Me levanté temprano esa mañana porque mi mamá vino para levantarme y preparar mi desayuno. Extrañaba sus desayunos domingueros de jugo de naranja y sus panes con salchicha. Tomamos desayuno juntos. Me dijo que mis abuelos iban a preparar un almuerzo por mi recuperación. Me gustó la idea, pero no estaba en mis planes.
- Invitamos a Sofía- dijo mi madre tomando su jugo de naranja.
Sonreí (siempre sonrio cuando escucho su nombre) y le dije que estaba de acuerdo. Era precisamente lo que necesitaba, verla y poder conversar con ella. Sólo tenía que esperar.
Nunca me gustó esperar, nunca me gustó que diga 'salgo en 5 minutos, amor', tampoco me gustó el 'me esperas un ratito, tengo que hacer una cosita'. Nunca me gustó eso, pero siempre la esperaba, y si me dice que la espere una vida, esperaría dos vidas. La amo y la amaré por siempre.
[...]
Cuando la conocí también tuve que esperar. Después de que Natalia se fuera a España, quedé un año desprimido, cabizbajo apunto de cortarme las venas. Gonzalo me dijo para salir, yo no quería pero mi madre me obligó (me dijo que si no salía ya no me daba de comer). Gonzalo me recogió en su carro para ir a la casa de su tía y recoger a sus primas chinchosas que también iban a ir al mismo lugar que nosotros. Llegamos a la casa de su tía y pasamos. Nos sentamos en el sofá, recuerdo que la tía de Gonzalo me ofreció una copa de agua, y recuerdo que se lo acepté. Las primas de Gonzalo se demoraron 15 minutos en bajar, pero cuando lo hicieron, vi a una jovencita y concluí que valió la pena esperar. Aquella dama estaba con un vestido blanco con florcita de colores, se veía encantadora. Era una jovencita de cabello castaño claro, no era lacio lacio, ni rizado rizado como el de Natalia, era un punto medio. Su nariz tenía un pequeño 'huequito' simpático, tenía unas pequitas en la cara, que no hacían verla fea sino, se veía muy linda. Su frente era un poquito grande, y sus labios rosados. Era delgada y sus piernas desnudas hacía que se vea un poquito alta.
- ¿Nos vamos?- preguntó la hermana de aquella chica a la cual describo.
- Sí, ya nos vamos. Úrsula te presento a Luis Enrique- dijo Gonzalo mirándonos a los dos. Úrsula levantó la mano y dijo hola.
- Sofía, él es...-
- Luis Enrique, puedes decirme Lucho, o Quique, como quieras- interrumpí a Gonzalo, teniendo una sonrisa en mi cara, que no parecía que estuviera feliz, parecía un estúpido.
- Yo soy Sofía, puedes decirme Sofía- me respondió con una sonrisa.
Nos quedamos unos minutos parados, porque la tía de Gonzalo quería tomarles una foto. Pasó el bochornoso momento como fotógrafo (la serñora quería que le tome foto a toda la familia) y nos fuimos a la fiesta. Era una fiesta por el cumpleaños de una amiga de Gonzalo, que al parecer también era amiga de sus primas. Llegamos y me entró la nostalgia por Natalia. Me senté al costado de la mesa, donde estaba el trago y los piqueos. Bebía y comía, y también veía como bailaban. Derrepente veo a Gonzalo y a Úrsula conversando, y me están señalando con el dedo, Gonzalo afirmaba algo y Úrsula se acercaba hacia mí.
- ¿Por qué estás aqui sólo? Vamos a bailar- dijo Úrsula, influenciado por su estúpido primo que quería levantarme los ánimos.
- No sé bailar, aparte el pisco y las papitas me hacen compañía- le respondí sin mirar a sus hermosos ojos marrones.
- No importa, yo te enseño- dijo tomándome de la mano y jalándome para bailar.
Mi abuelo siempre me enseñó a nunca decirle 'no' a una mujer, así que lo puse en práctica.
Úrsula estaba un poquito pasada de copas (en término coloquial, picada) y para no darle la contra me paré y comenzamos a bailar. Era una canción movida, si no mal recuerdo era una de Hector Lavoe. Seguimos bailando y comenzó a acercarse más a mí, yo no quería que suceda eso, así que me alejaba un poco.
- Bésame- me dijo Úrsula y podía oler todo el alcohol que provenía de su boca. No quería hacerlo así que inventé algo.
- Quisiera, pero tengo novia- le dije para ser un caballero. Úrsula me miró confundidaente.
- Mentiroso, Gonzalo me dijo que no tenías- dijo Úrsula un poco molesta.
- Es que aún no se lo he contado- seguía inventando esas cosas.
Úrsula me dio un beso en el cachete y me dijo que era un buen hombre, luego se dio media vuelta y se fue caminando, tambaleándoce de un lado a otro.
Volví a mi madriguera (el sofá al costado de la mesa), cogí el vaso de pisco que quedaba y las papitas. Comía y bebía.
Gonzalo se acercó y me preguntó si tenía enamorada (supuse que Úrsula le había contado nuestro encuentro). Le dije que no, pero que aún no estaba listo para dar el paso. Gonzalo me dijo que ya había pasado más de un año y que debía crecer (siempre me decían eso, pero ahora si lo escuché y acaté). Sabía que tenía razón, que una fiesta era para divertirse conocer gente. Aunque no estaba con mi 100 por ciento de ganas, lo intenté.
Me levanté del sofá y fui en busca de una chica con la cual pudiera bailar. Y vi a Sofía sentada con un chico conversando. El chico tenía una cara de mañoso así que como buen amigo de su primo, decidí sacarla de esa conversación. Me acerqué a donde estaban y con voz gruesa y seria dije: 'Sofía, ¿puedo hablar contigo? Es muy importante'. Sofía se paró asustada, la llevé hasta el otro lado de la sala.
- ¿Qué pasa Luis?- preguntó asustaba, preocupada.
- La verdad es que...- dije.
- ¿Qué pasa?- preguntó con curiosidad y ansiedad.
- La verdad es que quería bailar contigo pero estabas con ese chico, que por cierto tiene cara de mañoso- respondí riendo.
- Que tonto eres- dijo también sonriendo (su sonrisa era hermosa, hasta ahora lo es).
- ¿Entonces...?- pregunté.
Sofía sonrió y puso su mano en mi hombro y la otra con mi mano y comenzamos a bailar. Puse mi mano en su espalda y la otra con su mano. Íbamos de un lado para otro lado. Nos movíamos al compás de la música. Era la canción 'porque brillamos' de Bacilos, es suave y lentita. Seguíamos moviéndonos, ella me miró y yo la miré. No sabía porqué, pero sentía que había una gran atracción entre nosotros. Seguimos bailando y mirándonos uno al otro, había algo escondido. Apreté un poco más su mano y ella doblo completamente su brazo que estaba sobre mi hombro, así nos pegamos más. No dejábamos de mirarnos. Bajé mi cabeza hasta chocar con la suya, estábamos frente a frente. Pensé en preguntarle si podía besarla.
- ¿Te puedo besar?- preguntó Sofía.
- ¿Siempre preguntas si puedes besar a aquellas personas con las que bailas?- le pregunté y aún seguíamos frente a frente. Sofía se puso roja, parecía que no sabía que responder.
- Eso no hay que preguntar, sólo arriesgarse- le dije acercándome a su oido.
Sofía rodeó mi nuca con sus brazos y dijo, 'Entonces...'
Y supe que era la señal para darnos un beso, pero no pude.
- Entonces queda pendiente para otra cita- le dije, tomándola de la mano y alejándola con delicadeza.
Sofía me miró y sonrió.
- ¿Por qué?- preguntó Sofía.
- La verdad es que, no se tú,, pero bailando sentí una conexión entre los dos- le explicaba- y espero que tú también la hayas sentido, así que si es de verdad, nos volveremos a encontrar y nuestro beso será especial, ¿no cres?
- No creo mucho en esas cosas de las conexiones- dijo. Bajé la cabeza porque pensé que sucedía algo entre nosotros.
- Pero sentí algo bailando contigo, no sé si será una conexión pero sentí algo- dijo. Levanté la cabeza y sonreí. Ella me devolvió la sonrisa, con otra mucha más bonita.
[...]
Así recuerdo cuando lo conocí, ahora la vería y podré hablar con ella.
viernes, 30 de julio de 2010
jueves, 29 de julio de 2010
Sin daños a terceros - Capítulo III - Dos más
Llegué a Cafe Cafe a la hora indicada, seis de la tarde. Entré y pedí un café, y me senté en una mesa para dos. Tenía que esperar a Natalia. Así que arribé otro cigarrillo (por la ansiedad) lo prendí y comencé a leer una revista que había a unos metros. Pasaron 10 minutos y me acabé el cigarrillo, saqué mi celular y llamé a Natalia para preguntarle porqué se demoraba tanto.
- Diga- contestó Natalia.
- Natalia, soy Luis Enrique, ¿en dónde te encuentras?- pregunté con delicadeza y dulsera.
- Ya estoy llegando, estoy en un taxi- dijo.
En ese instante pude verla llegar, la vi bajando del taxi. Había cambiado mucho, ya no era aquella chica de rizos de la cual me enamoré por su inocencia y ternura. Bajó un mujer. Cabello negro (supongo que teñido, ya que su cabello natural es el dorado), un maquillaje impresionante que resaltaba sus ojos. Tenía una blusa blanca (era transparente), y una falda pequeña. Mostraba unas piernas espectaculares y su trasero se notaba más, por esos tacos grandes que usaba. El viento intentaba despeinarla, pero su cabello sólo se elevaba y volvía su lugar normal. Me paré para que me viera y funcionó. Me miró y sonrió, salí de la mesa y me acerqué para darle un abrazo. Le dí besito en la boca (conocido en otras lenguas como 'piquito'). Le pregunté como estaba llevándola a la mesa.
- Me alegra tanto verte, hace 5 años que no sabía nada de tí- le mencioné con una sonrisa implacable.
- Luque, vos estéis equivocado, vosotros os vimos hace un mes y medio- dijo. Recordé que Diego me había dicho que nos vimos para su cumpleaños. Así que le expliqué.
- Naty (me encantaba decirle así), no sé lo que ha pasado en este mes y medio, ¿me podrías contar que sucedió?
Natalia me miró confundida, no sabía que sucedía. Seguí hablando.
- Naty, de veras, no recuerdo que sucedió en tu cumpleaños. ¿Qué pasó?
- ¿Es una broma?- preguntó indignada.
- No, no lo es. La verdad es que no recuerdo lo que pasó aquel día, antes del accidente. Nunca te he mentido, debes creerme.- parecía un imploro que una orden.
- Vale, te creo.
Natalia pidió un café y me pidió un cigarrillo.
- No sabía que fumabas- le dije sacando mi cajetilla recién comprada.
- No sabía que te gustaba perder la memoria- respondía con picardía.
- Estás preciosa, amor.- le dije sacando el encendedor azul que me regalaron cuando cumplí 18.
- Gracias, tú también te ves muy bien- dijo aquella mujer de la cual me enamoré.
El mozo de camisa blanca con un mandil verde se acercó con el café. Lo dejó en la mesa y se fue. Natalia dio un sorbo y me miró.
- ¿Qué pasó?- le pregunté.
Ella me miró, respiró profundamente y me dijo qué había sucedido.
Yo no lo podía creer, en realidad, no recordaba nada.
Natalia me dijo que llegué a Sargento, solo, a eso de las 11 de la noche, la saludé con un abrazo muy fuerte (hace 5 años que no la veía), pero que llegué en un estado no tan conciente.
Al parecer había estado en la casa de un amigo tomando, haciendo hora hasta las 11 para ir a aquel antro.
Justo había un concierto, se presentaba La Roja. También me contó que estábamos todo en grupo saltando y bailando. Y el alcohol había puesto su régimen en mis venas y mi cabeza se prestaba para cualquier cosa irracional. Tanta era la emoción, la gran exitación que sentía que seguía tomando y bailando. Hasta que terminó el concierto y estaba muy, muy borracho. Todos nos sentamos en una mesa, yo estaba al costado de Natalia.
Cuando estoy en el estado de 'felicidad', es decir, cuando estoy borracho, me encanta hablar del amor, y de todas aquellas mujeres que me hicieron daño y también me gusta putearlas hasta que sus orejas se prendan en fuego. Y creo que ese día también lo hice.
Sentados en aquella mesa, comencé a intentar hablar, pero sólo balbuceaba.
- ¿Por qué me dejaste Natalia? ¿Sabías que me rompiste el corazón?- preguntaba borracho, como un despechado.
- Pero vos siempre estuviste de acuerdo, nunca me habéis dicho que no viajara- contestó ella también influida por el alcohol.
- Porque pensé que eso querías pero, ¿sabes que? ¿sabes algo?- comencé a preguntar, pero por las puras porque yo mismo me respondía- ahora tengo otro amor, un amor que siempre durará, un amor a la que quiero por siempre.
- Pues no me importa, ¿sabéis?, yo también tengo un hombre en España y que debe estar pensando en mí- dijo ella aún más ebria.
- Natalia- balbuceaba- ¿te puedo decir algo?- pregunté
- Claro, dime, ¿qué os pasa?- me miró fijamente.
- Me llega a las gónadas que hables como española- se lo dije riendo y carcajeándome.
- Vos os un estúpido- me lo dijo riendo ella también.
- ¿Te puedo preguntar otra cosa?- se lo dije hablando seriamente, aunque borracho.
- ¿Qué os pasa?, perdón, ¿que pasa?- dijo, intentando hablar como me gustaba.
- ¿Te puedo dar un beso?- se lo pregunté con la misma dulsura (pero borracho) que la primera vez.
- Pero no somos novios- dijo ella. Noté que no había dicho que no, así que me arriesgué a besarla.
Y así fue la besé como nunca la había besado, era un beso con pasión y con ternura a la misma vez. Eran las 2 de la mañana y decidimos pasar un tiempo juntos, recordando con nostalgia esos momentos de nuestra vida. Entre besos y caricias, se pasó la hora y ya tenía que irme, un amigo (digo amigo por su amabilidad, porque no sabía quien era) se ofreció a llevarme, noté que no había tomado, así que acepté. Natalia también fue con nosotros. Disfrutamos nuestros últimos minutos en los asientos del carro del amigo. Llegamos a su casa, Natalia bajó y quedamos que cada vez que venga pasaríamos un buen rato juntos. Ella dice que yo acepté y el carro me llevó a casa.
Eso fue lo que pude entender, porque seguía con su dejo español, el cual me moletaba y no entendía. Terminamos de tomar el café, le agradecí el día, y nos despedimos con un fuerte abrazo. La acompañé a tomar un taxi, y se fue.
Así que había sido infiel ese día, pero no era infidelidad. Conociéndome, después de eso, tendría que decirle a Sofía. Obligatoriamente tenía que hablar con ella. Derrepente por eso fue que peleamos, y por eso que se fue y como estaba solo, me atropellaron. Comencé a suponer las cosas. Tenía que hablar con Sofía.
- Diga- contestó Natalia.
- Natalia, soy Luis Enrique, ¿en dónde te encuentras?- pregunté con delicadeza y dulsera.
- Ya estoy llegando, estoy en un taxi- dijo.
En ese instante pude verla llegar, la vi bajando del taxi. Había cambiado mucho, ya no era aquella chica de rizos de la cual me enamoré por su inocencia y ternura. Bajó un mujer. Cabello negro (supongo que teñido, ya que su cabello natural es el dorado), un maquillaje impresionante que resaltaba sus ojos. Tenía una blusa blanca (era transparente), y una falda pequeña. Mostraba unas piernas espectaculares y su trasero se notaba más, por esos tacos grandes que usaba. El viento intentaba despeinarla, pero su cabello sólo se elevaba y volvía su lugar normal. Me paré para que me viera y funcionó. Me miró y sonrió, salí de la mesa y me acerqué para darle un abrazo. Le dí besito en la boca (conocido en otras lenguas como 'piquito'). Le pregunté como estaba llevándola a la mesa.
- Me alegra tanto verte, hace 5 años que no sabía nada de tí- le mencioné con una sonrisa implacable.
- Luque, vos estéis equivocado, vosotros os vimos hace un mes y medio- dijo. Recordé que Diego me había dicho que nos vimos para su cumpleaños. Así que le expliqué.
- Naty (me encantaba decirle así), no sé lo que ha pasado en este mes y medio, ¿me podrías contar que sucedió?
Natalia me miró confundida, no sabía que sucedía. Seguí hablando.
- Naty, de veras, no recuerdo que sucedió en tu cumpleaños. ¿Qué pasó?
- ¿Es una broma?- preguntó indignada.
- No, no lo es. La verdad es que no recuerdo lo que pasó aquel día, antes del accidente. Nunca te he mentido, debes creerme.- parecía un imploro que una orden.
- Vale, te creo.
Natalia pidió un café y me pidió un cigarrillo.
- No sabía que fumabas- le dije sacando mi cajetilla recién comprada.
- No sabía que te gustaba perder la memoria- respondía con picardía.
- Estás preciosa, amor.- le dije sacando el encendedor azul que me regalaron cuando cumplí 18.
- Gracias, tú también te ves muy bien- dijo aquella mujer de la cual me enamoré.
El mozo de camisa blanca con un mandil verde se acercó con el café. Lo dejó en la mesa y se fue. Natalia dio un sorbo y me miró.
- ¿Qué pasó?- le pregunté.
Ella me miró, respiró profundamente y me dijo qué había sucedido.
Yo no lo podía creer, en realidad, no recordaba nada.
Natalia me dijo que llegué a Sargento, solo, a eso de las 11 de la noche, la saludé con un abrazo muy fuerte (hace 5 años que no la veía), pero que llegué en un estado no tan conciente.
Al parecer había estado en la casa de un amigo tomando, haciendo hora hasta las 11 para ir a aquel antro.
Justo había un concierto, se presentaba La Roja. También me contó que estábamos todo en grupo saltando y bailando. Y el alcohol había puesto su régimen en mis venas y mi cabeza se prestaba para cualquier cosa irracional. Tanta era la emoción, la gran exitación que sentía que seguía tomando y bailando. Hasta que terminó el concierto y estaba muy, muy borracho. Todos nos sentamos en una mesa, yo estaba al costado de Natalia.
Cuando estoy en el estado de 'felicidad', es decir, cuando estoy borracho, me encanta hablar del amor, y de todas aquellas mujeres que me hicieron daño y también me gusta putearlas hasta que sus orejas se prendan en fuego. Y creo que ese día también lo hice.
Sentados en aquella mesa, comencé a intentar hablar, pero sólo balbuceaba.
- ¿Por qué me dejaste Natalia? ¿Sabías que me rompiste el corazón?- preguntaba borracho, como un despechado.
- Pero vos siempre estuviste de acuerdo, nunca me habéis dicho que no viajara- contestó ella también influida por el alcohol.
- Porque pensé que eso querías pero, ¿sabes que? ¿sabes algo?- comencé a preguntar, pero por las puras porque yo mismo me respondía- ahora tengo otro amor, un amor que siempre durará, un amor a la que quiero por siempre.
- Pues no me importa, ¿sabéis?, yo también tengo un hombre en España y que debe estar pensando en mí- dijo ella aún más ebria.
- Natalia- balbuceaba- ¿te puedo decir algo?- pregunté
- Claro, dime, ¿qué os pasa?- me miró fijamente.
- Me llega a las gónadas que hables como española- se lo dije riendo y carcajeándome.
- Vos os un estúpido- me lo dijo riendo ella también.
- ¿Te puedo preguntar otra cosa?- se lo dije hablando seriamente, aunque borracho.
- ¿Qué os pasa?, perdón, ¿que pasa?- dijo, intentando hablar como me gustaba.
- ¿Te puedo dar un beso?- se lo pregunté con la misma dulsura (pero borracho) que la primera vez.
- Pero no somos novios- dijo ella. Noté que no había dicho que no, así que me arriesgué a besarla.
Y así fue la besé como nunca la había besado, era un beso con pasión y con ternura a la misma vez. Eran las 2 de la mañana y decidimos pasar un tiempo juntos, recordando con nostalgia esos momentos de nuestra vida. Entre besos y caricias, se pasó la hora y ya tenía que irme, un amigo (digo amigo por su amabilidad, porque no sabía quien era) se ofreció a llevarme, noté que no había tomado, así que acepté. Natalia también fue con nosotros. Disfrutamos nuestros últimos minutos en los asientos del carro del amigo. Llegamos a su casa, Natalia bajó y quedamos que cada vez que venga pasaríamos un buen rato juntos. Ella dice que yo acepté y el carro me llevó a casa.
Eso fue lo que pude entender, porque seguía con su dejo español, el cual me moletaba y no entendía. Terminamos de tomar el café, le agradecí el día, y nos despedimos con un fuerte abrazo. La acompañé a tomar un taxi, y se fue.
Así que había sido infiel ese día, pero no era infidelidad. Conociéndome, después de eso, tendría que decirle a Sofía. Obligatoriamente tenía que hablar con ella. Derrepente por eso fue que peleamos, y por eso que se fue y como estaba solo, me atropellaron. Comencé a suponer las cosas. Tenía que hablar con Sofía.
martes, 27 de julio de 2010
Sin daños a terceros - Capítulo II - Recuerdos
Ese día ya no pude ver la serie que comencé a ver en la hospital 'Al fondo hay sitio'. En el hospital todos los pacientes nos poníamos a ver la serie. Pero aquel día ya no me importaba nada. Quería saber que había pasado. Por qué todo estaba cabeza abajo. Por qué decían que mi relación con Sofía había acabado. Por qué no podía recordar nada.
Gonzalo me prestó su encendedor y prendí un cigarro, después de 4 años fumaba. Dejé de hacerlo porque Sofía es asmática y el olor a cigarro le daba molestias. Sentía como el humo de aquel cigarrillo entraba a mis pulmones y como esa sensación al botar el humo me hacía recordar aquellos momentos de mi triste adolescencia, solo, sentado en un parque muriendo de frío.
Gonzalo se notaba nervioso, no sabía por donde comenzar. Diogo trajo el cenicero que me había regalado como intercambio de regalos en el colegio ('el amigo secreto'), lo dejó en la mesa y abrió la ventana para que se ventilara la sala.
No sé porqué el viento es más fuerte a mayor altura, pero en el octavo piso de aquel edificio, corría un viento muy acelerado y la piel se me erizaba como cuando las manos frías de Sofía acariciaban mi caliente espalda y mis vellos se elevaban como si arriba hubiera un imán de vellos.
- ¡HABLA!- grité un poco efusivo, ansioso. Gonzalo no decía nada.
- ¡HABLA CARAJO!- comencé a descontrolarme. Me preocupaba lo que me contara, lo que vendría a ser. ¿Me la iba a creer? ¿Sería verdad? o, ¿era una broma para que todos se caguen de risa en mi cara? Estaba desbocado, con mucha rabia.
- ¿Sabes por qué estuviste en el hospital? ¿Cómo fue tu accidente? ¿Por qué Sofía nunca te fue a verte? ¿Por qué estabas apunto de morir? ¿Por qué Sofia tuvo que comenzar a ir al psiquitra?- Gonzalo también se puso arisco- Sofía a sufrido mucho y te haces el imbécil.
Parecía un interrogatorio. Gonzalo es primo de Sofía y desde pequeños han sido grandes amigos. Gonzalo me miraba como si estuviera mintiendo, como si yo fuera una rata o un ratón o un pericote. Un ser ruin y despreciable.
- Lo último que recuerdo, Gonzalo, fue que hablaba con tu prima y de pronto tuve una discución con ella. Se enfureció y se fue, yo fui detrás de ella y un camión me atropelló. Luego desperté en el hospital con máquinas. La vi, vi a Sofía (la verdad sólo la escuché, porque estaba muy contuso), pero sólo fue esa vez- dije aún confundido. Noté que Gonzalo estaba más calmado y yo también.
- ¿No sabes que pasó unos días antes del accidente?- seguía el interrogatorio.
- La verdad es que no recuerdo muy bien, ¿estuve con ustedes, no?- preguntaba abiertamente para que por lo menos, uno me diga que sí.
- Yo sé que fuiste a Sargento- habló Diego- creo que fue cumpleaños de Natalia, un amigo mío estuvo ahí y me contó que te vio.
[...]
Natalia. Hace mucho que no oía de ella. Natalia fue mi primer amor. Tenía 12 años cuando la conocí. Fue en el colegio, en un concurso de canto. Yo había llevado mi guitarra marrón y una canción que compuse (era una canción tonta y sin sentido, que hablaba que estaba loco por una chica). La letra hablaba sobre una chica que me hacía hacer cosas tontas y locas y también la describía de rizos dorados. Claro que cuando la canté todos se comenzaron a reir.
Nunca debí preguntar si cantaba bien o no, en casa. Mi papá y mi mamá, por ser mis padres, me mentían diciendo que cantaba muy bien, pero los alumnos y el jurado de aquel concurso de canto no pudieron percibir eso.
Muy aparte de mis definaciones vocales, la letra. Describía perfectamente a Natalia, sus rizos dorados, su pequeño lunar arriba de su boca, su voz angelical, sus manos frias (sólo toqué su mano una vez porque se le calleron unas monedas y yo se lo recogí). Creo que a todos les pareció gracioso lo de ese día, pero a Natalia no. Terminando todo el concurso y al salir ganadora Natalia, se acercó y me dijo: 'cantas bonito', sólo eso y se marchó. Basto para mí. Luego, nos saludabamos cada vez que nos veíamos. Así estuvimos un año más, eramos amigos y conversábamos de cualquier tontería.
Hasta que un día quería verla en otro lado, salir a pasear, a tomar un helado (no teníamos edad para un café). Diogo y Diego, como niños inmaduros que eran, se lo preguntaron por mí. Natalia, como niña madura que era, dijo que era mejor si yo se lo preguntaba. Y no dudé en hacerlo, me levanté los pantalones y fui donde Natalia a invitarle a tomar un helado (yo iba a invitar, porque había ahorrado desde que la conocí, pensaba que algún día estaríamos juntos). Natalia preguntó si saldríamos con más amigos o sólo los dos. Al ver que ya teníamos la edad suficiente para tomar decisiones como adultos (14) le dije que solos. Me volvió a preguntar otra cosa, a donde ibamos a ir. Le dije si conocía Larcomar, en Miraflores. Ella dijo que sí. Y así quedamos. Le rogué a mi papá para que me llevase, porque mi mamá no me dejaba ir solo.
Mi papá me llevó sólo porque era para ver a una chica. Amaba a mi papá, lo amo y lo amaré siempre. Él sabía todo y lo sabrá todo si existe otras vidas. Y odiaré a su nuevo hijo (en caso sea papá) por robarme al hombre que me dio la vida.
En fin así, fue mi primera cita. Luego de dos salidas más, no era un genio en lo que era amor, así que un día que hubo un concierto en mi colegio, estabamos sentados y le pregunté si podía besarla. Ella me miró y me dijo que no, porque no eramos enamorados. Entonces le pregunté si quería ser mi novia, ella dijo que sí. Desde luego, volví a preguntarle si podía besarla, ella sonrió y dijo que sí. Nos acercamos, no nos importaba que el sonido nos rebentara los timpanos (ya que estabamos justo detrás del escenario) y nos besamos. Así comenzamos la relació que nos duró el resto de la secudaria. Teníamos 13, íbamos en segundo de secundaria y nuestra relación un año más después de terminar el colegio. Su mamá quería que estudiara en el extranjero y así fue. Natalia no quería dejarme y yo no quería dejarla, quería estar con ella siempre. Pero creo que el destino no lo quizo así. Natalia me dijo que regresaría entre 4 a 5 años, le dije que la esperaría, que no estaría con otra. Ella me dijo que no hagamos esto, y seguir con nuestras vidas. Nos despedimos, la despedida duró toda una noche. Ella viajaba en la madrugada, así que estuvimos en mi casa solos (mi mamá trabajaba toda la noche). No hubo sexo. Pero hicimos el amor, pusimos alarmas a las 2 de la mañana (el vuelo salía a las 4) y nos hechamos en mi cama, abrazados y haciendo el amor. No tenía que pasar eso para hacer el amor, porque así abrazados ya nos estabamos amando. Llegó la hora de irse, se fue a España, y yo me quedé solo. Y así terminó mi relación con Natalia. Me costó un año deprimido hasta que después de medio año de llorar todas las noches y otros seis meces de no tener relaciones amicales nuevas, Gonzalo me presentó a su prima, Sofia.
[...]
Les pedí a los chicos que me dejaran solo, que los llamaría para conversar. Ellos entendieron. Entré a la computadora, abrí mi correo y había uno de Natalia. Lo leí y me contaba que llegaría a Perú, para su cumpleaños y que quería salir y quería que vaya con ella. También pude ver que le respondía aceptando su invitación. Me respondió el correo diciéndome el lugar y su teléfono para cualquier cosa.
Diego tenía razón, era en Sargento Pimienta en Barranco. Pero aún quería respuestas. Usé el número que había allí y llamé a Natalia. Timbraba y timbraba, hasta que contestó. Me quedé atónito al oir su hermosa voz. Colgué. Me subí los pantalones como la primera vez que le pedí una cita, y volví a llamar. Contestó inmediatamente.
- Aló- dijo- Aló? ¿Con quién estoy hablando?
- Natalia, soy yo, Luis, Luis Enrique Arévalos.- pronuncié con cierto temor y con el mismo nerviosismo cuando le pregunté si podía besarla.
- ¿Luque (así me decía para abreviar 'Luis Enrique', porque no me gustaba que me dijeran 'Luis' o 'Enrique')?
- Sí, soy yo, quería pedirte algo- le dije.
- Hombre, supe que algún cabrón te atropello, te fui a ver pero no me dejaron entrar- me comentó eso, cosa que no sabía.
- ¿Qué día te puedo ver? Necesito conversar contigo-
- Me parece fantástico, yo también quiero hablar con vosotros- dijo con su tono español.
- Entonces, podemos ir a tomar un café (ahora ya teníamos edad para un café) ¿te parece si mañana en Café Café? - le pregunté
- Vale, sé donde queda. Te veo ahí alas 6, vale?- seguía con su tono traidito de Catalán.
- Ya pues, te veo ahí.
Gonzalo me prestó su encendedor y prendí un cigarro, después de 4 años fumaba. Dejé de hacerlo porque Sofía es asmática y el olor a cigarro le daba molestias. Sentía como el humo de aquel cigarrillo entraba a mis pulmones y como esa sensación al botar el humo me hacía recordar aquellos momentos de mi triste adolescencia, solo, sentado en un parque muriendo de frío.
Gonzalo se notaba nervioso, no sabía por donde comenzar. Diogo trajo el cenicero que me había regalado como intercambio de regalos en el colegio ('el amigo secreto'), lo dejó en la mesa y abrió la ventana para que se ventilara la sala.
No sé porqué el viento es más fuerte a mayor altura, pero en el octavo piso de aquel edificio, corría un viento muy acelerado y la piel se me erizaba como cuando las manos frías de Sofía acariciaban mi caliente espalda y mis vellos se elevaban como si arriba hubiera un imán de vellos.
- ¡HABLA!- grité un poco efusivo, ansioso. Gonzalo no decía nada.
- ¡HABLA CARAJO!- comencé a descontrolarme. Me preocupaba lo que me contara, lo que vendría a ser. ¿Me la iba a creer? ¿Sería verdad? o, ¿era una broma para que todos se caguen de risa en mi cara? Estaba desbocado, con mucha rabia.
- ¿Sabes por qué estuviste en el hospital? ¿Cómo fue tu accidente? ¿Por qué Sofía nunca te fue a verte? ¿Por qué estabas apunto de morir? ¿Por qué Sofia tuvo que comenzar a ir al psiquitra?- Gonzalo también se puso arisco- Sofía a sufrido mucho y te haces el imbécil.
Parecía un interrogatorio. Gonzalo es primo de Sofía y desde pequeños han sido grandes amigos. Gonzalo me miraba como si estuviera mintiendo, como si yo fuera una rata o un ratón o un pericote. Un ser ruin y despreciable.
- Lo último que recuerdo, Gonzalo, fue que hablaba con tu prima y de pronto tuve una discución con ella. Se enfureció y se fue, yo fui detrás de ella y un camión me atropelló. Luego desperté en el hospital con máquinas. La vi, vi a Sofía (la verdad sólo la escuché, porque estaba muy contuso), pero sólo fue esa vez- dije aún confundido. Noté que Gonzalo estaba más calmado y yo también.
- ¿No sabes que pasó unos días antes del accidente?- seguía el interrogatorio.
- La verdad es que no recuerdo muy bien, ¿estuve con ustedes, no?- preguntaba abiertamente para que por lo menos, uno me diga que sí.
- Yo sé que fuiste a Sargento- habló Diego- creo que fue cumpleaños de Natalia, un amigo mío estuvo ahí y me contó que te vio.
[...]
Natalia. Hace mucho que no oía de ella. Natalia fue mi primer amor. Tenía 12 años cuando la conocí. Fue en el colegio, en un concurso de canto. Yo había llevado mi guitarra marrón y una canción que compuse (era una canción tonta y sin sentido, que hablaba que estaba loco por una chica). La letra hablaba sobre una chica que me hacía hacer cosas tontas y locas y también la describía de rizos dorados. Claro que cuando la canté todos se comenzaron a reir.
Nunca debí preguntar si cantaba bien o no, en casa. Mi papá y mi mamá, por ser mis padres, me mentían diciendo que cantaba muy bien, pero los alumnos y el jurado de aquel concurso de canto no pudieron percibir eso.
Muy aparte de mis definaciones vocales, la letra. Describía perfectamente a Natalia, sus rizos dorados, su pequeño lunar arriba de su boca, su voz angelical, sus manos frias (sólo toqué su mano una vez porque se le calleron unas monedas y yo se lo recogí). Creo que a todos les pareció gracioso lo de ese día, pero a Natalia no. Terminando todo el concurso y al salir ganadora Natalia, se acercó y me dijo: 'cantas bonito', sólo eso y se marchó. Basto para mí. Luego, nos saludabamos cada vez que nos veíamos. Así estuvimos un año más, eramos amigos y conversábamos de cualquier tontería.
Hasta que un día quería verla en otro lado, salir a pasear, a tomar un helado (no teníamos edad para un café). Diogo y Diego, como niños inmaduros que eran, se lo preguntaron por mí. Natalia, como niña madura que era, dijo que era mejor si yo se lo preguntaba. Y no dudé en hacerlo, me levanté los pantalones y fui donde Natalia a invitarle a tomar un helado (yo iba a invitar, porque había ahorrado desde que la conocí, pensaba que algún día estaríamos juntos). Natalia preguntó si saldríamos con más amigos o sólo los dos. Al ver que ya teníamos la edad suficiente para tomar decisiones como adultos (14) le dije que solos. Me volvió a preguntar otra cosa, a donde ibamos a ir. Le dije si conocía Larcomar, en Miraflores. Ella dijo que sí. Y así quedamos. Le rogué a mi papá para que me llevase, porque mi mamá no me dejaba ir solo.
Mi papá me llevó sólo porque era para ver a una chica. Amaba a mi papá, lo amo y lo amaré siempre. Él sabía todo y lo sabrá todo si existe otras vidas. Y odiaré a su nuevo hijo (en caso sea papá) por robarme al hombre que me dio la vida.
En fin así, fue mi primera cita. Luego de dos salidas más, no era un genio en lo que era amor, así que un día que hubo un concierto en mi colegio, estabamos sentados y le pregunté si podía besarla. Ella me miró y me dijo que no, porque no eramos enamorados. Entonces le pregunté si quería ser mi novia, ella dijo que sí. Desde luego, volví a preguntarle si podía besarla, ella sonrió y dijo que sí. Nos acercamos, no nos importaba que el sonido nos rebentara los timpanos (ya que estabamos justo detrás del escenario) y nos besamos. Así comenzamos la relació que nos duró el resto de la secudaria. Teníamos 13, íbamos en segundo de secundaria y nuestra relación un año más después de terminar el colegio. Su mamá quería que estudiara en el extranjero y así fue. Natalia no quería dejarme y yo no quería dejarla, quería estar con ella siempre. Pero creo que el destino no lo quizo así. Natalia me dijo que regresaría entre 4 a 5 años, le dije que la esperaría, que no estaría con otra. Ella me dijo que no hagamos esto, y seguir con nuestras vidas. Nos despedimos, la despedida duró toda una noche. Ella viajaba en la madrugada, así que estuvimos en mi casa solos (mi mamá trabajaba toda la noche). No hubo sexo. Pero hicimos el amor, pusimos alarmas a las 2 de la mañana (el vuelo salía a las 4) y nos hechamos en mi cama, abrazados y haciendo el amor. No tenía que pasar eso para hacer el amor, porque así abrazados ya nos estabamos amando. Llegó la hora de irse, se fue a España, y yo me quedé solo. Y así terminó mi relación con Natalia. Me costó un año deprimido hasta que después de medio año de llorar todas las noches y otros seis meces de no tener relaciones amicales nuevas, Gonzalo me presentó a su prima, Sofia.
[...]
Les pedí a los chicos que me dejaran solo, que los llamaría para conversar. Ellos entendieron. Entré a la computadora, abrí mi correo y había uno de Natalia. Lo leí y me contaba que llegaría a Perú, para su cumpleaños y que quería salir y quería que vaya con ella. También pude ver que le respondía aceptando su invitación. Me respondió el correo diciéndome el lugar y su teléfono para cualquier cosa.
Diego tenía razón, era en Sargento Pimienta en Barranco. Pero aún quería respuestas. Usé el número que había allí y llamé a Natalia. Timbraba y timbraba, hasta que contestó. Me quedé atónito al oir su hermosa voz. Colgué. Me subí los pantalones como la primera vez que le pedí una cita, y volví a llamar. Contestó inmediatamente.
- Aló- dijo- Aló? ¿Con quién estoy hablando?
- Natalia, soy yo, Luis, Luis Enrique Arévalos.- pronuncié con cierto temor y con el mismo nerviosismo cuando le pregunté si podía besarla.
- ¿Luque (así me decía para abreviar 'Luis Enrique', porque no me gustaba que me dijeran 'Luis' o 'Enrique')?
- Sí, soy yo, quería pedirte algo- le dije.
- Hombre, supe que algún cabrón te atropello, te fui a ver pero no me dejaron entrar- me comentó eso, cosa que no sabía.
- ¿Qué día te puedo ver? Necesito conversar contigo-
- Me parece fantástico, yo también quiero hablar con vosotros- dijo con su tono español.
- Entonces, podemos ir a tomar un café (ahora ya teníamos edad para un café) ¿te parece si mañana en Café Café? - le pregunté
- Vale, sé donde queda. Te veo ahí alas 6, vale?- seguía con su tono traidito de Catalán.
- Ya pues, te veo ahí.
domingo, 25 de julio de 2010
Sin daños a terceros - Capítulo I - Desconcertado
Me levanté a eso de las 7, la enfermera me trajo una bandeja con mi desayuno en él.
- Enfermera, ¿cuándo me dan de alta?- pregunté por primera vez eso.
Recuerdo que hubo una vez que me internaron y ya me quería ir y le preguntaba a la enfermera cada 10 minutos si ya me podía ir a mi casa. Y la enfermera me decía hasta el cansancio que no.
- Hoy día el médico vendrá para decir si ya te puedes ir a tu casa, o quedarte un tiempo más. - Dijo la enfermera mirándome a los ojos.
Ya estaba cansado de la rutina de levantarme, bañarme, tomar desayuno, y comenzar la rehabilitación. Habían pasado 2 semanas con lo mismo y las ganas de ver a Sofía, a mi familia y a mis amigos, crecía aún más. Nunca supe porque Sofía no me respondía los mensajes ni llamadas. Supuse que la Universidad la tenía con trabajos, parciales, finales. También me preguntaba porqué nunca fue a verme, sólo uno de los primeros días, donde tenía la cara hinchada y morada. La verdad es que no sabía que había pasado, sólo sabía que había sido un accidente de tránsito, pero como decía, no recuerdo como fue.
Pasaron unas horas y yo estaba en mi cama leyendo un libro de Alfredo Bryce E. y mi médico llegó. Me preguntó como me encontraba, como me sentía. Hizo unas revisiones a mis radiografías tomadas hace algunos días, miro mi pierna, mi hombro y notó que mi cara ya no estaba hinchada ni morada. El médico dijo que ya estaba listo para poder regresar a mi casa, pero que siga con el yeso y que tenía que usar muletas.
Al fin, ir a mi dulce casa. Llamé a mi madre, pero estaba trabajando. Mi hermana me iba a recoger. La relación con mi madre es muy paupérrima, desde que murió papá es una adicta al trabajo, es enfermera y apesar de tener un trabajo estable en un hospital, trabaja en una clínica particular, y le pagan lo mismo, sólo que en la clínica la explotan como esclava. No estoy de acuerdo con eso, pero ya está grande como saber lo que hace y lo que no.
Han pasado 7 años desde que papá murió, y mi madre aún no sale con ningún otro. Estuvo deprimida varios años (se amaban, pero la vida sigue) y mi hermana se encargó de mí. Francesca. Tiene 24, ya acabo la Universidad. me lleva 3 años y medio. Se parece físicamente a mi. En realidad, yo me paresco a ella, soy ella en versión hombre (estudiamos en el mismo colegio y a mí, me decían 'francesquito').
En fin, esa es mi pequeña familia, la cual me vino a ver unas veces al hospital. Francesca me acompañó hasta mi departamento. Había comprado algunas cosas y las puso en la refrigeradora.
Yo estaba con muletas, es muy cansado. Así que me recosté. Francesca se tuvo que ir, me dijo que mamá vendría en la noche. Así que me quedé solo, con la pierna completamente rodeada de yeso.
Me quedé solo una hora hasta que llegaron mis amigos. Cuando supe la noticia del alta, llamé a mi amigos para hacer una pequeña reunión. Llegó Diogo y Diego, los gemelos. Los conosco desde primaria, nos volvimos muy amigos, me dicen que yo soy el tercer trilliso.
Llegaron y lo primero que hicieron fue firmar mi yeso, fueron los segundos y terceros, el primero que firó mi yeso, fui yo.
Llegó 'Lito', se llama Gonzalo, pero de cariño 'gonzalito', y se quedó como 'Lito'. Luego me llamó Mía diciendo que ya llegaba con Úrsula, la hermana de Sofía. Le pregunté si venía con ella, y Ursula me respondió que no. Genial!, mi novia no me vería.
Pasaron 2 horas y fui donde Ursula y le pregunté como estaba Sofía, ella me miró con una cara como si yo fuera un cretino. Y me respondió:
- ¿Cómo crees que está después de lo que sucedió? La vi y estaba confundido.
- ¿De que estás hablando? después del accidente no me fue a ver.
- Que cínico eres- me dijo dando media vuelta y lléndose.
Se quedaron los gemelos y Gonzalo. Me senté con ellos, y les pregunté que paso con Sofía. Ellos me miraron y me dijeron entre 'idiota' y 'estúpido' que le había sido infiel. No entendía que pasaba. Lo último que recuerdo era que estaba con Sofía, crucé la pista y amanecí en el hospital.
Gonzalo me miró y me preguntó si no sabía qué había pasado. Y se lo volví a repetir. 'Estaba con Sofía y crucé la pista y un carro me atropelló. Luego amanecí en el hospital'.
- Entonces, ¿no sabes qué sucedió?- me preguntó Diogo.
- No, la verdad es que me están asustando- les dije sinceramente.
Gonzalo sacó un cigarro y me ofreció uno.
- No, gracias- se lo rechazé.
- Cógelo, esto va ser desconcertante- explicó Gonzalo fumando la primera pitada del cigarrillo.
- Enfermera, ¿cuándo me dan de alta?- pregunté por primera vez eso.
Recuerdo que hubo una vez que me internaron y ya me quería ir y le preguntaba a la enfermera cada 10 minutos si ya me podía ir a mi casa. Y la enfermera me decía hasta el cansancio que no.
- Hoy día el médico vendrá para decir si ya te puedes ir a tu casa, o quedarte un tiempo más. - Dijo la enfermera mirándome a los ojos.
Ya estaba cansado de la rutina de levantarme, bañarme, tomar desayuno, y comenzar la rehabilitación. Habían pasado 2 semanas con lo mismo y las ganas de ver a Sofía, a mi familia y a mis amigos, crecía aún más. Nunca supe porque Sofía no me respondía los mensajes ni llamadas. Supuse que la Universidad la tenía con trabajos, parciales, finales. También me preguntaba porqué nunca fue a verme, sólo uno de los primeros días, donde tenía la cara hinchada y morada. La verdad es que no sabía que había pasado, sólo sabía que había sido un accidente de tránsito, pero como decía, no recuerdo como fue.
Pasaron unas horas y yo estaba en mi cama leyendo un libro de Alfredo Bryce E. y mi médico llegó. Me preguntó como me encontraba, como me sentía. Hizo unas revisiones a mis radiografías tomadas hace algunos días, miro mi pierna, mi hombro y notó que mi cara ya no estaba hinchada ni morada. El médico dijo que ya estaba listo para poder regresar a mi casa, pero que siga con el yeso y que tenía que usar muletas.
Al fin, ir a mi dulce casa. Llamé a mi madre, pero estaba trabajando. Mi hermana me iba a recoger. La relación con mi madre es muy paupérrima, desde que murió papá es una adicta al trabajo, es enfermera y apesar de tener un trabajo estable en un hospital, trabaja en una clínica particular, y le pagan lo mismo, sólo que en la clínica la explotan como esclava. No estoy de acuerdo con eso, pero ya está grande como saber lo que hace y lo que no.
Han pasado 7 años desde que papá murió, y mi madre aún no sale con ningún otro. Estuvo deprimida varios años (se amaban, pero la vida sigue) y mi hermana se encargó de mí. Francesca. Tiene 24, ya acabo la Universidad. me lleva 3 años y medio. Se parece físicamente a mi. En realidad, yo me paresco a ella, soy ella en versión hombre (estudiamos en el mismo colegio y a mí, me decían 'francesquito').
En fin, esa es mi pequeña familia, la cual me vino a ver unas veces al hospital. Francesca me acompañó hasta mi departamento. Había comprado algunas cosas y las puso en la refrigeradora.
Yo estaba con muletas, es muy cansado. Así que me recosté. Francesca se tuvo que ir, me dijo que mamá vendría en la noche. Así que me quedé solo, con la pierna completamente rodeada de yeso.
Me quedé solo una hora hasta que llegaron mis amigos. Cuando supe la noticia del alta, llamé a mi amigos para hacer una pequeña reunión. Llegó Diogo y Diego, los gemelos. Los conosco desde primaria, nos volvimos muy amigos, me dicen que yo soy el tercer trilliso.
Llegaron y lo primero que hicieron fue firmar mi yeso, fueron los segundos y terceros, el primero que firó mi yeso, fui yo.
Llegó 'Lito', se llama Gonzalo, pero de cariño 'gonzalito', y se quedó como 'Lito'. Luego me llamó Mía diciendo que ya llegaba con Úrsula, la hermana de Sofía. Le pregunté si venía con ella, y Ursula me respondió que no. Genial!, mi novia no me vería.
Pasaron 2 horas y fui donde Ursula y le pregunté como estaba Sofía, ella me miró con una cara como si yo fuera un cretino. Y me respondió:
- ¿Cómo crees que está después de lo que sucedió? La vi y estaba confundido.
- ¿De que estás hablando? después del accidente no me fue a ver.
- Que cínico eres- me dijo dando media vuelta y lléndose.
Se quedaron los gemelos y Gonzalo. Me senté con ellos, y les pregunté que paso con Sofía. Ellos me miraron y me dijeron entre 'idiota' y 'estúpido' que le había sido infiel. No entendía que pasaba. Lo último que recuerdo era que estaba con Sofía, crucé la pista y amanecí en el hospital.
Gonzalo me miró y me preguntó si no sabía qué había pasado. Y se lo volví a repetir. 'Estaba con Sofía y crucé la pista y un carro me atropelló. Luego amanecí en el hospital'.
- Entonces, ¿no sabes qué sucedió?- me preguntó Diogo.
- No, la verdad es que me están asustando- les dije sinceramente.
Gonzalo sacó un cigarro y me ofreció uno.
- No, gracias- se lo rechazé.
- Cógelo, esto va ser desconcertante- explicó Gonzalo fumando la primera pitada del cigarrillo.
jueves, 22 de julio de 2010
Sin daños a terceros -
"Los sueños recurrentes son aquellos 'sueños' que se presentan más de una vez. Yo tengo algunos sueños recurrentes. Hace una semana volví a soñar con uno y decidí hacerlo una historia. A decir verdad, no es un sueño, es una pesadilla."
No sabía donde estaba, mis ojos estaban cerrados. Se me hacía muy dificil poder abrirlos, al igual que respirar. Sólo escuchaba unas voces, escuchaba un llanto singular, era ella. No podía moverme, comencé a desesperarme. Mi cerebro mandó una señal a mis miembros para moverme pero no respondían. De pronto, sentí que alguien estaba a mi costado y repentinamente, me tranquilizé. Y volví a dormir.
Desperté y podía abrir mis ojos, pero no por completo. El derecho estaba inflamado porque sentía dolor al querer abrirlo, el izquierdo si se podía. Pero aún no podía ver nítido porque el izquierdo tiene miopia (-7) y veía todo borroso. Mi sentido del oido se agudizó. Y reconocí la voz de mamá. Estaba orando sola, y comprendí que sucedía. Estaba en el hospital con agujas en el cuerpo, con suero, con sábanas hasta el cuello. Voltié mi cabeza donde estaba mamá, estaba con los ojos rojos. Me vio y me dijo llorando 'hijo'. No sabía que sucedía lo último que recuerdo es que estaba con Sofía , discutiendo y nada más.
De pronto volví a cerrar los ojos. Me sentía cansado, debía ser por los analgésicos. Aún no estaba seguro de qué me había pasado. Comencé a recordar toda mi vida, desde que era pequeño, hasta cuando conocí a Sofía. Sólo quería que todo esto termine para poder verla. La extrañaba, sabía que había estado en esa habitación porque la había escuchado llorar. Y también quería saber, qué paso.
No sabía donde estaba, mis ojos estaban cerrados. Se me hacía muy dificil poder abrirlos, al igual que respirar. Sólo escuchaba unas voces, escuchaba un llanto singular, era ella. No podía moverme, comencé a desesperarme. Mi cerebro mandó una señal a mis miembros para moverme pero no respondían. De pronto, sentí que alguien estaba a mi costado y repentinamente, me tranquilizé. Y volví a dormir.
Desperté y podía abrir mis ojos, pero no por completo. El derecho estaba inflamado porque sentía dolor al querer abrirlo, el izquierdo si se podía. Pero aún no podía ver nítido porque el izquierdo tiene miopia (-7) y veía todo borroso. Mi sentido del oido se agudizó. Y reconocí la voz de mamá. Estaba orando sola, y comprendí que sucedía. Estaba en el hospital con agujas en el cuerpo, con suero, con sábanas hasta el cuello. Voltié mi cabeza donde estaba mamá, estaba con los ojos rojos. Me vio y me dijo llorando 'hijo'. No sabía que sucedía lo último que recuerdo es que estaba con Sofía , discutiendo y nada más.
De pronto volví a cerrar los ojos. Me sentía cansado, debía ser por los analgésicos. Aún no estaba seguro de qué me había pasado. Comencé a recordar toda mi vida, desde que era pequeño, hasta cuando conocí a Sofía. Sólo quería que todo esto termine para poder verla. La extrañaba, sabía que había estado en esa habitación porque la había escuchado llorar. Y también quería saber, qué paso.
viernes, 9 de julio de 2010
Caída libre - Capítulo XI - El final
Pasaron 2 meces después de la última conversación con Daniella. La extrañaba, me hacía mucha falta. Me dí cuenta de que ya no me importaba si éramos novios o amigos. Sólo quería verla y decirle cuanto la había extrañado. Cuanto la había pensado en esos 61 días, 1464 horas y muchos minutos e infinitos segundos. Cuantas noches había llorado recordándola, cuantas tristes melodías había compuesto, cuantas hojas de mi cuaderno había botado con su nombre, cuantos dibujos quemados, a cuantas personas les di la espalda cuando querían ayudarme, cuantos cigarrillos fumados, cuantos amigos perdidos.
¿Amigos perdidos? La verdad es que sólo perdí a una, la única amiga, Cielo. Por mi culpa, Cielo ya no era mi amiga. Pasó hace un mes, en la academia. Estaba deprimido y llegué a la academia tarde. Cielo me mandó un mensaje de texto diciéndome que quería conversar conmigo.
Tocó el timbre del descanzo, pero no salí me quedé en el salón de clases, echado en mi carpeta como una chica cuando está con su mes y no tiene ganas de nada, así estaba yo. No me dolían los ovarios sino el corazón. Pasaron cinco minutos y Cielo llegó y movió mi cabeza con su suave y cálida palma de su mano.
- ¡No molestes!, dije un poco exhaltado.
- ¿Qué te pasa?- preguntó Cielo algo confundida por mi reacción.
- Es que llegas y ni saludas y me golpeas.
- ¿Qué?, oye sólo te estaba molestando, estabas recostado, quería sacarte una sonrisa- dijo defendiéndose de tal calumnia.
- ¿Si?, pues ya no lo hagas- dije estúpidamente.
Cielo me miró con sus ojos marrones profundamente, suspiró y dijo:
- ¿Cómo puedes ser tan estúpido?, estás sufriendo por una chica que ni fue tu amiga, que sólo era superficial. Ahora, yo una amiga, tú única amiga, vengo a levantarte el ánimo y así es, ¿cómo me tratas?
Yo quedé mirándola, y reaccioné unos segundos después de que se marchara. Me di cuenta que tenía mucha razón. Quize buscarla pero no tuve la valentía.
Voy a ir a su casa, tocar el timbre, verla y decirle todo lo que siento. Todo lo que he callado este tiempo. Cantarle las canciones que le he compuesto, decirle que la he extrañado y por más que haya gritado su nombre tres veces frente un espejo no aparecía. Decirle que me hace falta. Darle un abrazo y un beso, decirle que estoy enamorado de ella, decirle que la quiero. Contemplarla todo el día y de vez en cuando hacerle caso en algún berrinche. Hacerle un pastel para disfrutarlo después del postre, llamarla para decirle nada más que un 'hola', decirle que si la pierdo no sólo pierdo al amor de mi vida, sino a una gran amiga, a mi mejor amiga.
Ahora, después de tanto tiempo, estoy dispuesto a recuperar a aquella chica que no hizo latir mi corazón, aún sin ella seguiría latiendo. No voy a recuperar a aquella chica que de pronto me beso en los labios con pasión. No voy a recuperar a la chica de los audífonos. No voy a recuperar a la chica que en mis sueños piensa en otros, y que ese sueño se haga real.
Voy a recuperar que de pronto me gritó a la cara con furor para darme cuenta de mi inmadurés. Voy a recuperar a la chica que llegó tarde y no me quizo decir que hora era. Voy a recuperar a la chica que en mis sueños aparece, y a la que los hace real todo los días.
Fui a su casa, no tenía reloj pero calculé que eran las 7 de la noche con los vientos y la humedad. Pasé por un parque y me robé un flor. Estaba ansioso, saqué mi último cigarro, y lo boté. No iba a besarla con un tufo a cigarro. Llegué a su casa y no sabía qué hacer. Era una casa de dos pisos y con dos puertas. No sabía cual tocar.
Todo estaba en silencio, no había nadie en esa calle. Comencé a silbar lo más fuerte que podía. Alunos perros comenzaron a ladrar. Mi miedo hacia ellos, desapareció un momento.
- ¡CIELO!, ¡CIELO!, ¡CIELO!... - gritaba una y otra vez.
Alguien salía por la ventana, no sabía quien era. Supuse que era su mamá. La señora, me hacía movimientos extraños con sus brasos como diciendo, 'no está', 'no quiere verte', no sabía que quería decir.
- ¡SEÑORA NECESITO HABLAR CON CIELO!, gritaba y gritaba cada vez más fuerte.
La señora me miraba y aún me hacía esas señales raras.
- ¿Thomás? - alguien preguntó. De pronto voltié y era Cielo.
- Esta es mi casa- dijo señalando con su brazo a la casa del costado.
Sonrió y me preguntó qué hacía aquí.
Me acerqué a ella, como novela mexicana, le mostré la rosa sacada del parque, y la tiré al piso. La aplasté con mi zapatilla. Cielo me preguntó qué estaba haciendo. Seguí con mi manera de ver las cosas.
La recogí y le dije: 'Esta rosa, soy yo. Me han pisado, me han destrozado. Y la mano que me recoge eres tú, sin importar como esté me ayudas a levantarme, eso es amistad.
Tú no eres una amiga así, a decir verdad no te considero una amiga. A tí si te importó como estaba, qué me había pasado y porqué me pisaron. Y si la respuesta a tus preguntas te agradaba o no, igual me ibas a levantar, eso no es amistad. Yo creo que eso es amor. No te quiero ver como una amiga, quiero verte como mi mujer.'
Hubo un silencio en aquella calle desolada, estaba esperando a que dijera algo.
FIN
¿Amigos perdidos? La verdad es que sólo perdí a una, la única amiga, Cielo. Por mi culpa, Cielo ya no era mi amiga. Pasó hace un mes, en la academia. Estaba deprimido y llegué a la academia tarde. Cielo me mandó un mensaje de texto diciéndome que quería conversar conmigo.
Tocó el timbre del descanzo, pero no salí me quedé en el salón de clases, echado en mi carpeta como una chica cuando está con su mes y no tiene ganas de nada, así estaba yo. No me dolían los ovarios sino el corazón. Pasaron cinco minutos y Cielo llegó y movió mi cabeza con su suave y cálida palma de su mano.
- ¡No molestes!, dije un poco exhaltado.
- ¿Qué te pasa?- preguntó Cielo algo confundida por mi reacción.
- Es que llegas y ni saludas y me golpeas.
- ¿Qué?, oye sólo te estaba molestando, estabas recostado, quería sacarte una sonrisa- dijo defendiéndose de tal calumnia.
- ¿Si?, pues ya no lo hagas- dije estúpidamente.
Cielo me miró con sus ojos marrones profundamente, suspiró y dijo:
- ¿Cómo puedes ser tan estúpido?, estás sufriendo por una chica que ni fue tu amiga, que sólo era superficial. Ahora, yo una amiga, tú única amiga, vengo a levantarte el ánimo y así es, ¿cómo me tratas?
Yo quedé mirándola, y reaccioné unos segundos después de que se marchara. Me di cuenta que tenía mucha razón. Quize buscarla pero no tuve la valentía.
Voy a ir a su casa, tocar el timbre, verla y decirle todo lo que siento. Todo lo que he callado este tiempo. Cantarle las canciones que le he compuesto, decirle que la he extrañado y por más que haya gritado su nombre tres veces frente un espejo no aparecía. Decirle que me hace falta. Darle un abrazo y un beso, decirle que estoy enamorado de ella, decirle que la quiero. Contemplarla todo el día y de vez en cuando hacerle caso en algún berrinche. Hacerle un pastel para disfrutarlo después del postre, llamarla para decirle nada más que un 'hola', decirle que si la pierdo no sólo pierdo al amor de mi vida, sino a una gran amiga, a mi mejor amiga.
Ahora, después de tanto tiempo, estoy dispuesto a recuperar a aquella chica que no hizo latir mi corazón, aún sin ella seguiría latiendo. No voy a recuperar a aquella chica que de pronto me beso en los labios con pasión. No voy a recuperar a la chica de los audífonos. No voy a recuperar a la chica que en mis sueños piensa en otros, y que ese sueño se haga real.
Voy a recuperar que de pronto me gritó a la cara con furor para darme cuenta de mi inmadurés. Voy a recuperar a la chica que llegó tarde y no me quizo decir que hora era. Voy a recuperar a la chica que en mis sueños aparece, y a la que los hace real todo los días.
Fui a su casa, no tenía reloj pero calculé que eran las 7 de la noche con los vientos y la humedad. Pasé por un parque y me robé un flor. Estaba ansioso, saqué mi último cigarro, y lo boté. No iba a besarla con un tufo a cigarro. Llegué a su casa y no sabía qué hacer. Era una casa de dos pisos y con dos puertas. No sabía cual tocar.
Todo estaba en silencio, no había nadie en esa calle. Comencé a silbar lo más fuerte que podía. Alunos perros comenzaron a ladrar. Mi miedo hacia ellos, desapareció un momento.
- ¡CIELO!, ¡CIELO!, ¡CIELO!... - gritaba una y otra vez.
Alguien salía por la ventana, no sabía quien era. Supuse que era su mamá. La señora, me hacía movimientos extraños con sus brasos como diciendo, 'no está', 'no quiere verte', no sabía que quería decir.
- ¡SEÑORA NECESITO HABLAR CON CIELO!, gritaba y gritaba cada vez más fuerte.
La señora me miraba y aún me hacía esas señales raras.
- ¿Thomás? - alguien preguntó. De pronto voltié y era Cielo.
- Esta es mi casa- dijo señalando con su brazo a la casa del costado.
Sonrió y me preguntó qué hacía aquí.
Me acerqué a ella, como novela mexicana, le mostré la rosa sacada del parque, y la tiré al piso. La aplasté con mi zapatilla. Cielo me preguntó qué estaba haciendo. Seguí con mi manera de ver las cosas.
La recogí y le dije: 'Esta rosa, soy yo. Me han pisado, me han destrozado. Y la mano que me recoge eres tú, sin importar como esté me ayudas a levantarme, eso es amistad.
Tú no eres una amiga así, a decir verdad no te considero una amiga. A tí si te importó como estaba, qué me había pasado y porqué me pisaron. Y si la respuesta a tus preguntas te agradaba o no, igual me ibas a levantar, eso no es amistad. Yo creo que eso es amor. No te quiero ver como una amiga, quiero verte como mi mujer.'
Hubo un silencio en aquella calle desolada, estaba esperando a que dijera algo.
FIN
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