jueves, 29 de julio de 2010

Sin daños a terceros - Capítulo III - Dos más

Llegué a Cafe Cafe a la hora indicada, seis de la tarde. Entré y pedí un café, y me senté en una mesa para dos. Tenía que esperar a Natalia. Así que arribé otro cigarrillo (por la ansiedad) lo prendí y comencé a leer una revista que había a unos metros. Pasaron 10 minutos y me acabé el cigarrillo, saqué mi celular y llamé a Natalia para preguntarle porqué se demoraba tanto.

- Diga- contestó Natalia.
- Natalia, soy Luis Enrique, ¿en dónde te encuentras?- pregunté con delicadeza y dulsera.
- Ya estoy llegando, estoy en un taxi- dijo.

En ese instante pude verla llegar, la vi bajando del taxi. Había cambiado mucho, ya no era aquella chica de rizos de la cual me enamoré por su inocencia y ternura. Bajó un mujer. Cabello negro (supongo que teñido, ya que su cabello natural es el dorado), un maquillaje impresionante que resaltaba sus ojos. Tenía una blusa blanca (era transparente), y una falda pequeña. Mostraba unas piernas espectaculares y su trasero se notaba más, por esos tacos grandes que usaba. El viento intentaba despeinarla, pero su cabello sólo se elevaba y volvía su lugar normal. Me paré para que me viera y funcionó. Me miró y sonrió, salí de la mesa y me acerqué para darle un abrazo. Le dí besito en la boca (conocido en otras lenguas como 'piquito'). Le pregunté como estaba llevándola a la mesa.

- Me alegra tanto verte, hace 5 años que no sabía nada de tí- le mencioné con una sonrisa implacable.
- Luque, vos estéis equivocado, vosotros os vimos hace un mes y medio- dijo. Recordé que Diego me había dicho que nos vimos para su cumpleaños. Así que le expliqué.
- Naty (me encantaba decirle así), no sé lo que ha pasado en este mes y medio, ¿me podrías contar que sucedió?
Natalia me miró confundida, no sabía que sucedía. Seguí hablando.
- Naty, de veras, no recuerdo que sucedió en tu cumpleaños. ¿Qué pasó?
- ¿Es una broma?- preguntó indignada.
- No, no lo es. La verdad es que no recuerdo lo que pasó aquel día, antes del accidente. Nunca te he mentido, debes creerme.- parecía un imploro que una orden.
- Vale, te creo.

Natalia pidió un café y me pidió un cigarrillo.
- No sabía que fumabas- le dije sacando mi cajetilla recién comprada.
- No sabía que te gustaba perder la memoria- respondía con picardía.
- Estás preciosa, amor.- le dije sacando el encendedor azul que me regalaron cuando cumplí 18.
- Gracias, tú también te ves muy bien- dijo aquella mujer de la cual me enamoré.

El mozo de camisa blanca con un mandil verde se acercó con el café. Lo dejó en la mesa y se fue. Natalia dio un sorbo y me miró.
- ¿Qué pasó?- le pregunté.
Ella me miró, respiró profundamente y me dijo qué había sucedido.
Yo no lo podía creer, en realidad, no recordaba nada.
Natalia me dijo que llegué a Sargento, solo, a eso de las 11 de la noche, la saludé con un abrazo muy fuerte (hace 5 años que no la veía), pero que llegué en un estado no tan conciente.
Al parecer había estado en la casa de un amigo tomando, haciendo hora hasta las 11 para ir a aquel antro.
Justo había un concierto, se presentaba La Roja. También me contó que estábamos todo en grupo saltando y bailando. Y el alcohol había puesto su régimen en mis venas y mi cabeza se prestaba para cualquier cosa irracional. Tanta era la emoción, la gran exitación que sentía que seguía tomando y bailando. Hasta que terminó el concierto y estaba muy, muy borracho. Todos nos sentamos en una mesa, yo estaba al costado de Natalia.
Cuando estoy en el estado de 'felicidad', es decir, cuando estoy borracho, me encanta hablar del amor, y de todas aquellas mujeres que me hicieron daño y también me gusta putearlas hasta que sus orejas se prendan en fuego. Y creo que ese día también lo hice.
Sentados en aquella mesa, comencé a intentar hablar, pero sólo balbuceaba.
- ¿Por qué me dejaste Natalia? ¿Sabías que me rompiste el corazón?- preguntaba borracho, como un despechado.
- Pero vos siempre estuviste de acuerdo, nunca me habéis dicho que no viajara- contestó ella también influida por el alcohol.
- Porque pensé que eso querías pero, ¿sabes que? ¿sabes algo?- comencé a preguntar, pero por las puras porque yo mismo me respondía- ahora tengo otro amor, un amor que siempre durará, un amor a la que quiero por siempre.
- Pues no me importa, ¿sabéis?, yo también tengo un hombre en España y que debe estar pensando en mí- dijo ella aún más ebria.
- Natalia- balbuceaba- ¿te puedo decir algo?- pregunté
- Claro, dime, ¿qué os pasa?- me miró fijamente.
- Me llega a las gónadas que hables como española- se lo dije riendo y carcajeándome.
- Vos os un estúpido- me lo dijo riendo ella también.
- ¿Te puedo preguntar otra cosa?- se lo dije hablando seriamente, aunque borracho.
- ¿Qué os pasa?, perdón, ¿que pasa?- dijo, intentando hablar como me gustaba.
- ¿Te puedo dar un beso?- se lo pregunté con la misma dulsura (pero borracho) que la primera vez.
- Pero no somos novios- dijo ella. Noté que no había dicho que no, así que me arriesgué a besarla.
Y así fue la besé como nunca la había besado, era un beso con pasión y con ternura a la misma vez. Eran las 2 de la mañana y decidimos pasar un tiempo juntos, recordando con nostalgia esos momentos de nuestra vida. Entre besos y caricias, se pasó la hora y ya tenía que irme, un amigo (digo amigo por su amabilidad, porque no sabía quien era) se ofreció a llevarme, noté que no había tomado, así que acepté. Natalia también fue con nosotros. Disfrutamos nuestros últimos minutos en los asientos del carro del amigo. Llegamos a su casa, Natalia bajó y quedamos que cada vez que venga pasaríamos un buen rato juntos. Ella dice que yo acepté y el carro me llevó a casa.

Eso fue lo que pude entender, porque seguía con su dejo español, el cual me moletaba y no entendía. Terminamos de tomar el café, le agradecí el día, y nos despedimos con un fuerte abrazo. La acompañé a tomar un taxi, y se fue.

Así que había sido infiel ese día, pero no era infidelidad. Conociéndome, después de eso, tendría que decirle a Sofía. Obligatoriamente tenía que hablar con ella. Derrepente por eso fue que peleamos, y por eso que se fue y como estaba solo, me atropellaron. Comencé a suponer las cosas. Tenía que hablar con Sofía.

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