jueves, 30 de septiembre de 2010

Lágrimas perdidas- Capítulo II- Señorita

Luego de caminar muchas cuadras, llegué a mi humilde morada. Abrí la reja del edificio y caminé hasta el hold, entré al ascensor, marqué el número 5 (el úlitmo piso) y esperé. Llegué al quinto piso, caminé hasta la puerta de madera de mi casa, saqué un trozo de metal el cual le dicen llave, y sin hacer mucho ruido introducí la llave a la cerradura para poder entrar a mi casa. No tenía que hacer ruido porque quería darme cuenta si estaba mi hermano en la casa, ya que no quería encontrarme con él. Logré abrir la puerta sin hacer ruido, di un paso a dentro y no se oía nada. Cerré la puerta y me dirigí hasta mi cuarto. Cogí la consola de juegos, lo conecté a mi televisor, lo prendí y cogí el mando. Saqué la botella de ron de mi mochila y comencé a jugar 'Guitar Hero'. Pusé unas canciones de Oasis y de Chris Brown y comenzó el suicido, un suicido doloroso.
Pasaron muchos minutos y yo seguía tomando y jugando, ron y rock. De pronto, la puerta de mi casa sonó, sentí un gran dolor en la cien ya que estaba un poco mareado, intenté caminar y pude lograrlo. La verdad no sabía quien podría ser la persona que osaba interrupir mi pena. Llegué a la puerta, abrí y había una chica de un tamaño normal, no pude ver perfectamente su cara, ya que estaba un poco adormecido por el alcohol en mis venas. Sólo recuerdo que me preguntó o dijo algo, y yo acepté o moví mi cabeza diciendo que sí. La verdad es que no logré ver quien era esa chica, creo que no la conocía. Pues bien, regresé a lo mío, ron y rock.
A los 15 minutos, seguía aún más idiotizado por el alcohol, sonó el intercomunicador, caminé hasta la cocina, y levanté el aparato y pregunté quien era. Era nada más y nada menos que el mejor amigo del mundo, era Vladimir.
- ¿Si?- dije.
- Oye soy Vladi, ábreme- dijo aquel muchacho que me había acompañado toda mi vida.
- Estoy borracho, ¿estás con alguien más?- pregunté con la melodiosa voz de un adolescente ebrio.
- No, estoy solo. ¿Me vas a dejar pasar o no?- preguntó agresivamente Vladimir.
- Si si, pasa pero no tengo plata- susurré por los efectos del alcohol.
Vladimir subió hasta mi piso, y tuve que trasladarme hasta la puerta, me golpié el brazo con la pared, pero aún así pude abrir la puerta. Vladimir me miró y me agarró del brazo, ya que estaba calléndome. Le dije que me acompañara a mi cuarto para poder seguir con lo que hacía. Vladimir comenzó a decir groserías contra una chica. Yo estaba de acuerdo y lanzaba maldiciones para esa chica pero no estaba seguro de quien era esa chica. Vladimir entró a mi cuarto y supo que ya estaba en el suicidio. Vladimir desconectó la consola y cogió lo poco que quedaba del ron.
- Dame mi agüita- valvuseaba.
- No- ya no más licor para tí, vamos al baño, vamos a lavarte la cara- dijo cogiéndome del brazo, que aún me dolía por el golpe, y me llevó al baño. Giró el grifo y comenzó a caer agua, Vladimir me cogió de la nuca y bajó mi cabeza hasta cierta altura, cogió un poco de agua con su mano y me la expandió en la cara.
- Carajo, está fría- desperté. Cogí un poco de agua y se la lanzé a Vladimir.
- Huevón, yo no estoy borracho- dijo riendo y volviendo a coger un poco de agua con sus manos. Comenzamos una pelea de agua hasta que me di cuenta que todo el piso en el baño estaba con agua.
- Tú vas a limpiar ah, no jodas- dije mirándolo fijamente.
- ¿Qué pasó, Adrián?- preguntó con seriedad Vladimir.
Le puse mi mano en su hombre, lo miré y le dije que primero secara el piso y luego hablábamos.
Mientras tanto yo guardaba la botella de ron y el videojuego. Me heché en mi cama y comenzó a dolerme la cabeza. Vladimir entró a mi cuarto y me volvió a preguntar qué me sucedía.
- Me duele la cabeza, huevón- dije tomándome la frente con las manos.
- ¿Te peleaste con Marissa?- dijo mirándome.
Desde que dijo ese nombre me volví a nublar y comencé a llorar. Vladimir no dijo nada, escuchaba mis quejas por el dolor recordado de ver a esa mujer besándose con otro. Lo veía como si fueran fotos guardadas en mi cabeza. Me calmé un poco y miré a Vladimir, y le dije:
- Se besó con otro- dije con toda la sutileza posible- La flaca de la cual me enamoré, me traicionó, me cagó- dije mirando al suelo.
- Esa perra, ¿cómo así, cholo?- preguntó interezado por saber del tema.
- Ella tenía un amigo, ese amigo le escribió en la pizarra 'te quiero' y me molesté. Le pregunté que pasaba y la zorrita se puso a llorar diciendo que no confiaba en ella. Se fue corriendo para la cafetería que estaba un piso más arriba. Me sentí mal por dentro y fui a verla. Subí las escaleras y la vi besándose con el supuesto amigo que le escribió en la pizarra- dije molesto.
- Vamos a sacarle la mierda a ese tarado- dijo Vladimir motivándome a la lucha.
Yo nunca fui una persona que le gustase resolver sus problemas con golpes. Así que no pelearía con nadie, aparte tendría que agradecerle a Gonzalo, pues por él me enteré cómo era Marissa.
Le dije a Vladimir que ya no habláramos del tema, él supo entender y comenzamos a conversar, me hablaba de que tenía problemas con su papá y que nunca lo escuchaba ni entendía.
Yo lo escuchaba y pensaba en aquel padre que tuve alguna vez, y que derrepente, desapareció de mi vida.
- Por lo menos lo tienes contigo- dije entre susurros y bajando la mirada al piso.
- Adrián, tu papá está arriba y está contigo siempre. No creo que le guste ver a su hijo sufrir por una chica, ¿no?- mencionó a pesar de que ya habíamos quedado en no hablar del tema.
- Igual, estamos en la etapa en la que peleamos con nuestros padres, así que no te preocupes.. ya madurarás- dije.
Me gusta decirle a las personas que no son lo suficientemente maduras; yo tampoco lo soy, pero me considero una.
Vladimir se paró y dijo que tenía que irse, eran las 6 de la tarde. Entendí que tenía cosas que hacer. Suerte que vive a dos casas de la mía. Vladi, se dirigió a la puerta y se fue. Volví a estar solo.
Vladimir había sido mi mejor amigo toda mi vida, lo conocí cuando tenía cinco años, en inicial: color rojo. Pasamos la primaria juntos, y parte de la secundaria, hasta que me cambié de colegio, él se cambió conmigo. Estuvo cuando mi padre murió y estará cuando muera yo. Me ha visto crecer, me ha visto llorar y no tengo que fingir porque me conoce demasiado.
Comencé a arreglar mi cuarto, guarde lo poco de ron que quedaba y limpié el baño, ya que Vladimir no había hecho nada.
Tenía que ir a comprar un papelógrafo para un trabajo que tenía que presentar al día siguiente. Cogí mi llavero, dinero y salí del departamento. Decidí bajar por las escaleras, ya que vivía en el último piso y me gustaba ver la cuidad y parte del mar. Abrí la puerta para bajar por las escaleras de emergencia, ya que por ahí se puede ver la cuidad y el mar. Al abrirla, vi a una señorita, de estatura pequeña, cabello lacio y de aspecto oriental.
- Hola, señorita- le dije, perdiéndome en el brillo de ese cabello castaño oscuro.
Aquella señorita mirando hacia el mar y dándome la espalda no me hizo caso. Pensé que no me había oído, así que volví a saludarla.
- Señorita, buenas noches- dije con un tono de... te estoy saludando, hasme caso.
La señorita se dio media vuelta me vio y me dijo 'hola'. Pero me lo dijo con una voz entre cortada, como si su garganta estuviera inflamada, sus ojos estaban rojos al igual que sus cachetes, tenía un poco de papel higiénico en la mano derecha, era evidente, la bella dama estaba llorando.

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