama, estaba solamente con mi bvd. Comencé a pensar en las cosas que habían sucedido en esas horas, comencé a pensar en Daniella. Me quedé dormido.
[1]
Abrí los ojos. Vi el techo azul de mi cuarto, miré mi teléfono celular y eran las 4:23 de la mañana. respiré profundamente, asimilé el sueño. Me paré por un vaso con agua y volví a la cama. Pero no podía dormir. El sueño seguía plasmado en mi cabeza. Volví a concentrarme en mi respiración, relajé mis hombros, mis brazos y quedé dormido.
Estaba en el aula de mi academia. Con todos mis compañeros, era la hora de recreo. Estaba pintando la pizarra con tizas, ponía mim nombre. Derrepente se me dió por cantar mientras pintaba en la pizarra. 'Discúlpame, quiero saber tu nombre. Es tu decisión si no quieres decirme, pero cuando te vi, pense que senti un deja vu de una historia de amor sin fin'. Derrepente, escuché una voz como la de un ángel que me pedía: 'canta otra canción, por favor'. Voltié para ver de quién se trataba, era Daniella. La miré y sólo canté. 'Y así es mi amor, transparente y sincero, y suave como el otoño Y así es mi amor, serás la reyna en la sima y la dulsura en mi vida'. Hubiero 2 segundos de silencio. Ella dijo: 'Canta otra'. Me acerqué a ella... 'A pesar que la luna no brille, mañana dará igual sólo verte reir es lo qe me hace feliz...'
Daniella me abrazó con fuerza. Yo no sabía qe decir, seguía cantando. 'Y es verdad, que una mirada distinta o algún gesto más frío se clava en mi pecho, dibaga del desconcierto, pero amor, ahí está la magia'. Daniella se aferraba con más fuerza.
- Daniella, ¿está todo bi..?
- Sigue cantando, por favor- me cortó, su voz se sentía sin fuerzas.
- Pero, Daniella...
- Por favor...- ésta vez lo dijo llorando.
Yo no sabía que hacer, no entendía qué pasaba, por qué estaba actuando de esa manera.
'Ahora que te veo niña, ya te echo de menos. No imagino mis heridas si algún día te vas lejos.'
Parecía que su rostro estaba pegado a mi pecho, sentía como las lágrimas mojaban mi polo. Entre susurros repetía un nombre, pero no llegaba a entenderlo. A...es, an...es, a...d...s. No lograba entender. Me acosté en mi hombro y podía ver su rostro. Estaba asustada, con miedo, aferrada a mí como un imán. Me asusté.
- Daniella, Daniella- repetía su nombre constantemente, pero ella no quería escuchar.
Llegué a mi casa con una gran sonrisa en el rostro, con un brillo en los ojos y con una felicidad interna, que también se reflejaba por afuera. Eran las primeras horas del siguiente día al de la fiesta, la luna se posaba en la ventana de mi cuarto. Me saqué la camisa azul, el jean, las zapatillas y las medias. Me acosté en mi cama, estaba solamente con mi bvd. Comencé a pensar en las cosas que habían sucedido en esas horas, comencé a pensar en Daniella. Me quedé dormido.
[1]
Abrí los ojos. Vi el techo azul de mi cuarto, miré mi teléfono celular y eran las 4:23 de la mañana. respiré profundamente, asimilé el sueño. Me paré por un vaso con agua y volví a la cama. Pero no podía dormir. El sueño seguía plasmado en mi cabeza. Volví a concentrarme en mi respiración, relajé mis hombros, mis brazos y quedé dormido.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)