viernes, 8 de octubre de 2010

Lágrimas perdidas- Capítulo III- Te tengo presente

Me quedé inmóbil al ver a esa chica, a esa 'chinita'. No sabía qué hacer, qué no hacer, qué decir, qué no decir. Me quedé parado unos segundos y retrocedí unos pasos. Me encontré con la puerta de emergencia, la abrí y caminé hasta la puerta de mi casa. Saqué mis llaves para abrirla, entré, saqué mi cajetilla de cigarros y cerré la puerta. Volví a ir por la puerta de emergencia, y la dulce 'chinita' seguía mirando hacia la luna que nacía en el horizonte del mar. Caminé unos pasos, estaba cerca de ella, me miró (aún con esa mirada que me destrozaba) y volvió a ver el mar.
- ¿Puedo estar a tu costado un rato?- pregunté educadamente.
La 'chinita' aceptó moviendo la cabeza de arriba hacia abajo.
- ¿Un cigarro?- saqué la cajetilla del bolsillo de mi camisa.
- No fumo, gracias- dijo rechazándome la invitación.
- ¿Puedo fumar a tu costado?- pregunté respetuosamente.
- Sí, no hay problema- dijo la hermosa chica, haciéndome recordar a una famosa serie familiar (ALF, siempre decía: ''NO HAY PROBLEMA'').
Saqué un cigarro y lo puse en mi boca, guardé la cajetilla en el mismo bolsillo del cuál lo saqué. Palpé los bolsillos de mi casaca y encontré el encendedor que estaba en el bolsillo izquierdo.
Aspiré la primera pitada y no sabía qué hacer, estaba con una chica preciosa a mi costado, yo con el corazón partido y ella con lágrimas en los ojos.
- ¿Cúal es tu nombre?- pregunté directamente, sin miraditas ni sonrisas.
Aquella chica no respondió a mi pregunta. Supuse que la educaron a no hablar con desconocidos. Entonces, decidí conocernos.
- Hola, soy Adrián. Quisiera poder llorar, pero ya lo hice y creo que ya no me quedan lágrimas. Así que si yo no lloro, nadie llora- dije con una sonrisa en el rostro.
La bella dama sonrió y me miró.
- Me llamo Maria Fe y trataré de no llorar- respondió la bella Maria Fe.
- ¿Vives en el edificio?- pregunté curiosamente.
- Sí, en el segundo piso- respondió.
Nos quedamos conversando un rato más, casi 15 minutos, hablando de cómo me mude, dónde estudiaba ella, cosas así.
Aún no tocabamos el tema de la tristeza, pero ya eran casi las 7.
- Me tengo que ir, Adrián. Gracias por acompañarme un rato- dijo tiernamente Maria Fe.
- No tienes porqué agradecer, Maria Fe, la verdad es que tú me acompañaste- expliqué.
- No me digas 'Maria Fe', prefiero Mafe, ¿si?- pronunció bajando las escaleras.
Me quedé unos segundos ahí parado y caminé hasta mi casa. Entré, me dirigí a mi cuarto y cerré la puerta. Cogí mi guitarra y comencé a tocar y a cantar algunas canciones. Después de eso, abrí mi ventana y me postré ahí, mirando hacia la calle. Dirigí mi mirada hacia abajo y puse ver una luz prendida. Esa luz provenía del segundo piso. Estaba viendo la ventana con la luz del segundo piso y salió Maria Fe a mirar a la calle. Ella estaba a tres pisos de mí. Cogí mi guitarra y tipo serenata comencé a tocar un poco fuerte para que me pueda escuchar, recuerdo que al tocar la guitarra no se escuchaba mucho mi voz, así que dejé la guitarra y comencé a cantar lo más perfecto que podía. Cantaba 'De sol a sol' de Salserín. De pronto, alguien abre la puerta de mi cuarto, era mi hermano mayor.
- Bien Adriancito, ¿a quién le cantas?- preguntó acercándose a la ventana- ¿así que a la vecina de abajo? ¡Ese es mi hermano!- exclamó Diego.
Mi hermano Diego, era muy jodido, era el típico hermano mayor de las películas. Era el Wayne de los años maravillosos y yo era Kevin. Mi hermano era mi mejor amigo. Me llevaba 4 años, tenía 20 y para su edad, era muy maduro y siempre, su proridad fue mi papá y yo.
- No molestes pues, Diego- dije quejándo.
Cerré la ventana y me puse a tocar en mi cama. Diego se fue de mi cuarto y fui rápidamente a abrir la ventana. Miré a la ventana de Maria Fe, pero ya no estaba, la luz estaba apagada.
Me heché a dormir, eran las 10. Temprano, ya que al día siguiente tenía que jugar un partido de fútbol con mis amigos del cole.

Al día siguiente me levanté a las ocho de la mañana, me puse mi short deportivo, ese en el que se me ven toda la pierna. Tomé una taza con leche y dos panes con mantequilla y me fui al colegio para encontrarme con la gente para ir a jugar fútbol. Llegué al cole y estaba Alonso, Juan y Vladimir. Saludé a los 3 y fuimos a la costa verde a encontrarnos con los demás. Caminando saqué un cigarro y comencé a 'calentar'. Alonso y Vladimir me pidieron uno para cada uno, no fui egoísta y se los di. Caminando, Juan me preguntó que había pasado con Marissa.
- ¿Por qué la pregunta?- pregunté para ver qué me decía.
- Porque ayer estaba toda triste y sola. ¿Te quitaste temprano?
- Sí, terminamos. Ya no quiero hablar de eso- mencioné y Juan y los demás los respetaron.
No quería hablar del tema, ya no quería recordar ese momento amargo. Bajamos a la costa verde y ahí estaban los demás. Saludamos a todos y comenzamos a jugar. Eramos 15 chicos, hicimos 3 equipos de 5. Mi grupo comenzó a jugar primero. Metí 4 goles en los 3 partidos que jugamos. Eran las 10 y Alonso, Juan y Vladimir, nos fuimos a conversar y a tomar una gaseosa. Caminamos hasta la fuente de soda 'Don Lucho' y cada uno pidió una gaseosa helada.
- Bueno muchachos, les contaré que pasó con Marissa- dije decidido a contarles a mis amigos lo que había sucedido- resulta que la tierna Marissita, no tenía nada de tierna; al contrario, es una zorrita. La vi besándose con otro chico, en el colegio pues. Que tal conciencia la de ella.
- No jodas, ¿en serio?- preguntó Alonso.
- De veras, cholo. Me cagó la desgraciada- dije entre riéndome.
- Y, ¿no te duele?- preguntó Juan extrañado.
- No pues, sufrir por una flaca así, no tiene sentido. La quiero un montón y me afecta un poco, pero prefiero vivir de amor, a vivir con dolor- dije filosóficamente.
Vladimir levantó su botella con Incakola y brindó por la soltería.
- ¡SALUD!- dijimos todos al mismo tiempo.
Luego de terminar de tomar nuestra bebida, salimos y caminamos hasta el colegio. Alonso y Juan de fueron para el lado contrario a Vadimir y yo. Vladimir vive a unas casa de la mía. Caminando le comencé a contar que conocí a una chica de mi edificio. Vladimir irrumpió mi relato.
- Ayer, en tu estado de ebriedad, me contaste que una chica te fue a buscar y que te dijo algo. ¿Era ella?- preguntó Vladimir.
- Tú lo has dicho, estaba borracho, no recuerdo quien fue, pero era bellísima.
Seguí con i narración acerca de lo que había pasado el día anterior. Llegamos a su casa, Vadimir me invitó a pasar y le dije que no podía porque tenía que bañarme y salir con Fiorella, mi mejor amiga.
Fiorella Palomino Injoque, la mujer más bondadoza, más leal, más divertida, más alegre, más llorona, más jodida, más buena. Era la mujer perfecta para cualquier hombre, lástima que yo sólo la veía como mi mejor amiga. Era de color claro, era blanca, tenía unos ojos marrones y una cabello castaño claro, muy lacio. De contextura delgada, un tamaño promedio. No puedo negar que cuando la conocí, me gustó. En el salón de clases, fue el primer día de clases de 2 de secundaria. Estaba en el colegio dónde había estudiado siempre, y ese día, nos juntaron todos en un salón, luego nos iban a separar por secciones. Fiorella estaba en mi salón, recuerdo que llevé un cuaderno y me senté al costado de Fiorella. Ella hablaba con unas chicas, saqué mi cuaderno y comencé a escribir una canción que había oído hace algunos días pero era de un grupo no tan conocido. Aproximadamente en la quinta hora, entró el profesor de inglés y dijo que conversáramos con nuestro compañero del costado para conocernos mejor. Fiorella volteó hacia donde yo estaba y vio lo que estaba escribiendo.
- ¿Tú lo has escrito?- preguntó.
Fiorella cogió mi cuaderno y comenzó a leer la canción. Sonreía.
- Sí- respondí.
Tenía unas ganas de decirle que no, pero tenía que mentir para qe pensara que era un poeta, a esa edad a las chicas les gustaba eso, creo.
- Está bonito, ¿cómo te llamas?
Así comenzó una relación de conocidos. Lo bueno vino cuando tuvimos un paseo con el colegio a las playas para ver los fenómenos marinos y tanta cojudes. Teníamos que tener una pareja en todo el camino para poder estar mejores ubicados y mejor manejo. Fiorella fue mi pareja, caminamos mucho mucho y nos contamos cosas íntimas, algunos secreto. Así nos volvimos amigasos. Se volvió mi mejor amiga, mi hermana, mi todo, cuando mi mamá murió. Supo como alentare sin decir una palabra, me hizo aceptar que madre estaba muerta, sin decir el término 'muerte', era la mejor mujer.
Llegué al edificio, caminé hasta el lobby y el ascensor estaba malogrado. Tenía que subir por las escaleras de emergencia. Me dirigí hasta ellas y subí, antes de llegar al segundo piso, pude ver a Maria Fe sentada en las escaleras.
- Maria Fe- pronuncié su nombre.
Ella volteó y sonrió levantando su mano y la movió.
- Hola- me dijo- ¿De dónde vienes?- preguntó.
- Fui a jugar fútbol, estoy sudando- dije riéndome.
- Sí, que asquito- dijo devolviéndome la sonrisa.
No sabía que decirle así que le pregunté qué haría más tarde.
- Nada, ¿quieres hacer algo?- me preguntó.
Sabía que era algo casual, no era que una chica me estaba invitando a slair, sabía que no era una cita, pero no me creí.
- Ya, está bien- acepté.
Le dije que nos veríamos más tarde. Subiendo commencé a imaginar a donde iríamos, que ibamos a hacer, si nos íbamos a besar o algo. Estaba nervioso. Extraño en mí.
Llamé a Fiorella y le dije para vernos mejor mañana, ella lo entendió.

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