Otro día más (me he dado cuenta que esta historia parece un diario), era jueves en la mañana, me levanté tarde. Me di un baño raudamente, tomé un vaso con leche y partí hacía mi centro de estudio. Pasó el día muy rápido, estaba ansioso de ver a Daniella. De ver sus ojos color café, su cabello castaño, su naríz que tiene como una bolita en la punta, algunas pequitas en su rostro blanco, su lunar en forma de corazón en su pecho. Ese día de supuesto 'verano' hacía frio. Me acerqué a la tienda para comprar un cigarrillo. Saqué mi billetera, pero alguien dijo a unos pocos metros de mí.
- ¿Qué vas a comprar, Thomas?- En ese momento sentí algo frío que recorría rápidamente por mi cuerpo.
- Daniella, hola, qué sorpresa. ¿Cómo estás?- dije guardando mi billetera en el bolsillo de atrás.
- Bien bien, ¿no ibas a comprar cigarros, verdad?. Preguntó con algo de sospecha.
- NO! ¿como crees? Yo nunca he fumado- dije riendo y acercándome a ella para darle un beso en la mejilla.
Ella también rió y caminamos hacia el paradero 'nuestro paradero'. Me contó cómo le había ido en el día. Me dijo que tenía ganas de caminar. Le pregunté si quería caminar, si quería estar acompañada, si podía acompañarla a su casa. Ella dijo que sí, que no había ningún problema.
Comenzamos a caminar y a conversar. Le conté como era. Jodido, molestoso, chinche, chistoso, amigable, confiable, jodido, deportista, jodido. Ella reía cada 10 segundos, hacía cualquier tipo de bromas para que riera y yo poder disfrutar de su linda sonrisa, disfrutar del momento. Seguíamos caminando por los grandes parques de Miraflores, cuando de pronto vi una cosita pequeñita y anaranjada.
- Un gatito.- dije con voz de ternura. Daniella volteó y lo vio.
- ¡Qué lindo!, mira un gato negro. Volví a voltear mi cabeza y a unos metros del pequeño minino anaranjado, había un gato de color negro.
- ¿Eres supersticiosa?- le pregnté.
- No, pero puede ser que nos pase algo- dijo.
Por dos largos segundos, nos miramos y nos quedamos callados. Seguimos caminando, parecía largo el camino. De pronto, sentí que pisaba algo muy extraño, algo blando, algo suave, algo como... excremento de perro.
- ¡AJJJ! ¡QUÉ ASCO!- dije gritando como una niña engreída.
Daniella comenzó a matarse de risa escandaloza.
THOMAS PISO CACA, THOMAS PISO CACA.
Las personas que pasaban por ahí, nos miraban raro, pero Daniella seguía riendose y gritando escandalosamente. Algunas personas del lugar se reían, otros ponían su cara de asco. Daniella seguía riéndose y yo también, sonreía con verla feliz.
Seguimos caminando y me dio sed. Daniella y yo entramos a una tienda. Le pregunté si quería algo de tomar o de comer, ella agradeció mi oferta pero no quería nada. Cogí una botella con agua, me acerqué a la caja registradora para pagar. Saqué mi billetera, saqué un billete de 10 nuevos soles y se lo dí a la persona encargada de recibir el dinero.
- Este billete está falso, joven. - dijo la mujer en la caja.
- Pero, ¿cómo puede ser eso cierto?- me entregó el billete. Yo lo estiré lo puse a contraluz. - Está bueno, señorita- dije entregándole nuevamente el billete.
Había un señor que era el encargado, vino hacia donde estabamos nosotros y tomó el billete.
- Este billete esta falso, será decomizado y dado a la policía.
Quedé completamente desorbitado. Le pedí que me devolviera el billete. El señor supervisor se negó. Levanté mi voz y volví a repetirle. El supervisor coenzó a alterarse y yo también. Estaba apunto de pelearme físicamente. Estabamos cara a cara, recordándonos cada uno como eran nuestras vidas. De pronto, alguien me tomó del brazo, era Daniella.
- Thomas, vámonos de aquí, por favor.
Dejé mi amargura y me di media vuelta y salí de aquel lugar. Caminé una cuadra y me senté en una banca, Daniella se sentó a mi costado.
- ¿Qué te pasa?- preguntó.
- Estoy cansado y quería respirar un rato.
- Sabemos que te sucede algo, si quieres puedes contármelo.
Era tan extraño como una chica que apenas conocías unos 2 días, de pronto, se preocupa por tí y sabe qe te sucede algo.
- Nunca antes he salido de una riña, sin dejar bien claro quién era y cómo son mis golpes. Soy un poco cavernícola en ese aspecto. Soy muy peliche, me gusta ganar, sacar pica. Pero me sacaste de ese lugar y se que fue lo mejor, pero e siento algo extraño. Me quitaron 10 soles y pisé caca de perro.
Daniella me miró, sonrió y me dijo:
- ¿Quieres ir a una fiesta este sábado?
La miré y le dije que sí.
miércoles, 31 de marzo de 2010
lunes, 22 de marzo de 2010
Caída libre - Capitulo III - No fumes con la uña
Era el tercer día de la primera semana de Marzo. Y los estudios no eran en lo único que pensaba. Había un pequeño problema... Daniella. No era Daniela, era Da-niel-la. Un nombre muy hermozo para una chica tan bella. Quería conversar con ella, pero no en un bus ni en un paradero. Quería invitarla a salir, quizás a ver una película o caminar por la playa. Pero sabía que no podía hacer eso, tenía que conocerla mejor. Así que acepté la idea de conversar en el bus o en el paradero.
Mi vida era una rutina los días de la semana, de 8 de la mañana a 4 de la tarde. Después de ese horario, ya era cosa mía como vivir mi adolescencia. Ese día miercoles, salí a la hora de siempre. Caminé hacia el paradero, un poco apurado para ver a Daniella. Saqué mi goma de mascar de sabor a menta, para que mi aliento esté fresco. A lo lejos veía el paradero y vi a Daniella con un chico. Llegué y me vio, me saludo con un 'hola', yo le respondí con la misma palabra y vi aquel chico que hacía compañía, también le dije 'hola'. Escuchaba como se reían, como jugaban. Sentía un poco de celos. Ellos seguían conversando, saqué un cigarrillo, lo prendí y comencé a fumar. No sabía porqué. Como que me sentí un poco desilusionado, ella estaba con otro. No sabía si era su novio, su amigo o su gileo. Se estacionó un auto de color rojo en la calle de al frente. El chico que conversaba con Daniella le da un beso en el cachete y sube al auto rojo. Daniella voltió a verme.
- No sabía que fumabas- dijo con un poco de curiosidad y aborrecimiento.
- Te incomoda? Si es así lo boto- le contesté con un tono algo serio.
Ella quedó en silencio y se dio media vuelta.
- Cuando acabes de malograr tus pulmones, me avizas- dijo.
Yo seguía fumando y comencé a comprender lo que me dijo. Quería que deje de fumar. Tiré el cigarrilo al piso y lo aplasté con mi zapatilla.
-Ya, -dije. Hablando con la espalda de Daniella. No volteó, estaba con sus audífonos azules. YA, hablé un poco fuerte. Ella seguía sin voltear. Caminé unos pasos y me puse frente a ella. Ella se sacó los audífonos. Volví a repetir por 3ra vez. YA,ya acabé de fumar.
Ella me miró a los ojos. Podía verme en su reflejo, tenía los ojos cafés más hermosos del universo.
- No fumes- me dijo.
- No puedo prometerte nada- respondí
- No fumes, por favor- volvió a repetirlo.
Me quedé en silencio. Saqué mi cajetilla de cigarros y se lo di.
- Toma, te lo regalo.- le dije extendiendo mi mano con la cajetilla. Ella lo tomó y se quedó callada.
Cuando ella extendió su mano, pude ver que sus uñas estaban muy cortas. Pero muy, muy cortas. Parecía que se las mordía.
- Dejaré de fumar, si tu dejas de morderte las uñas- dije. Daniella al escuchar eso escondió sus manos. -No hay porqué avergonzarse, si no te muerdes las uñas yo no fumo, si?- le propuse ese trato. Ella asintió con la cabeza, aceptando el pacto.
Luego de ese gran momento juntos, comenzamos a converzar. A conocernos un poco más.
Daniella Christina López Rodríguez, 16 años, vivé en Miraflores (a 5 cuadras de mi casa), le gustan los perros, tiene un hermano de 19 años. Le gusta nadar, leer, la playa, caminar, bailar, actuar y cantar. Es graciosa y se rie de casi todo. Pero lo que me hizo pensar fue cuando le pregunté.
- ¿Cuántos enamorados has tenido?- Se quedó callada, no dijo nada. Repetí la pregunta. Ella me miró y dijo: 'NO CREO EN EL AMOR'
Hasta ese momento estabamos en el paradero, justo cuando me quedé algo espantado y confundido. Llegó el autobus. Subimos. Habían dos asientos juntos. Nos sentamos y le dije: ¿Qué? ¿Cómo que no crees en el amor? ¿No has tenido novio? ¿Y el chico con quién hablabas?. Plantié las 4 preguntas al mismo tiempo. Ella respiró y me dijo que me calmara.
- No me gusta tener que ser algo de alguien, soy independiente. El amor no existe, sólo pasas bien un momento y luego todo se acaba. Y ese chico, es un amigo que me estaba invitando a una fiesta. ¿Alguna otra pregunta?
Me quedé callado.
- Y, ¿vas a ir?- dije.
- ¿A dónde?
- A tu fiesta.
- Si no tengo algo que hacer el sábado, ¿por qué no?
Mi vida era una rutina los días de la semana, de 8 de la mañana a 4 de la tarde. Después de ese horario, ya era cosa mía como vivir mi adolescencia. Ese día miercoles, salí a la hora de siempre. Caminé hacia el paradero, un poco apurado para ver a Daniella. Saqué mi goma de mascar de sabor a menta, para que mi aliento esté fresco. A lo lejos veía el paradero y vi a Daniella con un chico. Llegué y me vio, me saludo con un 'hola', yo le respondí con la misma palabra y vi aquel chico que hacía compañía, también le dije 'hola'. Escuchaba como se reían, como jugaban. Sentía un poco de celos. Ellos seguían conversando, saqué un cigarrillo, lo prendí y comencé a fumar. No sabía porqué. Como que me sentí un poco desilusionado, ella estaba con otro. No sabía si era su novio, su amigo o su gileo. Se estacionó un auto de color rojo en la calle de al frente. El chico que conversaba con Daniella le da un beso en el cachete y sube al auto rojo. Daniella voltió a verme.
- No sabía que fumabas- dijo con un poco de curiosidad y aborrecimiento.
- Te incomoda? Si es así lo boto- le contesté con un tono algo serio.
Ella quedó en silencio y se dio media vuelta.
- Cuando acabes de malograr tus pulmones, me avizas- dijo.
Yo seguía fumando y comencé a comprender lo que me dijo. Quería que deje de fumar. Tiré el cigarrilo al piso y lo aplasté con mi zapatilla.
-Ya, -dije. Hablando con la espalda de Daniella. No volteó, estaba con sus audífonos azules. YA, hablé un poco fuerte. Ella seguía sin voltear. Caminé unos pasos y me puse frente a ella. Ella se sacó los audífonos. Volví a repetir por 3ra vez. YA,ya acabé de fumar.
Ella me miró a los ojos. Podía verme en su reflejo, tenía los ojos cafés más hermosos del universo.
- No fumes- me dijo.
- No puedo prometerte nada- respondí
- No fumes, por favor- volvió a repetirlo.
Me quedé en silencio. Saqué mi cajetilla de cigarros y se lo di.
- Toma, te lo regalo.- le dije extendiendo mi mano con la cajetilla. Ella lo tomó y se quedó callada.
Cuando ella extendió su mano, pude ver que sus uñas estaban muy cortas. Pero muy, muy cortas. Parecía que se las mordía.
- Dejaré de fumar, si tu dejas de morderte las uñas- dije. Daniella al escuchar eso escondió sus manos. -No hay porqué avergonzarse, si no te muerdes las uñas yo no fumo, si?- le propuse ese trato. Ella asintió con la cabeza, aceptando el pacto.
Luego de ese gran momento juntos, comenzamos a converzar. A conocernos un poco más.
Daniella Christina López Rodríguez, 16 años, vivé en Miraflores (a 5 cuadras de mi casa), le gustan los perros, tiene un hermano de 19 años. Le gusta nadar, leer, la playa, caminar, bailar, actuar y cantar. Es graciosa y se rie de casi todo. Pero lo que me hizo pensar fue cuando le pregunté.
- ¿Cuántos enamorados has tenido?- Se quedó callada, no dijo nada. Repetí la pregunta. Ella me miró y dijo: 'NO CREO EN EL AMOR'
Hasta ese momento estabamos en el paradero, justo cuando me quedé algo espantado y confundido. Llegó el autobus. Subimos. Habían dos asientos juntos. Nos sentamos y le dije: ¿Qué? ¿Cómo que no crees en el amor? ¿No has tenido novio? ¿Y el chico con quién hablabas?. Plantié las 4 preguntas al mismo tiempo. Ella respiró y me dijo que me calmara.
- No me gusta tener que ser algo de alguien, soy independiente. El amor no existe, sólo pasas bien un momento y luego todo se acaba. Y ese chico, es un amigo que me estaba invitando a una fiesta. ¿Alguna otra pregunta?
Me quedé callado.
- Y, ¿vas a ir?- dije.
- ¿A dónde?
- A tu fiesta.
- Si no tengo algo que hacer el sábado, ¿por qué no?
viernes, 19 de marzo de 2010
Caida libre - Capitulo II - La ventana de emergencia
Luego de ese gran día, cuando vi por primera vez a la chica de los audífonos, esperaba con ansias el día siguiente. Leí un poco, y me heché a dormir. No recuerdo que soñe, pero apuesto que fue con ella. En la mañana siguiente, mi mamá me despertó. Me levanté de la cama, caminé hacia el baño, me quite la ropa, abrí la llave de la ducha, y me bañé. Pasaron unos 10 minutos, ya estaba muy despierto. Abrí mi ropero y cogí una camiza, la cual que me quedaba muy bien. Cogí mis zapatillas y caminé hasta el comedor, el desayuno estaba servido. Comí 3 panes con jamón y queso, y tomé una taza con leche. Terminé de comer, fui al baño y me cepillé los dientes. Cogí mi mochila y fui al colegio.
Llegué al colegio, pasaron unos 3 minutos de haber comenzado las clases y ya quería que acaben. Deseaba con ansias que sean las 3:45 de la tarde para poder salir, y caminar a ese paradero donde pude ver la chica de los audifonos, la hermoza chica de cabello lacio y con ondas en las puntas. Seguí sufriendo unas horas más, hasta que ya iban a ser las 3:45. Veía al coordinador de piso caminar hacia mi salón, y asía fue. Entró a i salón, todos nos paramos y lo saludammos. Nos dijo que nos sentáramos. Comenzó a hablarnos del orden del aula, de la puntualidad y cosas vanas y sin sentido. Eran las 3:55 cuando dijo: ' Pueden retirarse', mis compañeros salían casi corriendo. Yo, sí salía corriendo. Llegué al paradero donde, supuestamente encontraría a aquella chica que me hacía perder los estrivos. La calle estaba sin ninguna persona, había pasado 15 minutos y no veía ningún rastro de aquella chica. Me senté en la banca del paradero, no pasaba el bus para poder irme. A lo lejos vi una chica, me paré emocionado pensando que era ella, pero no era. Volví a sentarme, escuché que el gran bus se acercaba. Estaba un poco entristesido, algo desilusionado. Me había hecho demasiadas ilusiones con esa chica que nisiquiera conocía. El bus paró, abrió la puerta y subí. Caminé por el pasadizo y había un asiento libre y al costado se encontraba una señora sentada. Caminé para sentarme ahí y de pronto un sonido muy familiar se escuchó.
'Están listos chicos? si capitán estamos listos...' Era la canción de Bob Esponja. De pronto, miré de dónde provenía el sonido. SI!, era ella. Era aquella chica de los audífonos, sólo que no los tenía puesto sino que hablaba por teléfono. Mientras ella conversaba por teléfono, podía ver que estaba al costado de la ventana de emergencia. Terminó de hablar, aún me perdía en su voz como la primera vez. Estaba sentada y al costado había un asiento libre. Caminé donde ella y le pregunté si podía sentarme. Ella asintió la cabeza como si no le importaba si me sentaba junto a ella. Estaba nervioso, estaba ansioso. Quería hablarle, pero no se me ocurría nada. No sabía que hacer.
- Y tus audífonos?- pregunté. No sé de donde salió esa pregunta tan tonta, podría pensar que era un loco, un acosador.
No respondió. Dejé de mirarla, como esperando una respuesta. Miré al otro lado.
- Se me perdieron. - dijo con su voz tan angelical que me hacía tocar las estrellas. En ese momento, estando tan cerca de ella, pude ver una mancha en forma de corazón. Era bellízimo.
- Espero que los encuentres, chica de los audífonos- dije con un tono de cumplido. Ella sonrió.
- Soy Thomás- le dije esperando a que ella me dijera su nombre. Para saber el nombre de la chica que hacía ponerme tonto.
- Me llamo Daniella- dijo. -Te puedo preguntar algo?- dijo Daniella. Yo me quedé un poco confundido, ya que no sabía que podría preguntarme. Le respondí que sí.
- No te asustes, pero creo que debiste bajar del bus 2 paraderos atrás, Bueno... así fue ayer.- dijo. Quedé idiota. Uno, porque tedría que caminar 5 cuadras para llegar a mi casa, en vez de una; y dos, porque se acordaba de dónde bajaba.
- Ui!, de veras. Que tonto- dije. Me levanté y ella me pidió que la esperara, que ella también bajaba en el paradero que venía. Toqué el timbre del bus para avizarle al chofer. El bus paró, esperé a que ella baje primero y luego yo. Daniella dijo que ella podía irse sola, yo no me opuse. Levanté la mano y dije 'adiós', ella me imitó. Se dio media vuelta y comenzó a caminar. Yo me di media vuelta y casi me desmayo.
Llegué al colegio, pasaron unos 3 minutos de haber comenzado las clases y ya quería que acaben. Deseaba con ansias que sean las 3:45 de la tarde para poder salir, y caminar a ese paradero donde pude ver la chica de los audifonos, la hermoza chica de cabello lacio y con ondas en las puntas. Seguí sufriendo unas horas más, hasta que ya iban a ser las 3:45. Veía al coordinador de piso caminar hacia mi salón, y asía fue. Entró a i salón, todos nos paramos y lo saludammos. Nos dijo que nos sentáramos. Comenzó a hablarnos del orden del aula, de la puntualidad y cosas vanas y sin sentido. Eran las 3:55 cuando dijo: ' Pueden retirarse', mis compañeros salían casi corriendo. Yo, sí salía corriendo. Llegué al paradero donde, supuestamente encontraría a aquella chica que me hacía perder los estrivos. La calle estaba sin ninguna persona, había pasado 15 minutos y no veía ningún rastro de aquella chica. Me senté en la banca del paradero, no pasaba el bus para poder irme. A lo lejos vi una chica, me paré emocionado pensando que era ella, pero no era. Volví a sentarme, escuché que el gran bus se acercaba. Estaba un poco entristesido, algo desilusionado. Me había hecho demasiadas ilusiones con esa chica que nisiquiera conocía. El bus paró, abrió la puerta y subí. Caminé por el pasadizo y había un asiento libre y al costado se encontraba una señora sentada. Caminé para sentarme ahí y de pronto un sonido muy familiar se escuchó.
'Están listos chicos? si capitán estamos listos...' Era la canción de Bob Esponja. De pronto, miré de dónde provenía el sonido. SI!, era ella. Era aquella chica de los audífonos, sólo que no los tenía puesto sino que hablaba por teléfono. Mientras ella conversaba por teléfono, podía ver que estaba al costado de la ventana de emergencia. Terminó de hablar, aún me perdía en su voz como la primera vez. Estaba sentada y al costado había un asiento libre. Caminé donde ella y le pregunté si podía sentarme. Ella asintió la cabeza como si no le importaba si me sentaba junto a ella. Estaba nervioso, estaba ansioso. Quería hablarle, pero no se me ocurría nada. No sabía que hacer.
- Y tus audífonos?- pregunté. No sé de donde salió esa pregunta tan tonta, podría pensar que era un loco, un acosador.
No respondió. Dejé de mirarla, como esperando una respuesta. Miré al otro lado.
- Se me perdieron. - dijo con su voz tan angelical que me hacía tocar las estrellas. En ese momento, estando tan cerca de ella, pude ver una mancha en forma de corazón. Era bellízimo.
- Espero que los encuentres, chica de los audífonos- dije con un tono de cumplido. Ella sonrió.
- Soy Thomás- le dije esperando a que ella me dijera su nombre. Para saber el nombre de la chica que hacía ponerme tonto.
- Me llamo Daniella- dijo. -Te puedo preguntar algo?- dijo Daniella. Yo me quedé un poco confundido, ya que no sabía que podría preguntarme. Le respondí que sí.
- No te asustes, pero creo que debiste bajar del bus 2 paraderos atrás, Bueno... así fue ayer.- dijo. Quedé idiota. Uno, porque tedría que caminar 5 cuadras para llegar a mi casa, en vez de una; y dos, porque se acordaba de dónde bajaba.
- Ui!, de veras. Que tonto- dije. Me levanté y ella me pidió que la esperara, que ella también bajaba en el paradero que venía. Toqué el timbre del bus para avizarle al chofer. El bus paró, esperé a que ella baje primero y luego yo. Daniella dijo que ella podía irse sola, yo no me opuse. Levanté la mano y dije 'adiós', ella me imitó. Se dio media vuelta y comenzó a caminar. Yo me di media vuelta y casi me desmayo.
sábado, 6 de marzo de 2010
Caida libre - Capitulo I - La chica con audífonos
Era lunes, esperando en aquel paradero al buss que me llevaría a mi dulce hogar. A 3 cuadras vi que venía aquel gran buss, intenté pararlo pero siguió de frente. Caminé unas cuadras para comprar una botella con agua, la compré y justo cuando estaba pagando, pasó otro buss. Decidí esperar en aquel paradero, pero ya sin moverme. Pasaron 10 minutos aproximadamente, y a unas cuadras vi a una chica con audífonos, estatura mediana, de piel blanca, cabello lacio y con ondas, cintura pequeña, senos de normal tamaño, trasero... yo veo todos iguales, uñas cortas (a mi parecer, se las comía), labios delgados, nariz perfecta, ojos marrones y con una gran sonrisa escuchaba su reproductor de música. Se paró a unos 2 metros de donde estaba yo, miraba por si venía su transporte (derrepente la iban a recoger). Pasaron unos 5 minutos y mi celular comenzó a sonar, metí mi mano al bolsillo izquierdo de mi pantalón, cogí mi celular, y contesté.
'Aló, mamita'. Dije al contestar el móvil, era mi mamá, estaba algo preocupada, preguntando a que hora llegaría. 'Ya mamita', 'yo también te amo', 'si, ya estoy llegando' y 'un besito para tí también', eran las únicas frases que dije en aquel lugar, en aquel paradero. Mientras hablaba con mi cariñosa madre, la chica de los audífonos voltió para mirar quién era el que conversaba cerca de ella, voltió y soltó una sonrisa como de burla y de ternuera. Volvió a mirar la fila de carros que pasaban por la pista. Al ver la sonrisa de aquella chica, quedé imnotizado y a la vez algo avergonzado, corté el móvil, lo metí a mi bolsillo izquierdo y tomé un poco de agua de la botella que había comprado hace un rato. Seguía esperando a que el buss llegará. A 3 cuadras vi al buss que llegaba, estiré mi brazo como señal de que quería subir. La chica de los audífonos también levantó el brazo. El buss comenzó a frenar y paró justo donde yo estaba abrió la puerta y esperé que la chica que se había reido tiernamente del cariño de mi madre, subiera. Luego de que subió, subí yo. El buss cerró la puerta y comenzóa a avanzar. Había un solo asiento vacío, aquella chica de los audífonos se sentó en él. Yo estaba parado, era la única persona parada, estaba a un metro de aquella chica. Todo estaba en silencio, sólo se escuchaba el motor del carro. De pronto, sonó un celular, las personas del vehículo estaban sorprendidas por el sonido, era la canción de Bob Esponja. Algunas risas y sonrisas se escucharon. La chica de los audífonos se sacó los audífonos y contestó su teléfono móvil. Contestó y dijo 'Aló', en ese momento quedé congelado, perpléjico, idiota. Su voz era como la de un ángel, algo ronquita y dulce. Sentía que estaba en el cielo, convensando con el propio Dios, sentía que volaba. Volví a la realidad, y la chica de los audífonos seguía conversando por teléfono. 'Si,mamá', 'ya estoy llegando', 'yo también te amo', 'no, yo más', 'ya mamita', 'un abraso de oso'. Guardó su móvil en su cartera. La miraba fijamente con una sonrisa un poco burlona, pero tierna, así como ella me estaba mirando cuando conversaba con mi madre. Cogió sus audífonos y se los puso y en ese mmomento levantó la cabeza y vio que la estaba mirando con esa sonrisa, así como ella me había mirado antes. Bajó la mirada, y se sonrojó un poco. Sentía en mi interior una sensación extraña, no sabía porqué estaba tan contento y sonriendo. Llegué al paradero que queda a una cuadra de mi casa, y bajé. Voltié para ver aquella chica que estaba sentada al lado de la ventana, y al hacerlo ella me estaba mirando. Seguí caminando con una sonrisa más grande aún. Deseaba verla de nuevo en aquel paradero, deseaba conocerla.
'Aló, mamita'. Dije al contestar el móvil, era mi mamá, estaba algo preocupada, preguntando a que hora llegaría. 'Ya mamita', 'yo también te amo', 'si, ya estoy llegando' y 'un besito para tí también', eran las únicas frases que dije en aquel lugar, en aquel paradero. Mientras hablaba con mi cariñosa madre, la chica de los audífonos voltió para mirar quién era el que conversaba cerca de ella, voltió y soltó una sonrisa como de burla y de ternuera. Volvió a mirar la fila de carros que pasaban por la pista. Al ver la sonrisa de aquella chica, quedé imnotizado y a la vez algo avergonzado, corté el móvil, lo metí a mi bolsillo izquierdo y tomé un poco de agua de la botella que había comprado hace un rato. Seguía esperando a que el buss llegará. A 3 cuadras vi al buss que llegaba, estiré mi brazo como señal de que quería subir. La chica de los audífonos también levantó el brazo. El buss comenzó a frenar y paró justo donde yo estaba abrió la puerta y esperé que la chica que se había reido tiernamente del cariño de mi madre, subiera. Luego de que subió, subí yo. El buss cerró la puerta y comenzóa a avanzar. Había un solo asiento vacío, aquella chica de los audífonos se sentó en él. Yo estaba parado, era la única persona parada, estaba a un metro de aquella chica. Todo estaba en silencio, sólo se escuchaba el motor del carro. De pronto, sonó un celular, las personas del vehículo estaban sorprendidas por el sonido, era la canción de Bob Esponja. Algunas risas y sonrisas se escucharon. La chica de los audífonos se sacó los audífonos y contestó su teléfono móvil. Contestó y dijo 'Aló', en ese momento quedé congelado, perpléjico, idiota. Su voz era como la de un ángel, algo ronquita y dulce. Sentía que estaba en el cielo, convensando con el propio Dios, sentía que volaba. Volví a la realidad, y la chica de los audífonos seguía conversando por teléfono. 'Si,mamá', 'ya estoy llegando', 'yo también te amo', 'no, yo más', 'ya mamita', 'un abraso de oso'. Guardó su móvil en su cartera. La miraba fijamente con una sonrisa un poco burlona, pero tierna, así como ella me estaba mirando cuando conversaba con mi madre. Cogió sus audífonos y se los puso y en ese mmomento levantó la cabeza y vio que la estaba mirando con esa sonrisa, así como ella me había mirado antes. Bajó la mirada, y se sonrojó un poco. Sentía en mi interior una sensación extraña, no sabía porqué estaba tan contento y sonriendo. Llegué al paradero que queda a una cuadra de mi casa, y bajé. Voltié para ver aquella chica que estaba sentada al lado de la ventana, y al hacerlo ella me estaba mirando. Seguí caminando con una sonrisa más grande aún. Deseaba verla de nuevo en aquel paradero, deseaba conocerla.
jueves, 4 de marzo de 2010
Caida libre
Seguía bebiendo esa copa de vino, era la 14va, pero aún sin sentir el alcohol haciendo efecto en mi cuerpo. No me daba sueño, ni me daba mareos, estaba tal y como había entrado a mi casa. Con los ojos rojos, un poco desquiciado, mojado por la lluvia, apunto de tener una neumonía, con el corazón partido en dos. Seguía bebiendo otro poco de vino, no le sentía el sabor ni la escencia como cuando mi abuelo me enseñó a hacerlo. Saqué la cajetilla de cigarros que habría comprado minutos después de haberla visto. Ropí el plástico que lo forraba, abrí la cajetilla y procedí a sacar un cigarrillo. Me lo puse en la boca, estaba seco, no me podría creer que después de 11 años, 6 meces y 2 días y medio, aya hacho eso. Metí mi mano al bolsillo de la camisa azul que tanto le gustaba, cogí el encendedor, que había comprado algún día aquellos en donde todo era felicidad y amor, saqué la chispa y apreté la vía para que salgase el gas. Hubo fuego, pensé en cómo y cuándo fue que el fuego se había extinguido entre ella y yo, asomé el cigarro con mi boca, aspiré y sentí como el humo del tabaco entraba a mis pulmones y como el oxígeno contaminado, llegaba a oxigenar mi cerebro. Había parado de llover, sólo sentía gotitas de la llovisna mojaban mi cara seca y pálida, hacía frio, sentía frio. Sentado en aquel balcón de mi apartamento, recordaba todas aquellas cosas que me sucedieron en los últimos 11 años, 6 meces y 2 días y medio. Cosas buenas, cosas malas, cosas dolorozas, cosas placenteras, cosas divertidas, cosas raras, cosas feas, cosas que nunca olvidaré. Pero sólo me quedo con las cosas dolorozas, cosas divertidas y cosas que nunca olvidaré.
Caida libre
Antes de comenzar a leer este relato, debes de saber que no es una historia de amor más, tampoco es una de terror, ni de hombres lobos ni vampiros. Es una historia de la vida real, es una historia sin un final feliz o derrepente sí, o como quieras verlo. Escribiré un capítulo por semana, espero que os agrade y, si tienen alguna crítica constructiva, hacérmela llegar.
miércoles, 3 de marzo de 2010
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