miércoles, 31 de marzo de 2010

Caída libre - Capitulo IV - El gato negro

Otro día más (me he dado cuenta que esta historia parece un diario), era jueves en la mañana, me levanté tarde. Me di un baño raudamente, tomé un vaso con leche y partí hacía mi centro de estudio. Pasó el día muy rápido, estaba ansioso de ver a Daniella. De ver sus ojos color café, su cabello castaño, su naríz que tiene como una bolita en la punta, algunas pequitas en su rostro blanco, su lunar en forma de corazón en su pecho. Ese día de supuesto 'verano' hacía frio. Me acerqué a la tienda para comprar un cigarrillo. Saqué mi billetera, pero alguien dijo a unos pocos metros de mí.
- ¿Qué vas a comprar, Thomas?- En ese momento sentí algo frío que recorría rápidamente por mi cuerpo.
- Daniella, hola, qué sorpresa. ¿Cómo estás?- dije guardando mi billetera en el bolsillo de atrás.
- Bien bien, ¿no ibas a comprar cigarros, verdad?. Preguntó con algo de sospecha.
- NO! ¿como crees? Yo nunca he fumado- dije riendo y acercándome a ella para darle un beso en la mejilla.

Ella también rió y caminamos hacia el paradero 'nuestro paradero'. Me contó cómo le había ido en el día. Me dijo que tenía ganas de caminar. Le pregunté si quería caminar, si quería estar acompañada, si podía acompañarla a su casa. Ella dijo que sí, que no había ningún problema.

Comenzamos a caminar y a conversar. Le conté como era. Jodido, molestoso, chinche, chistoso, amigable, confiable, jodido, deportista, jodido. Ella reía cada 10 segundos, hacía cualquier tipo de bromas para que riera y yo poder disfrutar de su linda sonrisa, disfrutar del momento. Seguíamos caminando por los grandes parques de Miraflores, cuando de pronto vi una cosita pequeñita y anaranjada.


- Un gatito.- dije con voz de ternura. Daniella volteó y lo vio.
- ¡Qué lindo!, mira un gato negro. Volví a voltear mi cabeza y a unos metros del pequeño minino anaranjado, había un gato de color negro.
- ¿Eres supersticiosa?- le pregnté.
- No, pero puede ser que nos pase algo- dijo.


Por dos largos segundos, nos miramos y nos quedamos callados. Seguimos caminando, parecía largo el camino. De pronto, sentí que pisaba algo muy extraño, algo blando, algo suave, algo como... excremento de perro.

- ¡AJJJ! ¡QUÉ ASCO!- dije gritando como una niña engreída.
Daniella comenzó a matarse de risa escandaloza.
THOMAS PISO CACA, THOMAS PISO CACA.
Las personas que pasaban por ahí, nos miraban raro, pero Daniella seguía riendose y gritando escandalosamente. Algunas personas del lugar se reían, otros ponían su cara de asco. Daniella seguía riéndose y yo también, sonreía con verla feliz.

Seguimos caminando y me dio sed. Daniella y yo entramos a una tienda. Le pregunté si quería algo de tomar o de comer, ella agradeció mi oferta pero no quería nada. Cogí una botella con agua, me acerqué a la caja registradora para pagar. Saqué mi billetera, saqué un billete de 10 nuevos soles y se lo dí a la persona encargada de recibir el dinero.
- Este billete está falso, joven. - dijo la mujer en la caja.
- Pero, ¿cómo puede ser eso cierto?- me entregó el billete. Yo lo estiré lo puse a contraluz. - Está bueno, señorita- dije entregándole nuevamente el billete.
Había un señor que era el encargado, vino hacia donde estabamos nosotros y tomó el billete.
- Este billete esta falso, será decomizado y dado a la policía.
Quedé completamente desorbitado. Le pedí que me devolviera el billete. El señor supervisor se negó. Levanté mi voz y volví a repetirle. El supervisor coenzó a alterarse y yo también. Estaba apunto de pelearme físicamente. Estabamos cara a cara, recordándonos cada uno como eran nuestras vidas. De pronto, alguien me tomó del brazo, era Daniella.
- Thomas, vámonos de aquí, por favor.
Dejé mi amargura y me di media vuelta y salí de aquel lugar. Caminé una cuadra y me senté en una banca, Daniella se sentó a mi costado.
- ¿Qué te pasa?- preguntó.
- Estoy cansado y quería respirar un rato.
- Sabemos que te sucede algo, si quieres puedes contármelo.

Era tan extraño como una chica que apenas conocías unos 2 días, de pronto, se preocupa por tí y sabe qe te sucede algo.

- Nunca antes he salido de una riña, sin dejar bien claro quién era y cómo son mis golpes. Soy un poco cavernícola en ese aspecto. Soy muy peliche, me gusta ganar, sacar pica. Pero me sacaste de ese lugar y se que fue lo mejor, pero e siento algo extraño. Me quitaron 10 soles y pisé caca de perro.

Daniella me miró, sonrió y me dijo:
- ¿Quieres ir a una fiesta este sábado?
La miré y le dije que sí.

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