sábado, 28 de noviembre de 2009

Su delicioso aroma

Un dia desperté con la idea de no tener a nadie. Con la idea de estar solo, de que no encontraría nunca a nadie como el amor de mi vida. Con tanto amor, con tanta pasión, con un delicioso aroma, perfecta. Sentía algo dentro mío, como si me faltara algo, quizás era mi imaginación o quizás no.
[...]

Atiné a buscarla, sabía que sería algo importante pero no estaba seguro. Hasta que la conocí.
'Hasta que la conocí', para mi significa: sólo verla pasar, verla de lejos y escondido en algun lugar, pensando que le diría cuando la conociera de verdad. Tal vez era miedo de iniciar algo nuevo, quizás por eso no tenía el valor de hablarle. Era linda, como en un sueño. Pero tal vez ella me recordaba a alguien de la cual no podía olvidar, no quería olvidar.
No sabía nada, no estaba seguro de que hacer. Pero "EL QUE NO ARRIESGA NO GANA", así que la tarde de aquel día que me desperté con esa idea, me dirigí a la playa a pensar bien las cosas y a preparar mi discurso que la enamoraría. Las estrellas me dirían si algo malo estaría cometiendo y la luna me daría la luz.

Pero brisa del mar comenzó a recordarme al amor de mi vida, la del delicioso aroma. Ese aroma que a unos metros de ella podía sentir, podía quedar perplejo ante su hermosura, ante esos ojos color miel, ante su cabello risado y dorado, ante ella. La noche seguía oscura y el humo del cigarro ponía fin a mis preocupaciones. Mirando como las olas caían y como el cigarro se consumía y aquellas cenizas se iban como el viento, vi su silueta a tan solo unos pasos de mi. Poco a poco se me acercaba. Estaba en silencio, porque sabía que era causa de mi mente. Cerré mis ojos y comenzé a recordar los momentos vividos con ella. Me transporté a mi cuarto, que un dia fue el paraiso, su cuerpo desnudo con el mio, hechados y amandonos. No era pasión. Era amor.
Nunca quise que esto terminara, aún quiero estar con ella.
Abrí mis ojos y ya estaba amaneciendo. Podía a ver a unas personas correr tabla. Me paré y esa noche me ayudó a pensar. Decidí ya no conquistar a aquella chica de la que hablo al comienzo de esta historia. Sólo decidí dejarme llevar por la brisa de mar y por el humo del cigarro. Que me hacen dar cuenta que no hay nadie como la mujer de tu vida.

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