jueves, 5 de agosto de 2010

Sin daños a terceros- Capitulo VI- Vez primera

Esperé 40 minutos hasta sentir que mi pierna estaba más libre. Tomeé mi navaja suiza que me regaló mi padre antes de morir y comencé a cortar el cilindro de yeso. Seguía y seguía, me inqué un par de veces pero no fue para más. Acabé, el yeso cayó lentamente sobre el agua y podía ver mi canilla. Estaba blanca como si nunca se hubiera bronceado, mis vellos habían crecido y tenía un desnivel en la zona afectada. Me paré y sentí un pequeño dolor en la canilla. Comencé a caminar pero me tambaleaba por el dolor, seguí caminando en círculos en el baño. Podía aguantar el dolor. Estaba en el segundo piso de la casa de mis abuelos. Entré al cuarto de mi tío, dónde había una ventana grande, me asomé y vi el árbol que habia en la entrada de la casa. Quería saltar pero tenía miedo. Recordí que los 4 años juntos a Sofía no iban a perderse sin intentar todo lo posible. Salté, sin hacer mucho ruido, caí al árbol justo como pense. Rodé por la copa y caí al pasto. No solté ni un gemido pero me dolió tanto como una patada en las gónadas. Me arrastré sobre el pasto y llegué a la vereda. Me paré y caminé hacia la avenida (la casa de mi abuela era en un calle). Extendí mi brazo para que algún taxi parase, uno paro pero no tenía placa en la puerta, ni las luces de peligro y tenía sólo un sticker que decía 'taxi'. Detrás de ese carro cual dueño podría ser un ladrón, violador o un pobre hombre que quiere ganarse la vida, habia otro carro, amarillo, con la placa en la puerta, con las luces de peligro y con un triángulo tridimensional delante de la baca del carro que decía 'taxi'. Me acerqué a la ventana del copiloto y le pregunté cuanto me cobraba hasta la casa de Sofía. El precio me pareció razonable así que subí al móvil, con dificultades por el dolor, y partimos. Pasaron 10 minutos aproximadamente en el carro hasta que le dije al taxista que entrara por unas calles. Sofía vivía en una casa de dos pisos, de color crema, con una reja negra, tenía un jardín que se podía ver desde la pista.
- Déjeme en esa esquina, porfavor- le dije al taxista- y tome, cóbrese- seguí, dándole el dinero en la mano.
Bajé del auto, también con dificultad por el dolor, y caminé hasta la puerta de su casa. Al mirar el timbre recordé la primera vez que lo toque.
[...]

- Si? A quién busca?- dijo alguien desde la puerta al escuchar el sonido del timbre.

- Buenas tardes, se encuentra Sofía?- pregunté.

- A ver, un ratito- dijo la persona que me recibió.

Pasaron unos segundos y sonó mi celular, era un mensaje de Sofía diciéndome que ya estaba bajando. La puerta que estaba junta se abrió y salió Sofía.

- Hola- me dijo caminando unos metros hasta llegar a la reja.

- Hola-respondí- ya nos vamos?- pregunté.

- Pasa un rato, que tengo que hacer algo- me dijo cerrando la reja.

Ya estaba al costado del jardín, Sofía me tocó la espalda y como que me empujaba unpoquito para entrar a su casa.

- Me da verguenza- le dije sintiendo como mi cara se ponía roja.

- No hay nadie, pasa, pasa- dijo.

- Siéntate- impero cerrando la puerta.

Me senté y subió las escaleras con rapidez. De pronto, escuché un ladrido. Me paralicé, me asusté. Vi que un perro peludo, de color gris y de tamaño mediano, se me acercaba. Me paré del sofá y caminé de espaldas hasta la puerta. El can comenzó a olerme, yo seguía mirando como lo hacía, con tanto miedo.

- No tengas miedo, no hace nada- dijo Sofía bajando las escaleras lentamente.

Levanté la cabeza por reflejo y vi a Sofía, no me importó el perro. Sofía estaba preciosa. Estaba con un vestido hasta las rodillas, era de color verde limón con manchas de verde de distinto tono, llevaba sandalias que convinaban perfectamente con el vestido. Su cabello castaño claro, con ondas en las puntas, rebotaban libremente.

- Te ves preciosa- dije. Ella sonrio y agradecio el cumplido.

- Scooby, Scooby, sal de ahí- habló Sofía dirigiéndose al can, que obedeció y se fue.

- Le tengo miedo a los perros- confensé.

- Pero Scooby es gay, no hace nada- dijo sonriendo.

Por cierto, su sonrisa es la más hermosa que he visto hasta ahora y eso que en mi vida he conocido a muchas personas, muchas mujeres.
Sofía abrió la puerta de la casa y nos fuimos.
[...]
Toqué el timbre. Volví a tocar el timbre y nadie salía a ver quién tocaba. Esperé 10 minutos y nadie salía.
De pronto, escucho como si alguien corriera pero no una persona, un animal. Como un perro. y así fue.

- Scooby- dije sonriendo con añoro y viendo al can, al perro de Sofía.

Me agaché a acariciarlo, estaba viejo, había pasado tiempo que no lo veía.
Mi primo siempre me dijo: 'Al primero que tienes que ganarte en la familia, es al perro'.
Levanté la cara para ver quien era la que estaba paseando al perro (esperaba que sea Sofía) y era Úrsula.

- ¿Qué haces acá, huevón? ¿No estás mal de la pierna?- preguntó mi 'cuñadita' al verme.

- Estoy bien, ¿está tu hermana?- pregunté.

- Ya está viniendo, pero pasa- me dijo invitandome a pasar a su humilde morada.

Entré después del perro. Yo tenía mi asiento en el sofá, al igual que Sofía. Respeté eso, y me senté en mi lugar. Me senté al filo del sofá. Espero no más de5 minutos cuando escucho que la chapa de la puerta suena, volteo la cabeza por reflejo y la puerta se abre.
Era ella, era Sofía, era aquella ujer de la cual estaba enamorado, con la cual tenía cosas pendientes.

- Sofía- dije sorprendido y levantándome para darle un abrazo y saludarla.

- Hola- respondió ella pero no con el mismo entuciasmo que yo.

- ¿Podemos hablar?- le pregunté.

- Ya, subo y bajo. Espérame.

Sofía subió las escaleras y me quedé en la sala. Pasó un rato y escuché pasos de algo, era Scooby, caminaba y se postraba junto a mi para hacerle cariñito.

- Ya no le tienes miedo a los perros, no?- preguntó Sofía bajando las escaleras.

- No, la verdad es que no- dije levantando la cabeza y viéndola bajar, con ese vestido verde, el
mismo que la primera vez que salimos. Me abstuve de hacerle un cumplido.

- Vamos- dijo Sofía abriendo la puerta.

Me levanté y caminé (aún con dificultad) y salimos de su lar.

domingo, 1 de agosto de 2010

Sin daños a terceros - Capítulo V - Capitulo cinco

Fui con mi madre a la casa de mis abuelos en Pueblo Libre, quedaba detrás de un parque donde siempre iba con Sofía. Llegué con las muletas. La calle de la casa seguía igual, salvo un edificio que estaba en construcción. Toqué el timbre, esperé unos minutos y salió mi abuelo, abrió la puerta me saludo con un abrazo fuerte, pasé. Saludé a mi abuela con otro abrazo fuerte, lo mismo con mis tios. Me preguntaban cómo estaba, cómo había sido el accidente. No daba explicación exacta, sólo decia lo que todo el mundo decía: - Fue feo, no vi como en carro me atropeyó. Pero gracias a Dios ahora estoy bien-.
Estaba en el patio trasero de la casa, tomando unos vasos de cerveza con mis tios, esperando a que el carbón cocinara el chorizo para poder comer. De pronto, Francesca se acerca y me dice al oido: 'Sofía no va a poder venir, lo siento'. Francesca sabía cuanto quería verla, pero no creo que lo sintiera tanto como yo. Me malogró la mañana, la tarde, la noche, todo el día. Quería poder verla, escuchar su fina voz, sus manos tibias, verla sonreir solamente una vez para poder regocijarme, pero no sucedería. Sentía que siempre me estaba evitando, que no quería verme. Y derrepente tenía razón, por lo que pasó con Natalia, pero aún así, no era seguro. Pasaron unas horas y el almuerzo estaba listo. Comí pero sin gusto, mis papilas gustativas no distrutaban del todo la comida tan rica preparada por mi familia. No tenía ganas de comer, no tenía ganas de nada. Sofía se llevó mis ganas. Y no se iba a quedar así.
Si quiere estar molesta, si quiere evitar las cosas, si quiere comportarse como una niña... que lo haga, pero luego de hablar conmigo.
Eran las 5 de la tarde y pedí permiso para retirarme, dije que Sofía me había llamado y quería conversar conmigo. Y nadie puso ninguna objeción, dije que volvería en una hora. Y así sería, iba a conversar con Sofía, a aclarar las cosas de una bendita vez.

- Luis Enrique, no vas a salir- dijo imperativamente mi señora madre.

- ¿Por qué, mamá? Sólo será una hora- expliqué.

- No, Luis. Estamos haciendo esto por tí y no te vas a ir. Aparte, estás con yeso, no puedes ir por ahí. Tienes que descansar, porque esa pierna está muy delicada- terminó de explicar mi madre.

Tenía razón, obedecí como buen hijo, me senté en la mesa y tomamos helados.
Siempre fui la oveja negra de la familia y para hacer honor a mi nombre hice algo fuera de lo común.
Pedí permiso para retirarme de la mesa (mi familia es muy sofisticada), me levanté y fui al baño de arriba. Entré y puse seguro a la puerta. Abrí la llave y llené una tina con agua caliente. Puse mi pierna para sacarme el yeso. Tenía que escaparme, era ahora o nunca lo que sucedería con Sofía. Mientras esperaba a que el yeso se suavice para poder sacármelo, comencé a recordar como fue qe Sofía y yo nos volvimos novios.

[...]
Luego de la fiesta, Gonzalo nos llevó a la casa de su tía para dejar a su primas. En el camino Úrsula estaba algo inconciente por el alcohol que había tomado. Sofía y yo estabamos sentado atrás conversando en el lenguaje de las miradas. Nadie decía nada, hasta que Gonzalo propuso ir a comer. Yo estaba de acuerdo y Sofía también. Úrsula estaba dormida. Gonzalo nos llevó a un lugar en Barranco donde preparaban unas hamburguesas muy buenas, 'Monstruo' se llamaba el lugar. Compramos y regresamos al auto porque hacía frio. Gonzalo se terminó rápido su hamburguesa y siguió manejando. Yo también comía con un hambre voraz, Sofía al ver que terminé, me vio y me dijo:

- ¿Quieres?- levantando su Hamburguesa y ofreciéndomela.

- Gracias, eres muy amable- le dije mordiendo un trozo de aquel pan con pollo.

- ¿Te gusta comer?- le pregunté como para iniciar una conversación.

- Si, pero no mucho- dijo sonriendo.

- No hables así, la comida es lo mejor del mundo- informé terminando el último bocado- ¿quieres salir a comer algo conmigo, te llevaré a un lugar donde aprenderás a comer?

- Me gustaría- dijo la mujer que en un futuro sería mi vida entera.

- ¿Me das tu número de teléfono?- pregunté.

Sofía sacó su celular y me lo dio.

- Anota tu número- dijo. Yo saqué el mío y le dije lo mismo.

Gonzalo estacionó el auto y nos informó que ya habíamos llegado. Sofía me dio un beso en el cachete y bajó del carro. Abrió la puerta del copiloto y sacó su herana que ya había despertado. Esperamos a que entren a su casa luego nos fuimos. Gonzalo se ofreció a llevarme. Y comenzó a molestar llamándome 'primo'. Sofía me daba vueltas en la cabeza (con ayuda del alcohol) y creo que sentía que alguien me estaba gustado, después de mucho mucho tiempo.