jueves, 4 de marzo de 2010

Caida libre

Seguía bebiendo esa copa de vino, era la 14va, pero aún sin sentir el alcohol haciendo efecto en mi cuerpo. No me daba sueño, ni me daba mareos, estaba tal y como había entrado a mi casa. Con los ojos rojos, un poco desquiciado, mojado por la lluvia, apunto de tener una neumonía, con el corazón partido en dos. Seguía bebiendo otro poco de vino, no le sentía el sabor ni la escencia como cuando mi abuelo me enseñó a hacerlo. Saqué la cajetilla de cigarros que habría comprado minutos después de haberla visto. Ropí el plástico que lo forraba, abrí la cajetilla y procedí a sacar un cigarrillo. Me lo puse en la boca, estaba seco, no me podría creer que después de 11 años, 6 meces y 2 días y medio, aya hacho eso. Metí mi mano al bolsillo de la camisa azul que tanto le gustaba, cogí el encendedor, que había comprado algún día aquellos en donde todo era felicidad y amor, saqué la chispa y apreté la vía para que salgase el gas. Hubo fuego, pensé en cómo y cuándo fue que el fuego se había extinguido entre ella y yo, asomé el cigarro con mi boca, aspiré y sentí como el humo del tabaco entraba a mis pulmones y como el oxígeno contaminado, llegaba a oxigenar mi cerebro. Había parado de llover, sólo sentía gotitas de la llovisna mojaban mi cara seca y pálida, hacía frio, sentía frio. Sentado en aquel balcón de mi apartamento, recordaba todas aquellas cosas que me sucedieron en los últimos 11 años, 6 meces y 2 días y medio. Cosas buenas, cosas malas, cosas dolorozas, cosas placenteras, cosas divertidas, cosas raras, cosas feas, cosas que nunca olvidaré. Pero sólo me quedo con las cosas dolorozas, cosas divertidas y cosas que nunca olvidaré.

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