viernes, 30 de julio de 2010

Sin daños a terceros - Capítulo IV - Porque brillamos

Me levanté temprano esa mañana porque mi mamá vino para levantarme y preparar mi desayuno. Extrañaba sus desayunos domingueros de jugo de naranja y sus panes con salchicha. Tomamos desayuno juntos. Me dijo que mis abuelos iban a preparar un almuerzo por mi recuperación. Me gustó la idea, pero no estaba en mis planes.
- Invitamos a Sofía- dijo mi madre tomando su jugo de naranja.
Sonreí (siempre sonrio cuando escucho su nombre) y le dije que estaba de acuerdo. Era precisamente lo que necesitaba, verla y poder conversar con ella. Sólo tenía que esperar.
Nunca me gustó esperar, nunca me gustó que diga 'salgo en 5 minutos, amor', tampoco me gustó el 'me esperas un ratito, tengo que hacer una cosita'. Nunca me gustó eso, pero siempre la esperaba, y si me dice que la espere una vida, esperaría dos vidas. La amo y la amaré por siempre.
[...]
Cuando la conocí también tuve que esperar. Después de que Natalia se fuera a España, quedé un año desprimido, cabizbajo apunto de cortarme las venas. Gonzalo me dijo para salir, yo no quería pero mi madre me obligó (me dijo que si no salía ya no me daba de comer). Gonzalo me recogió en su carro para ir a la casa de su tía y recoger a sus primas chinchosas que también iban a ir al mismo lugar que nosotros. Llegamos a la casa de su tía y pasamos. Nos sentamos en el sofá, recuerdo que la tía de Gonzalo me ofreció una copa de agua, y recuerdo que se lo acepté. Las primas de Gonzalo se demoraron 15 minutos en bajar, pero cuando lo hicieron, vi a una jovencita y concluí que valió la pena esperar. Aquella dama estaba con un vestido blanco con florcita de colores, se veía encantadora. Era una jovencita de cabello castaño claro, no era lacio lacio, ni rizado rizado como el de Natalia, era un punto medio. Su nariz tenía un pequeño 'huequito' simpático, tenía unas pequitas en la cara, que no hacían verla fea sino, se veía muy linda. Su frente era un poquito grande, y sus labios rosados. Era delgada y sus piernas desnudas hacía que se vea un poquito alta.
- ¿Nos vamos?- preguntó la hermana de aquella chica a la cual describo.
- Sí, ya nos vamos. Úrsula te presento a Luis Enrique- dijo Gonzalo mirándonos a los dos. Úrsula levantó la mano y dijo hola.
- Sofía, él es...-
- Luis Enrique, puedes decirme Lucho, o Quique, como quieras- interrumpí a Gonzalo, teniendo una sonrisa en mi cara, que no parecía que estuviera feliz, parecía un estúpido.
- Yo soy Sofía, puedes decirme Sofía- me respondió con una sonrisa.
Nos quedamos unos minutos parados, porque la tía de Gonzalo quería tomarles una foto. Pasó el bochornoso momento como fotógrafo (la serñora quería que le tome foto a toda la familia) y nos fuimos a la fiesta. Era una fiesta por el cumpleaños de una amiga de Gonzalo, que al parecer también era amiga de sus primas. Llegamos y me entró la nostalgia por Natalia. Me senté al costado de la mesa, donde estaba el trago y los piqueos. Bebía y comía, y también veía como bailaban. Derrepente veo a Gonzalo y a Úrsula conversando, y me están señalando con el dedo, Gonzalo afirmaba algo y Úrsula se acercaba hacia mí.
- ¿Por qué estás aqui sólo? Vamos a bailar- dijo Úrsula, influenciado por su estúpido primo que quería levantarme los ánimos.
- No sé bailar, aparte el pisco y las papitas me hacen compañía- le respondí sin mirar a sus hermosos ojos marrones.
- No importa, yo te enseño- dijo tomándome de la mano y jalándome para bailar.
Mi abuelo siempre me enseñó a nunca decirle 'no' a una mujer, así que lo puse en práctica.
Úrsula estaba un poquito pasada de copas (en término coloquial, picada) y para no darle la contra me paré y comenzamos a bailar. Era una canción movida, si no mal recuerdo era una de Hector Lavoe. Seguimos bailando y comenzó a acercarse más a mí, yo no quería que suceda eso, así que me alejaba un poco.
- Bésame- me dijo Úrsula y podía oler todo el alcohol que provenía de su boca. No quería hacerlo así que inventé algo.
- Quisiera, pero tengo novia- le dije para ser un caballero. Úrsula me miró confundidaente.
- Mentiroso, Gonzalo me dijo que no tenías- dijo Úrsula un poco molesta.
- Es que aún no se lo he contado- seguía inventando esas cosas.
Úrsula me dio un beso en el cachete y me dijo que era un buen hombre, luego se dio media vuelta y se fue caminando, tambaleándoce de un lado a otro.
Volví a mi madriguera (el sofá al costado de la mesa), cogí el vaso de pisco que quedaba y las papitas. Comía y bebía.
Gonzalo se acercó y me preguntó si tenía enamorada (supuse que Úrsula le había contado nuestro encuentro). Le dije que no, pero que aún no estaba listo para dar el paso. Gonzalo me dijo que ya había pasado más de un año y que debía crecer (siempre me decían eso, pero ahora si lo escuché y acaté). Sabía que tenía razón, que una fiesta era para divertirse conocer gente. Aunque no estaba con mi 100 por ciento de ganas, lo intenté.

Me levanté del sofá y fui en busca de una chica con la cual pudiera bailar. Y vi a Sofía sentada con un chico conversando. El chico tenía una cara de mañoso así que como buen amigo de su primo, decidí sacarla de esa conversación. Me acerqué a donde estaban y con voz gruesa y seria dije: 'Sofía, ¿puedo hablar contigo? Es muy importante'. Sofía se paró asustada, la llevé hasta el otro lado de la sala.
- ¿Qué pasa Luis?- preguntó asustaba, preocupada.
- La verdad es que...- dije.
- ¿Qué pasa?- preguntó con curiosidad y ansiedad.
- La verdad es que quería bailar contigo pero estabas con ese chico, que por cierto tiene cara de mañoso- respondí riendo.
- Que tonto eres- dijo también sonriendo (su sonrisa era hermosa, hasta ahora lo es).
- ¿Entonces...?- pregunté.
Sofía sonrió y puso su mano en mi hombro y la otra con mi mano y comenzamos a bailar. Puse mi mano en su espalda y la otra con su mano. Íbamos de un lado para otro lado. Nos movíamos al compás de la música. Era la canción 'porque brillamos' de Bacilos, es suave y lentita. Seguíamos moviéndonos, ella me miró y yo la miré. No sabía porqué, pero sentía que había una gran atracción entre nosotros. Seguimos bailando y mirándonos uno al otro, había algo escondido. Apreté un poco más su mano y ella doblo completamente su brazo que estaba sobre mi hombro, así nos pegamos más. No dejábamos de mirarnos. Bajé mi cabeza hasta chocar con la suya, estábamos frente a frente. Pensé en preguntarle si podía besarla.
- ¿Te puedo besar?- preguntó Sofía.
- ¿Siempre preguntas si puedes besar a aquellas personas con las que bailas?- le pregunté y aún seguíamos frente a frente. Sofía se puso roja, parecía que no sabía que responder.
- Eso no hay que preguntar, sólo arriesgarse- le dije acercándome a su oido.
Sofía rodeó mi nuca con sus brazos y dijo, 'Entonces...'
Y supe que era la señal para darnos un beso, pero no pude.
- Entonces queda pendiente para otra cita- le dije, tomándola de la mano y alejándola con delicadeza.
Sofía me miró y sonrió.
- ¿Por qué?- preguntó Sofía.
- La verdad es que, no se tú,, pero bailando sentí una conexión entre los dos- le explicaba- y espero que tú también la hayas sentido, así que si es de verdad, nos volveremos a encontrar y nuestro beso será especial, ¿no cres?
- No creo mucho en esas cosas de las conexiones- dijo. Bajé la cabeza porque pensé que sucedía algo entre nosotros.
- Pero sentí algo bailando contigo, no sé si será una conexión pero sentí algo- dijo. Levanté la cabeza y sonreí. Ella me devolvió la sonrisa, con otra mucha más bonita.
[...]
Así recuerdo cuando lo conocí, ahora la vería y podré hablar con ella.

No hay comentarios:

Publicar un comentario