Ese día ya no pude ver la serie que comencé a ver en la hospital 'Al fondo hay sitio'. En el hospital todos los pacientes nos poníamos a ver la serie. Pero aquel día ya no me importaba nada. Quería saber que había pasado. Por qué todo estaba cabeza abajo. Por qué decían que mi relación con Sofía había acabado. Por qué no podía recordar nada.
Gonzalo me prestó su encendedor y prendí un cigarro, después de 4 años fumaba. Dejé de hacerlo porque Sofía es asmática y el olor a cigarro le daba molestias. Sentía como el humo de aquel cigarrillo entraba a mis pulmones y como esa sensación al botar el humo me hacía recordar aquellos momentos de mi triste adolescencia, solo, sentado en un parque muriendo de frío.
Gonzalo se notaba nervioso, no sabía por donde comenzar. Diogo trajo el cenicero que me había regalado como intercambio de regalos en el colegio ('el amigo secreto'), lo dejó en la mesa y abrió la ventana para que se ventilara la sala.
No sé porqué el viento es más fuerte a mayor altura, pero en el octavo piso de aquel edificio, corría un viento muy acelerado y la piel se me erizaba como cuando las manos frías de Sofía acariciaban mi caliente espalda y mis vellos se elevaban como si arriba hubiera un imán de vellos.
- ¡HABLA!- grité un poco efusivo, ansioso. Gonzalo no decía nada.
- ¡HABLA CARAJO!- comencé a descontrolarme. Me preocupaba lo que me contara, lo que vendría a ser. ¿Me la iba a creer? ¿Sería verdad? o, ¿era una broma para que todos se caguen de risa en mi cara? Estaba desbocado, con mucha rabia.
- ¿Sabes por qué estuviste en el hospital? ¿Cómo fue tu accidente? ¿Por qué Sofía nunca te fue a verte? ¿Por qué estabas apunto de morir? ¿Por qué Sofia tuvo que comenzar a ir al psiquitra?- Gonzalo también se puso arisco- Sofía a sufrido mucho y te haces el imbécil.
Parecía un interrogatorio. Gonzalo es primo de Sofía y desde pequeños han sido grandes amigos. Gonzalo me miraba como si estuviera mintiendo, como si yo fuera una rata o un ratón o un pericote. Un ser ruin y despreciable.
- Lo último que recuerdo, Gonzalo, fue que hablaba con tu prima y de pronto tuve una discución con ella. Se enfureció y se fue, yo fui detrás de ella y un camión me atropelló. Luego desperté en el hospital con máquinas. La vi, vi a Sofía (la verdad sólo la escuché, porque estaba muy contuso), pero sólo fue esa vez- dije aún confundido. Noté que Gonzalo estaba más calmado y yo también.
- ¿No sabes que pasó unos días antes del accidente?- seguía el interrogatorio.
- La verdad es que no recuerdo muy bien, ¿estuve con ustedes, no?- preguntaba abiertamente para que por lo menos, uno me diga que sí.
- Yo sé que fuiste a Sargento- habló Diego- creo que fue cumpleaños de Natalia, un amigo mío estuvo ahí y me contó que te vio.
[...]
Natalia. Hace mucho que no oía de ella. Natalia fue mi primer amor. Tenía 12 años cuando la conocí. Fue en el colegio, en un concurso de canto. Yo había llevado mi guitarra marrón y una canción que compuse (era una canción tonta y sin sentido, que hablaba que estaba loco por una chica). La letra hablaba sobre una chica que me hacía hacer cosas tontas y locas y también la describía de rizos dorados. Claro que cuando la canté todos se comenzaron a reir.
Nunca debí preguntar si cantaba bien o no, en casa. Mi papá y mi mamá, por ser mis padres, me mentían diciendo que cantaba muy bien, pero los alumnos y el jurado de aquel concurso de canto no pudieron percibir eso.
Muy aparte de mis definaciones vocales, la letra. Describía perfectamente a Natalia, sus rizos dorados, su pequeño lunar arriba de su boca, su voz angelical, sus manos frias (sólo toqué su mano una vez porque se le calleron unas monedas y yo se lo recogí). Creo que a todos les pareció gracioso lo de ese día, pero a Natalia no. Terminando todo el concurso y al salir ganadora Natalia, se acercó y me dijo: 'cantas bonito', sólo eso y se marchó. Basto para mí. Luego, nos saludabamos cada vez que nos veíamos. Así estuvimos un año más, eramos amigos y conversábamos de cualquier tontería.
Hasta que un día quería verla en otro lado, salir a pasear, a tomar un helado (no teníamos edad para un café). Diogo y Diego, como niños inmaduros que eran, se lo preguntaron por mí. Natalia, como niña madura que era, dijo que era mejor si yo se lo preguntaba. Y no dudé en hacerlo, me levanté los pantalones y fui donde Natalia a invitarle a tomar un helado (yo iba a invitar, porque había ahorrado desde que la conocí, pensaba que algún día estaríamos juntos). Natalia preguntó si saldríamos con más amigos o sólo los dos. Al ver que ya teníamos la edad suficiente para tomar decisiones como adultos (14) le dije que solos. Me volvió a preguntar otra cosa, a donde ibamos a ir. Le dije si conocía Larcomar, en Miraflores. Ella dijo que sí. Y así quedamos. Le rogué a mi papá para que me llevase, porque mi mamá no me dejaba ir solo.
Mi papá me llevó sólo porque era para ver a una chica. Amaba a mi papá, lo amo y lo amaré siempre. Él sabía todo y lo sabrá todo si existe otras vidas. Y odiaré a su nuevo hijo (en caso sea papá) por robarme al hombre que me dio la vida.
En fin así, fue mi primera cita. Luego de dos salidas más, no era un genio en lo que era amor, así que un día que hubo un concierto en mi colegio, estabamos sentados y le pregunté si podía besarla. Ella me miró y me dijo que no, porque no eramos enamorados. Entonces le pregunté si quería ser mi novia, ella dijo que sí. Desde luego, volví a preguntarle si podía besarla, ella sonrió y dijo que sí. Nos acercamos, no nos importaba que el sonido nos rebentara los timpanos (ya que estabamos justo detrás del escenario) y nos besamos. Así comenzamos la relació que nos duró el resto de la secudaria. Teníamos 13, íbamos en segundo de secundaria y nuestra relación un año más después de terminar el colegio. Su mamá quería que estudiara en el extranjero y así fue. Natalia no quería dejarme y yo no quería dejarla, quería estar con ella siempre. Pero creo que el destino no lo quizo así. Natalia me dijo que regresaría entre 4 a 5 años, le dije que la esperaría, que no estaría con otra. Ella me dijo que no hagamos esto, y seguir con nuestras vidas. Nos despedimos, la despedida duró toda una noche. Ella viajaba en la madrugada, así que estuvimos en mi casa solos (mi mamá trabajaba toda la noche). No hubo sexo. Pero hicimos el amor, pusimos alarmas a las 2 de la mañana (el vuelo salía a las 4) y nos hechamos en mi cama, abrazados y haciendo el amor. No tenía que pasar eso para hacer el amor, porque así abrazados ya nos estabamos amando. Llegó la hora de irse, se fue a España, y yo me quedé solo. Y así terminó mi relación con Natalia. Me costó un año deprimido hasta que después de medio año de llorar todas las noches y otros seis meces de no tener relaciones amicales nuevas, Gonzalo me presentó a su prima, Sofia.
[...]
Les pedí a los chicos que me dejaran solo, que los llamaría para conversar. Ellos entendieron. Entré a la computadora, abrí mi correo y había uno de Natalia. Lo leí y me contaba que llegaría a Perú, para su cumpleaños y que quería salir y quería que vaya con ella. También pude ver que le respondía aceptando su invitación. Me respondió el correo diciéndome el lugar y su teléfono para cualquier cosa.
Diego tenía razón, era en Sargento Pimienta en Barranco. Pero aún quería respuestas. Usé el número que había allí y llamé a Natalia. Timbraba y timbraba, hasta que contestó. Me quedé atónito al oir su hermosa voz. Colgué. Me subí los pantalones como la primera vez que le pedí una cita, y volví a llamar. Contestó inmediatamente.
- Aló- dijo- Aló? ¿Con quién estoy hablando?
- Natalia, soy yo, Luis, Luis Enrique Arévalos.- pronuncié con cierto temor y con el mismo nerviosismo cuando le pregunté si podía besarla.
- ¿Luque (así me decía para abreviar 'Luis Enrique', porque no me gustaba que me dijeran 'Luis' o 'Enrique')?
- Sí, soy yo, quería pedirte algo- le dije.
- Hombre, supe que algún cabrón te atropello, te fui a ver pero no me dejaron entrar- me comentó eso, cosa que no sabía.
- ¿Qué día te puedo ver? Necesito conversar contigo-
- Me parece fantástico, yo también quiero hablar con vosotros- dijo con su tono español.
- Entonces, podemos ir a tomar un café (ahora ya teníamos edad para un café) ¿te parece si mañana en Café Café? - le pregunté
- Vale, sé donde queda. Te veo ahí alas 6, vale?- seguía con su tono traidito de Catalán.
- Ya pues, te veo ahí.
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OMG...algo me dice que no deberias ir!
ResponderEliminarDIOSS, EL PRIMER COMENTARIO *-*
ResponderEliminarSí debería ir! después de casi muerto, va en busca del 1er amor de infancia y a la persona que le puede dar algo de info antes del accidente... no? La pregunta es que averiguará!? que habrá hecho en sargento?... al fin y al cabo es hombre! -.-
ResponderEliminarSABEEEEEE
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