viernes, 1 de abril de 2011

En aquel dársena

Las salidas señoriales que teníamos juntos eran inacabables. Las caminatas por el dársena donde la brisa humedecía la ropa. Ella, con manos gélidas, enfriaban las mías. Yo solía sacarme la casaca y cubrirle la espalda. Ella departía que era lesivo para mi y yo le respondía que si ella estaba bien, yo también. Luego me besaba. Me besaba. Besaba. Era una amalgama de pingüe amor, una pisca de nostalgia, con nubosidad alrededor y la prominente energía que liberábamos. Sus mullidos brazos donde muchas veces descansaba eran confortables para cualquier momento. Iteraba para que me los dé, y cada abrazo era más fuerte que el anterior. Deducía que en diez abrazos el décimo era el más fuerte. Y aún estábamos en aquel dársena, donde quería pasarla hasta quedar obsoletos.

1 comentario:

  1. El comentaripo era para esta entrada. Upss. Y bueno chico guapo adelante con tu vida, hay muchos girasoles y veranos esperándote.

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