domingo, 1 de agosto de 2010

Sin daños a terceros - Capítulo V - Capitulo cinco

Fui con mi madre a la casa de mis abuelos en Pueblo Libre, quedaba detrás de un parque donde siempre iba con Sofía. Llegué con las muletas. La calle de la casa seguía igual, salvo un edificio que estaba en construcción. Toqué el timbre, esperé unos minutos y salió mi abuelo, abrió la puerta me saludo con un abrazo fuerte, pasé. Saludé a mi abuela con otro abrazo fuerte, lo mismo con mis tios. Me preguntaban cómo estaba, cómo había sido el accidente. No daba explicación exacta, sólo decia lo que todo el mundo decía: - Fue feo, no vi como en carro me atropeyó. Pero gracias a Dios ahora estoy bien-.
Estaba en el patio trasero de la casa, tomando unos vasos de cerveza con mis tios, esperando a que el carbón cocinara el chorizo para poder comer. De pronto, Francesca se acerca y me dice al oido: 'Sofía no va a poder venir, lo siento'. Francesca sabía cuanto quería verla, pero no creo que lo sintiera tanto como yo. Me malogró la mañana, la tarde, la noche, todo el día. Quería poder verla, escuchar su fina voz, sus manos tibias, verla sonreir solamente una vez para poder regocijarme, pero no sucedería. Sentía que siempre me estaba evitando, que no quería verme. Y derrepente tenía razón, por lo que pasó con Natalia, pero aún así, no era seguro. Pasaron unas horas y el almuerzo estaba listo. Comí pero sin gusto, mis papilas gustativas no distrutaban del todo la comida tan rica preparada por mi familia. No tenía ganas de comer, no tenía ganas de nada. Sofía se llevó mis ganas. Y no se iba a quedar así.
Si quiere estar molesta, si quiere evitar las cosas, si quiere comportarse como una niña... que lo haga, pero luego de hablar conmigo.
Eran las 5 de la tarde y pedí permiso para retirarme, dije que Sofía me había llamado y quería conversar conmigo. Y nadie puso ninguna objeción, dije que volvería en una hora. Y así sería, iba a conversar con Sofía, a aclarar las cosas de una bendita vez.

- Luis Enrique, no vas a salir- dijo imperativamente mi señora madre.

- ¿Por qué, mamá? Sólo será una hora- expliqué.

- No, Luis. Estamos haciendo esto por tí y no te vas a ir. Aparte, estás con yeso, no puedes ir por ahí. Tienes que descansar, porque esa pierna está muy delicada- terminó de explicar mi madre.

Tenía razón, obedecí como buen hijo, me senté en la mesa y tomamos helados.
Siempre fui la oveja negra de la familia y para hacer honor a mi nombre hice algo fuera de lo común.
Pedí permiso para retirarme de la mesa (mi familia es muy sofisticada), me levanté y fui al baño de arriba. Entré y puse seguro a la puerta. Abrí la llave y llené una tina con agua caliente. Puse mi pierna para sacarme el yeso. Tenía que escaparme, era ahora o nunca lo que sucedería con Sofía. Mientras esperaba a que el yeso se suavice para poder sacármelo, comencé a recordar como fue qe Sofía y yo nos volvimos novios.

[...]
Luego de la fiesta, Gonzalo nos llevó a la casa de su tía para dejar a su primas. En el camino Úrsula estaba algo inconciente por el alcohol que había tomado. Sofía y yo estabamos sentado atrás conversando en el lenguaje de las miradas. Nadie decía nada, hasta que Gonzalo propuso ir a comer. Yo estaba de acuerdo y Sofía también. Úrsula estaba dormida. Gonzalo nos llevó a un lugar en Barranco donde preparaban unas hamburguesas muy buenas, 'Monstruo' se llamaba el lugar. Compramos y regresamos al auto porque hacía frio. Gonzalo se terminó rápido su hamburguesa y siguió manejando. Yo también comía con un hambre voraz, Sofía al ver que terminé, me vio y me dijo:

- ¿Quieres?- levantando su Hamburguesa y ofreciéndomela.

- Gracias, eres muy amable- le dije mordiendo un trozo de aquel pan con pollo.

- ¿Te gusta comer?- le pregunté como para iniciar una conversación.

- Si, pero no mucho- dijo sonriendo.

- No hables así, la comida es lo mejor del mundo- informé terminando el último bocado- ¿quieres salir a comer algo conmigo, te llevaré a un lugar donde aprenderás a comer?

- Me gustaría- dijo la mujer que en un futuro sería mi vida entera.

- ¿Me das tu número de teléfono?- pregunté.

Sofía sacó su celular y me lo dio.

- Anota tu número- dijo. Yo saqué el mío y le dije lo mismo.

Gonzalo estacionó el auto y nos informó que ya habíamos llegado. Sofía me dio un beso en el cachete y bajó del carro. Abrió la puerta del copiloto y sacó su herana que ya había despertado. Esperamos a que entren a su casa luego nos fuimos. Gonzalo se ofreció a llevarme. Y comenzó a molestar llamándome 'primo'. Sofía me daba vueltas en la cabeza (con ayuda del alcohol) y creo que sentía que alguien me estaba gustado, después de mucho mucho tiempo.

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