martes, 18 de mayo de 2010

Caída libre - Capitulo VIII - ¿Qué me ha hecho?

Era una tarde gris. Hechado en mi cama, recordando esos momentos con Daniella. Pensaba en ella, pensaba en aquel beso que hizo estremecerme, que me hizo levitar, llegar a las nubes. No sabía porqué no había estado en el paradero como siempre. Quizá no fue a estudiar o quizá ya estaba aburrida de mí.
Escuchaba canciones de una estación de radio donde sólo ponían temas románticos, baladas.
Cogí mi guitarra y comencé a tocar algunos acordes, comenzó a sonar una melodía bonita. Seguí con la melodía y me paré a coger mi cuaderno de canciones. Lo abrí y comencé a tocar canciones que ya había escrito, y las empecé a tocar y cantar. Seguí así hasta que ya no tenía más canciones para cantar. Volví a tocar aquella melodía bonita y cogí mi bolígrafo. Comencé a escribir unas palabra relacionadas con los sucesos del día de hoy.
'Yo te encontré sin buscarte, yo me ilusioné sin estar en el paraiso. Yo pensándote hasta cuando duermo, tu durmiendo y pensando en mí...'
De pronto, mi teléfono celular comenzó a sonar. Era un mensaje, no sabía de quien era. Decía:
'Hola, estaba llendo al paradero para ver si estabas, pero te vi con una chica, así que no me acerqué. Ojalá te encuentre mañana, un beso. Daniella.'
Rápidamente, como un chico ilusionado, corrí y cogí el celular de mi hermano y le respondí. Le pregunté si quería salir conmigo. Ella respondió con un: PERO ESPERO QUE NO VAYA TU AMIGUITA. Me dio mucha risa leer ese mensaje, estaba celosa.

Llegó el sábado, eran las 5 de la tarde. Habíamos quedado en vernos a las 6 en el parque Kennedy, en Miraflores. Era mi segunda cita con Daniella, tenía que ser especial. Separé mi ropa, tenía que verme bien. Cogí un jean azul oscuro, zapatillas blancas con negras, un polo celeste, mi saco negro y una pashmina morada. Me bañé y partí hacía Miraflores. Quedamos que el que llegaba tarde invitaba algo a la otra persona. Y como yo no tenía mucho dinero, salí temprano de mi casa. Llegué al parque Kennedy a las 5:55 de la tarde. Caminé hasta un puesto de una señora que vendía cigarrillos y compré un caramelo de menta (prometí ya no fumar). Eran las 6 y Daniella no llegaba, pasaron 7 minutos y aparecio. Caminaba con un compás impresionante, tenía un ritmo en particular. Caminó hacia mí y me dió un beso en el cachete. Me preguntó como estaba, que había hecho en el día. Nos sentamos en una banca del gran parque y comenzamos a conversar. Me contó sobre sus temores, sus amistades. Y nombró a una persona, que yo también conocía. Los temas de conversación sobraban. Le comenté que tenía frio y que quería un café, me preguntó si quería uno. Yo moví la cabeza de arriba hacia abajo como aceptando la invitación. Caminanos hasta un lugar donde vendían cafeés, entramos y sacó de su bolsillo un billete y me dijo:
- Toma.
Yo la miré.
- ¿Perdón?- dije como si algo pasara.
- Coge el dinero y cómprate tu café- dijo.
- Tú me vas a invitar, tú vas hacer la colita, tú lo vas a compras, tú lo vas a recoger y me lo entragas, si?- dije.
- Está bien, está bien.
Esperé 10 minutos y Daniella me trajo el café. Lo recibí, se lo agradecí y caminamos hacia la salida, pero cogí un sorvete para que ella también pudiese tomar un poco.
Seguíamos caminando y me pregunto.
- ¿Has ido al Coney?- preguntó.
- Claro que sí- le respondí.
- ¿Has jugado el 'juego del monito'?
Nunca había jugado eso, así que le dije que no. Me miro con una cara muy extraña. 'Ven vamos a jugar'- me dijo. Yo acepte y caminamos hasta el Coney, una sala de videojuegos.
Vimos los juegos, y encontramos al del 'mono'. Era una máquina de 2 metros, con una cara de GORILA, no monito.
- Daniella, ¿cómo es el juego?- pregunté, un poco preocupado.
- Tienes que poner tus manos en las manijas y soportar la electricidad- dijo sin ninguna preocupación.
- ¿Electricidad?- pregunté, un poco más, asustado- por seacaso sufro de problemas cardiacos, así que si muero, pesará en tu conciencia.
- Thomas, no hables asi. No pasará nada, creo- respondió la bella chica que una sonrisa en el rostro.
Caminamos hacia la caja registradora para comprar las fichas. Compramos 4, 2 para el juego 'del monito' y, las otras dos; para el hockey de mesa. Fuimos al juego 'del monito' y me dijo que ponga las manos. Yo las puse y ella puso las suyas encima mío. Comenzó el juego y las vibraciones también, sentía que mis manos se adorecían, pero podía soportarlo. Aumentaba la velocidad y comencé a sentir un dolor minúsculo en el pecho, pero no le di importancia. No podía sacar las mano, no podía dejar que vea que me rendía, las vibraciones comenzaron a adormecer mis manos y el corazón commenzó a latir más fuerte (el problema conmigo es que, mi corazón es muy grande para mi pecho). Unos segundo después, acabó el juego. Sus manos y las mías estaban un poco adormecidas. Las tomé y nos miramos, de pronto salieron los tickets para poder tener algún premio. Pero no alcanzaba.
- ¿Lista para perder?- le pregunté acercándome a la mesa de hockey y con una sonrisa pícara y retadora.
- No, tú vas a perder- dijo Daniella, con mucho seguridad.
Metí las fichas y salió el puck, el disco. Y comenzamos a jugar, le gané 4 a 3.
Cuando acabó el juego, dijo: LA REVANCHA. La miré y le respondí: CON GUSTO TE GANARÉ OTRA VEZ.
Compramos 2 fichas más pero jugamos en la mesa más grande. Comenzamos a jugar. Iba ganando 2 a 0. Decidí dejar que me gane. Me ganó 3 a 2 se veía un poco molesta, por dejarme ganar. Nos apoyamos en la mesa de hockey y al frente de nosotros, estaba un juego de Rambo(muy romántico). 'Vamos a caminar' -dijo Daniella- acá hace calor.
Salimos del lugar y afuera de la sala, hacía frio. Caminamos hacia el centro del parque Kennedy, y había una banda tocando y había gente bailando. Subimos a una banca para poder ver a la banda y a las personas bailar. Daniella me contó que ella quería aprender a bailar salsa pero nunca le enseñaron. De pronto, le cogí la mano, y la jalé.
- La salsa consta de 3 tiempos, uno, dos, tres, uno, dos, tres, uno, dos, tres- le dije moviendo mis pies, estaba enseñándole a bailar.
Comenzamos a bailar, parecía robot. Se veía linda. Después de cerca 10 minutos, paramos. Aún nuestras manos seguían juntas, cruzó sus manos (con las mías) sobre su cintura. Estabamos abrazados. Seguíamos conversando, pero más despacio y susurrando. De pronto, un joven de seguridad se acercó a nosotros y nos pidió que bajaramos de la banca. Le hicimos caso, y seguimos caminando. Pasamos por una librería y entramos, había un lobby para niños, entramos y nos sentamos y cogimos un libro y comenzamos a leerlo y conversar. Mi celular sonó, era mi hermano, preguntándome a que hora llegaría a casa, le dije que en una hora. Colgué y sonó el teléfono de Daniella, aún con el sonido de Bob Esponja, cuando la vi por primera vez. Era su mamá preguntándole a que hora llegaría. Daniella le respondió que en una hora también.
Caminamos hasta llegar al paradero, el autobus llegó y subimos los dos. Comenzamos a conversar en el buss, pasaron 30 minutos y Daniella dijo que bajaba en el siguiente paradero. Me ofrecí a acompañarla, ella aceptó. Bajamos y le pregunté por donde era, ella dijo que dos cuadras a la derecha. Caminamos y contabamos anécdotas de pelear acerca de los pasajes del autobus. Caminamos las 2 cuadras, y llegamos. Era un edificio nuevo. Entramos al edificio y estabaos en el lobby, al frente del ascensor. Daniella apretó el botón y el ascensor bajó. Le pregunté en que piso vivía, ella dijo qe ocho. Entonces, me acerqué y quería besarla, y lo hice, pero en el cachete. La miré y le dije: ABRAZO, y sonrió y nos abrazamos. 'Cuidate mucho'- dijo entrando al ascensor. La puerta del ascensor seguía abierta. Nos miramos y seguíamos mirándonos, se dio cuenta que no había apretado el botón para que suba el ascensor, y lo hizo. Hubo un sonido y la puerta del ascensor comenzó a cerrarse, y ya no la pude ver. Se cerro completamente, y apreté el botón del piso donde me encontraba, se volvió a abrir la puerta del ascensor, entre cogí el cuello (de bajo de las orejas) de Daniella con mis manos y bajé la cabeza un poco y nos besamos, yo la besé. El ascensor comenzó a subir y recordé porqué no me gustaban los ascensores, pero no tendría miedo, estaba con Daniella. Llegamos al piso número 8 y sonó un timbre indicando que ya llegamos, estuvimos frente a frente, nariz con nariz. Para romper el hielo, le dije que su nariz estaba fría. Me dijo 'Chau, Thomas'. Baje por las escaleras, no puedo estar en ascensores, mi corazón sufre. Salí del edificio. Y caminé hacia mi casa, fueron las 7 cuadras más felices.

Llegué a mi casa, entré a mi cuarto y terminé de componer la canción de hace unos días.

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